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O que é filosofia da mente

Por philosophico - 4 de Septiembre, 2008, 13:12, Categoría: Problemas filosofía de la mente

Video de Luis Enrique de Aráujo Dutra (http://www.cfh.ufsc.br/~lhdutra/) en el que hace una síntesis de lo que es la filosofía de la mente.  Aunque se encuentra en portugués, creo que llega a entenderse bien.  Lo pueden descargar en:

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Sobre «Neurociencia» y Psicología

Por philosophico - 29 de Junio, 2008, 19:00, Categoría: Percepción

http://www.nodulo.org/ec/2008/n076p13.htm

Sobre «Neurociencia» y Psicología

Aitor Álvarez Fernández

Se pretende explicar a qué se debe el continuo incremento de neurocientíficos en el tratamiento de cuestiones psicológicas y delimitar la Psicología frente a las «Neurociencias»

 

1. Planteamiento de la cuestión

En los últimos tiempos la presencia e influencia de neurólogos, biólogos, psiquiatras y profesionales de diferentes gremios (todos los cuales se presentan bajo el rótulo genérico de «neurocientíficos») en los debates acerca de las cuestiones psicológicas ha experimentado un considerable aumento.

Bajo el pretexto de estudiar «científicamente» la conducta humana todos estos profesionales tratan de aportar sus conocimientos especializados, en nombre de la tan pretendida «interdisciplinariedad», en pro de un mayor avance de «la» ciencia. Sin embargo, esta pretensión, en último término, se encuentra sustentada por una falta de delimitación gnoseológica del campo de la Psicología que da pie a que en sus discusiones y planteamientos prácticamente «todo el mundo tenga algo importante que decir y, principalmente, que aportar». Ahora bien, ¿acaso un físico, un matemático o un economista no pueden estudiar «científicamente» la conducta humana? De ser así, ¿por qué en los textos, facultades y discusiones sobre Psicología su presencia es prácticamente inexistente?

2. La concepción de la Filosofía de los neurocientíficos

En líneas generales, los neurocientíficos, amparados por el fundamentalismo científico tan en auge en nuestros días, consideran que el desarrollo de las ciencias contemporáneas ha puesto fin a la especulación filosófica que, a diferencia de ellas, no permitía conocer nada con seguridad, lo cual ya lleva implícita, necesariamente, una posición filosófica. La Filosofía es un saber sustantivo que se ocupa de una serie de cuestiones de índole «especulativa» que se alejarían de nuestra realidad más inmediata (dominada por la ciencia) y, por tanto, de escasa importancia para nuestros problemas cotidianos.

En todo caso, cabría agradecer a la Filosofía el planteamiento de ciertos problemas que han abierto la vía para fructíferas investigaciones científicas. Los tradicionales problemas filosóficos (mente/cuerpo, naturaleza del Alma, &c.) encontrarán, por fin, una solución definitiva desde el campo de «la ciencia»{1}. La filosofía, en último término, quedará reducida a biología, fisiología o neurociencia; muestra de ello sería el nuevo «híbrido» sacado de la manga por un grupo de «prestigiosos neurocientíficos» como Patricia y Paul Churchland, Antonio y Hanna Damasio, Daniel Denett, Pablo Argibay, &c. y cuyo nombre («neurofilosofía») refleja inequívocamente la situación que estamos presentando. Veamos, como ejemplo, la manera en que Damasio «soluciona definitivamente» algunos de los problemas que considera definitorios de la tradición cartesiana y que en la actualidad seguirían vigentes:

Antonio Damasio, en su intento por «superar de una vez por todas» el dualismo cartesiano trata de elaborar una concepción de las actividades psicológicas en la que el cerebro tomaría el relevo de su antecesor, el cógito cartesiano (a pesar de las reticencias que presenta contra él). Considera Damasio que:

«y puesto que sabemos que Descartes imaginó que el pensar es una actividad muy separada del cuerpo, celebra la separación de la mente, la cosa pensante (res cogitans) del cuerpo no pensante, el que tiene extensión y partes mecánicas (res extensa)»(Damasio, 2001, pág. 261).

Sin embargo, llega a afirmar cosas tales como:

«el cuerpo contribuye al cerebro con algo más que el soporte vital y los efectos moduladores», «el cerebro del lector ha detectado una gran amenaza (...) e inicia varias cadenas complicadas de reacciones bioquímicas y neurales», «pero usted no diferencia claramente entre lo que ocurre en su cerebro y lo que ocurre en su cuerpo»(Damasio, 2001, pág.261), ¡en un capítulo titulado El cerebro centrado en el cuerpo!

¿Qué tipo de sujeto es ese «usted»? ¿Una nueva modalidad del cógito, un «individuo flotante» o algo por el estilo? No es difícil percatarse de que nuestro Premio Príncipe de Asturias es presa de una concepción cerebrista según la cual el cerebro poseería un estatuto ontológico diferente al resto del cuerpo. Es obvio que el cerebro no puede considerarse como algo distinto y al margen del cuerpo a pesar de que ello sirva, entre otras cosas, para beneficio económico de muchas editoriales (a este respecto no hay más que recordar el inmenso éxito editorial de obras como El alma está en el cerebro).

Una cuidadosa lectura de las Meditaciones metafísicas y del Discurso del método permitirá advertir al lector el grado de «precisión» en la interpretación de Damasio acerca de lo que él considera el error de Descartes:

«la separación abismal entre el cuerpo y la mente, entre el material del que está hecho el cuerpo, medible, dimensionado, operado mecánicamente, infinitamente divisible, por un lado, y la esencia de la mente, que no se puede medir, no tiene dimensiones, es asimétrica, no divisible; la sugerencia de que el razonamiento, y el juicio moral, y el sufrimiento que proviene del dolor físico o de la conmoción emocional pueden existir separados del cuerpo. Más específicamente: que las operaciones más refinadas de la mente están separadas de la estructura y funcionamiento de un organismo biológico» (Damasio, 2001, pág. 286).

El famoso cogito ergo sum en que Damasio fundamenta este planteamiento forma parte de una «concepción práctica de la filosofía» (primum vivere) donde la importancia del cuerpo no es inferior a la de la conciencia. Además, Descartes parte de esta expresión para construir los cimientos de un racionalismo crítico en el que se establezcan las condiciones y límites de nuestro conocimiento (de lo que, por cierto, nada dice Damasio). Por otro lado, un análisis comparativo de las cuatro reglas del método y de las cuatro reglas de la moral pone de manifiesto que las actividades propias del terreno metódico (que Damasio atribuye al cógito) y las del terreno moral (que Damasio deja del lado del cuerpo) obedecen a principios, si bien materialmente diferentes, formalmente semejantes. No podemos extendernos ahora en el tratamiento de estas cuestiones pero recomendamos al lector interesado consultar los textos de Vidal Peña. Por otro lado, este error de Descartes (cuya corrección, al parecer, hubo de esperar a los importantes avances de la ciencia de finales del siglo pasado) ya había sido advertido y corregido por Espinosa (casi cuatro siglos atrás) quien defendió la existencia de una única Sustancia con infinitos atributos y que produce infinitas cosas de infinitos modos y no sólo en el ámbito del pensamiento y de la extensión.

En otro orden de cosas, Damasio «descubre la pólvora» (ante el gran reconocimiento y admiración por parte de muchos de sus colegas) al considerar que los sentimientos y las pasiones son el motor de nuestras actuaciones, las cuales no solo se deberían a los cálculos de una supuesta razón «fría» y abstracta; más aún, dicha racionalidad no funcionaría por sí sola sino que continuamente se vería influida por los sentimientos, pasiones y emociones. Ahora bien, en toda la Historia de la Filosofía se pueden encontrar numerosos ejemplos que ya han enfatizado esta cuestión pero que la falta de espacio nos impide presentar (Heráclito, Platón, Aristóteles, las escuelas helenísticas, San Agustín, Santo Tomás, &c.).

¿A qué viene entonces esta reivindicación? ¿No podría acaso estar motivada, en último término, por el desprecio a los planteamientos ofrecidos por la Historia de la Filosofía tan de moda en los científicos actuales{2} (y de lo que, incluso, algunos se llegan a vanagloriar)?

Sin embargo, llegados a este punto, quisiéramos reivindicar, dialécticamente, desde el materialismo, la «teoría del marcador somático» ofrecida por Damasio (aun teniendo en cuenta su carácter metafísico) como una oposición a las teorías dualistas y mentalistas (que contaminan buena parte de los planteamientos psicológicos actuales) en defensa de una concepción unitaria del organismo. La importancia de la posición de Damasio, pues, se encontraría, a nuestro juicio, no ya tanto en sus aspectos positivos (de cuyo reduccionismo metafísico y carácter cerebrista hemos venimos advirtiendo) sino en su oposición a otras posiciones cuasi-místicas o metafísicas (la mente como algo inmaterial, aparatajes cognitivos sustantivados, &c.) En este sentido dialéctico, no podemos sino reconocer a Damasio su enorme acierto (independientemente de que sus implicaciones pudieran circunscribirse al plano del ejercicio o de la representación) en la reivindicación de un filósofo materialista como Espinosa frente a un filósofo de cuño metafísico como Descartes para los debates sobre Psicología en nuestro presente.

3. La concepción de la Ciencia de los neurocientíficos

Todo neurocientífico (biólogos, neurólogos, fisiólogos, &c.) posee, necesariamente, una concepción acerca de la ciencia (con independencia de la génesis por la que haya llegado a ella o de que sea consciente de sus implicaciones); de ahí que, necesariamente, estén ejercitando una filosofía de la ciencia a pesar de que no sean capaces de representársela y que, por tanto, no sean conscientes de ello. La posición predominante de los neurocientíficos obedece a esquemas positivistas de índole descripcionista según los cuales el objetivo último de sus investigaciones consistirá en describir los hechos que ocurren en el sistema nervioso ante diferentes situaciones. Esta concepción supone que los «hechos» se le aparecen al investigador por sí mismos, al margen de sus operaciones, con lo que quedarán exentos de toda posible «contaminación» derivada de las actividades del científico pudiendo, por ende, presentarse como la verdad indiscutible (dado que «lo ha dicho la ciencia» o, mejor aún, «nos hemos limitado a contemplar cómo la ciencia ha hecho que la verdad aflorase ante nuestra atónita mirada»).

En el terreno psicológico, la actividad de los neurocientíficos se caracteriza por atenerse a los «hechos», los cuales no serán otra cosa que conexiones neuronales o reacciones químicas a partir de las cuales la conducta humana quedará explicada en todas sus vertientes. Muestra de ello sería la posición de Damasio en El error de Descartes quien, tomando la problemática en torno a los sentimientos como hilo conductor, los acaba reduciendo a circuitos nerviosos:

«Empezaré considerando los sentimientos de las emociones (...). Todos los cambios que un observador externo puede identificar y muchos otros que un observador no puede, como el pulso acelerado del corazón o el tubo digestivo contraído, el lector los percibió internamente. Todos estos cambios están siendo señalados continuamente al cerebro a través de terminales nerviosos que le aportan impulsos procedentes de la piel, los vasos sanguíneos, las vísceras, los músculos voluntarios, las articulaciones, etcétera. En términos neurales, el trecho de retorno de este recorrido depende de circuitos que se originan en la cabeza, cuello, tronco y extremidades, atraviesan la médula espinal y el bulbo raquídeo hacia la formación reticular y el tálamo, y siguen viajando hacia el hipotálamo, las estructuras límbicas y varias cortezas somatosensoriales distintas en las regiones insular y parietales. Estas últimas cortezas, en particular, reciben una relación de lo que está ocurriendo en nuestro cuerpo, momento a momento, lo que significa que obtienen un «panorama» del paisaje siempre cambiante de nuestro cuerpo durante una emoción»(Damasio, 2001).

4. Crítica a la concepción de la Filosofía de los neurocientíficos

La filosofía no es un saber sustantivo con un campo de fenómenos propio, antes bien, es un saber de segundo grado cuyo alimento constante se encuentra en los materiales que le proporcionan las diferentes ciencias positivas o saberes de primer grado. Los importantes resultados arrojados por la investigación científica en los últimos tiempos plantean problemas filosóficos que no se pueden responder desde la inmanencia de las propias categorías científicas. El importante desarrollo de la neurociencia, en este sentido, producirá efectos sobre la filosofía bien distintos a los pronosticados por el nuevo gremio de «neurofilósofos».

La labor de la filosofía será, pues, más importante que nunca pues más complicados serán los problemas derivados de la prolija investigación científica (aborto, anticoncepción, clonación, implantes tisulares, transplantes, &c.). La misión de la filosofía consistirá, principalmente, en frenar o demoler, haciendo uso de un sistema (y no de manera gratuita), las pretensiones fundamentalistas e ideológicas emanadas del gremio de científicos. De lo contrario, de no ser por la crítica filosófica, la dualidad cerebro/cuerpo (a la que aludíamos más arriba) o la consideración de que «todo es genética» o «todo es química» pasarían desapercibidas para el gran público, amparadas por la autoridad científica de sus defensores; en efecto, ¿cómo sostener que el cerebro es una entidad ontológicamente diferente al cuerpo? ¿Acaso no es un órgano, como pudiera serlo el hígado o el corazón, con unas funciones de integración bien delimitadas en el conjunto del organismo? ¿Cómo afirmar que todo es genético? Si todo fuera genético, los resultados de las elecciones podrían anticiparse mediante un análisis del genoma de los votantes de tal manera que los miembros de los partidos con menor intención de voto no dudarían en solicitar una modificación del mismo. En caso de que todo fuera química, como Gustavo Bueno le respondió a Severo Ochoa, habría que determinar si las palabras de un texto se unen por enlace iónico o por enlace covalente. ¿Existe acaso alguna diferencia significativa entre estos dos tipos de monismos (genético y químico) y la filosofía de los milesios (el argé como agua, apeiron o aire)? Tal es, pues, el nivel filosófico de muchos de los científicos más prestigiosos de la actualidad.

5. Crítica a la concepción de la Ciencia de los neurocientíficos

Su teoría de la ciencia general asume que los hechos se presentan de forma intuitiva al científico cuya labor se limitará a describirlos e integrarlos en un corpus de datos y observaciones. La verdad sería entendida como aletheia, desvelamiento. Sin embargo, los «hechos» no existen por sí mismos dado que no son nada al margen de las operaciones, interpretaciones, &c. de los sujetos (en este caso, los neurocientíficos). Los mecanismos de comunicación neuronal, por ejemplo, no son un «hecho» que se hizo evidente por sí mismo sino que su verdad es resultado de la integración de variados cursos operatorios{3} en una identidad sintética. Así ocurre en las demás ciencias como, por ejemplo, en la Física donde el número de Rydberg (tomado por Bohr para la construcción de su modelo atómico) no resulta de observaciones empíricas sino de manipulaciones sutiles por parte de los investigadores.

Su teoría acerca de la ciencia psicológica, en particular, adolecería, como hemos ejemplificado anteriormente, de un reduccionismo mediante el cual se pretendería explicar el comportamiento de los sujetos operatorios, exclusivamente, en base a mecanismos biológicos, reacciones químicas, &c. Tomando como punto de partida las operaciones de los sujetos se pretenderá efectuar un regressus hacia mecanismos no-operatorios (sinapsis neuronales, niveles de neurotransmisores, &c.) que se considerarán en términos aliorrelativos (de causa-efecto) respecto a nuestras operaciones. Esta reducción del sujeto nos conduciría a un mundo absurdo caracterizado por unos esquemas de causalidad que impiden la imputación de responsabilidad a las actuaciones de los sujetos. Ni que decir tiene que muchos sujetos tratarían de aprovecharse de las ventajas jurídicas que les confiere este tipo de ideología alegando (como trató de hacer, mutatis mutandis, el esclavo de Zenón) que su actuación criminal se debe a un repentino y «misterioso» desequilibrio en sus niveles de neurotransmisores ante lo cual no les quedaba otra opción. Claro que siempre quedará la posibilidad de que el juez les imponga una fuerte condena justificada en que una mayor activación de su formación reticular durante el juicio le ha determinado a hacerlo.

Con todo ello no estamos negando que el sujeto operatorio sea un sujeto biológico (¿qué iba a ser si no?) sino las pretensiones de muchos neurocientíficos de reducir la Psicología a sus correlatos biológicos. Cuando alguien se siente triste o padece «depresión», tendrá un déficit serotoninérgico. Ahora bien, lo que pretendemos constatar es que no se sentirá triste a consecuencia de presentar un déficit serotoninérgico sino que este último será consecuencia de las circunstancias que le han conducido al estado de tristeza. Todas nuestras acciones y sentimientos deben tener un correlato biológico dado que, en caso contrario, no podrían ser positivas. Pero su explicación deberá acudir a otro tipo de consideraciones (objetivos del sujeto, circunstancias biográficas y contextuales &c.).

6. Propuesta de una alternativa desde el materialismo filosófico

Hasta aquí hemos insistido en la necesidad de evitar cualquier tipo de reducción de la Psicología a Biología. Ahora bien, ¿cuál es nuestra propuesta para delimitar los fenómenos psicológicos de los fenómenos biológicos? Para ello nos serviremos de dos distinciones propuestas por Gustavo Bueno en su Teoría del cierre categorial, a saber, la distinción entre relaciones apotéticas y paratéticas y entre situaciones α y β operatorias.

6. 1. La distinción apotético/paratético. Implicaciones:

«Apotético designa la posición fenomenológica característica de los objetos que percibimos en nuestro mundo entorno en tanto se nos ofrecen a distancia, con evacuación de las cosas interpuestas (que, sin embargo, hay que admitir para dar cuenta de las cadenas causales, supuesto el rechazo de las acciones a distancia)» (García, 2001). El término «paratético» es el correlativo de «apotético» y hace referencia a lo que se encuentra en contigüidad.

Las operaciones de un sujeto son siempre apotéticas mientras que sus correlatos biológicos siempre serán paratéticos. En el primer caso estaríamos hablando de Psicología, en el segundo caso de fisiología. Veamos un ejemplo para aclarar la cuestión. Cuando un chico llora porque se le ha metido una pequeña piedra en el ojo estaríamos hablando de fisiología dado que existe una contigüidad física entre el ojo del que brotan las lágrimas y la piedra que provoca dicha reacción. Por el contrario, cuando ese mismo chico llora al contemplar que la chica de la que se encuentra enamorado se está besando con otro chico estaríamos hablando de Psicología dado que la situación que provoca su conducta de llorar no se encuentra en contigüidad con él. Este par de conceptos nos permite evitar la dualidad «dentro/fuera» derivada de una Psicología en primera persona (introspeccionista) lo cual, dicho sea de paso, impediría su consideración científica.

Lo apotético no debe ser identificado a secas con lo distal (que se opone a proximal). Las terminaciones nerviosas que llegan hasta nuestros pies son distales respecto del encéfalo sin que por ello quepa decir que son apotéticas. En cambio, el mesencéfalo sería una división básica del Sistema Nervioso Central proximal al diencéfalo.

El criterio de las relaciones apotéticas goza de gran potencia en la delimitación del campo de la Psicología frente al campo de la Biología. Ninguna ciencia puede establecer su campo en torno a un único término u objeto dado que, en caso contrario, no se podrían realizar operaciones. No cabrá decir, por tanto, que la Biología sea la Ciencia de la Vida dado que, ¿cómo se iba a operar con la Vida tomada en abstracto? Los biólogos operarán con células, ácidos nucleicos, &c. que serán los términos del campo de la Biología a partir de los cuales se establecerán diferentes relaciones. Otro tanto de lo mismo ocurrirá en el caso de la Psicología. No podremos sostener que la Psicología sea, como etimológicamente pudiera parecer, la Ciencia del Alma, dado que nos encontraríamos ante el mismo e irresoluble problema que en el caso anterior. Otro tanto de lo mismo ocurriría al defender que la Psicología es la Ciencia de la conducta o que su objeto es la conducta dado que ¿cómo operar sobre la conducta? En la aplicación de las técnicas de modificación de conducta, por ejemplo, el psicólogo no operará sobre la conducta sino sobre los términos que participan en su ejecución a fin de que la conducta del sujeto pueda moldearse en la dirección deseada.

El campo de la Psicología deberá contar, pues, con al menos dos clases de términos (con sus correspondientes subclases), a saber, los términos subjetuales y los términos objetuales presentados de manera conjunta y dialéctica, esto es, los sujetos psicológicos serán términos en la medida en que vayan referidos a un objeto apotético el cual, a su vez, cobrará estatuto de término en caso de que vaya referido a un sujeto psicológico.

«Cada sujeto psicológico lo concebiremos como asociado internamente, por estructura, a un sistema de objetos apotéticos» (Bueno, 1995) lo cual nos permitirá reconstruir las conductas teleológicas, muy presentes en la Psicología, de manera no-mentalista. De este modo, la finalidad de las operaciones de los sujetos formalmente considerados, lejos de atribuirse a supuestas y misteriosas planificaciones mentales, se explicará a partir de los objetos apotéticos correspondientes a los sujetos psicológicos. Cuando estos términos subjetuales (los sujetos psicológicos) se consideran materialmente (atendiendo a circuitos y conexiones nerviosas, producción de hormonas y neurotransmisores, reacciones inmunológicas, &c.) pasarán a pertenecer al campo de la Biología. Por otro lado, en el momento en que los objetos no se consideren en relación a los sujetos psicológicos y, por tanto, no sean apotéticos, pasarán a formar parte de los campos de otras Ciencias como la Geometría, la Geología, la Física, &c.

6. 2. La distinción entre situaciones α y β operatorias

Las situaciones α operatorias son propias «de aquellas ciencias en cuyos campos no aparezca, formalmente, entre sus términos, el sujeto gnoseológico o, también, un análogo suyo riguroso» (Bueno, 1992). Las situaciones β operatorias son propias «de aquellas ciencias en cuyos campos aparezcan (entre sus términos) los sujetos gnoseológicos o análogos suyos rigurosos» (Bueno, 1992). Esta distinción nos permite considerar el peculiar estatuto gnoseológico que caracteriza a la Psiquiatría dentro del marco de discusión que venimos planteando acerca de las relaciones gnoseológicas entre la Psicología y las disciplinas englobadas bajo el rótulo de «Neurociencias»{4}.

¿Cuáles son los términos del campo de la Psiquiatría (en caso de que existiese)? ¿Los circuitos y conexiones neuronales que, a consecuencia de su mal funcionamiento, son los responsables de la situación del paciente? ¿Las operaciones desadaptativas de los pacientes que acaban por producir desequilibrios químicos en el cerebro? En el primer caso, nos encontraríamos ante una situación α operatoria donde las operaciones de los sujetos se explicarían a partir de conexiones nerviosas y reacciones químicas. En el segundo caso, nos encontraríamos ante una situación β operatoria donde las operaciones de los sujetos se explicarían a partir de la consideración formal de este. Teniendo presente que la Neurología es la Ciencia cuyo campo estaría constituido por los elementos del Sistema Nervioso y que se encargaría del tratamiento de las posibles alteraciones que pudieran surgir en él y que la Psicología es la Ciencia encargada, como dijimos anteriormente, de analizar las operaciones de los sujetos (previa consideración formal de los mismos) en relación a los objetos apotéticos, ¿qué lugar le queda a la Psiquiatría? ¿O es que acaso nos la pretenden vender, por decirlo al modo hegeliano, como una síntesis superadora de la Neurología y de la Psicología? Desde la Teoría del cierre categorial la Psiquiatría carecería de campo gnoseológico propio encontrándose en una permanente situación de indefinición gnoseológica. En primer lugar, no tendría unos términos propios y nítidamente definidos con los que realizar operaciones mientras que, en segundo lugar, se encontraría en un «eterno» medio camino entre las situaciones α y β operatorias{5}.

En esta situación de clara indefinición gnoseológica (a medio camino entre la Neurología y la Psicología o entre las metodologías α y β operatorias) la Psiquiatría se encontraría en una situación similar a la del asno de Buridán quien, teniendo a un lado varios montones de avena y al otro lado varios cubos llenos de agua, acabó muriendo por desnutrición dado que nunca fue capaz de saber si tenía hambre o sed y, por consiguiente, si debía decidirse por comer la avena o por beber el agua (en este sentido, podríamos decir, para terminar, que los autores de La invención de trastornos mentales han realizado frente a la Psiquiatría una actuación semejante a la que la diosa Némesis, mutatis mutandis, llevó a cabo frente a Narciso quien, incapaz de dejar de mirar atónitamente su propia imagen{6}, acabó falleciendo).

Referencias bibliográficas

Bueno, G. (1992), Teoría del cierre categorial, vol. 1. Oviedo: Pentalfa.

Bueno, G. (1994), Consideraciones relativas a la estructura y a la génesis del campo de las «Ciencias Psicológicas» desde la perspectiva de la teoría del cierre categorial. En Simposium de Metodología de las Ciencias Sociales y del Comportamiento (págs. 17-56). Universidad de Santiago de Compostela.

Bueno, G .(1995), ¿Qué es la ciencia?. Oviedo: Pentalfa.

Bueno, G. (1995), ¿Qué es la filosofía?. Oviedo: Pentalfa.

Damasio, A. (2001), El error de Descartes. Barcelona: Crítica (orig. 1994).

Damasio, A. (2005), En busca de Spinoza. Barcelona: Crítica.

Dawkins, R. (2002), El gen egoísta. Barcelona. Salvat.

Descartes, R. (1980), Discurso del método. Barcelona: Orbis (orig. 1637).

Descartes, R. (2005), Meditaciones metafísicas. Oviedo: KRK (orig. 1642).

Espinosa, B. (2003), Ética. Madrid: Alianza (orig. 1677).

García, P. (2001), Diccionario filosófico. Biblioteca filosofía en español.

González Pardo, H., Pérez Álvarez, M. (2007), La invención de trastornos mentales. Madrid: Alianza.

Pérez Álvarez, M. (2003), Las cuatro causas de los trastornos psicológicos. Madrid: Universitas.

Peña García, V. (1981), «Descartes, razón y metáfora», Arbor, 53, 27-35.

Peña García, V. (1982), «Acerca de la razón en Descartes: reglas de la moral y reglas del método», Arbor, 52, 23-39.

Punset, E. (2006), El alma está en el cerebro. Madrid. Santillana.

 

Notas

{1} Muchos psicólogos consideran su escisión gremial respecto a los filósofos como algo sumamente beneficioso para su nueva ciencia dado que, una vez liberada de las garras del pensamiento «teórico-especulativo», podrá ocuparse enteramente de los problemas «prácticos» (prescindiendo de vanas disquisiciones filosóficas) que realmente interesan a la gente y permiten ayudarle (¿?).

{2} ¿Quién no ha oído a ningún fundamentalista científico afirmar cosas tales como «bueno, pero eso ya es filosofía», «nada nada, eso son cuestiones e ideas filosóficas, sin embargo lo que la ciencia dice es esto»?

{3} Descubrimiento de las dendritas por Otto Deiters, introducción del carmín, el añil y el cloruro de oro como medios de tinción por parte de Von Gerlach, descubrimiento de la reacción negra por Golgi, crítica a su reticularismo por Ramón y Cajal, estudios sobre la conducción de la electricidad en animales como los efectuados por Moruzzi y Magoun, &c..

{4} Las reacciones que la publicación de La invención de trastornos mentales (escrito por Héctor González y Marino Pérez) ha suscitado por parte de una Sociedad de Psiquiatría da buena cuenta de la necesidad del tratamiento de estas cuestiones (véase La Nueva España del pasado 2 de Diciembre); en efecto, la falta de argumentos para rebatir las propuestas de los autores ha llevado a algunos miembros de dicha Sociedad a replicar de la siguiente manera: «Hablar de la invención de las enfermedades mentales en un país donde hay más de 400.000 personas que sufren esquizofrenia no sólo es frívolo, es inmoral. Seguramente es una mezcla de ignorancia-se trata de personas que no tienen contacto alguno con los miles de afectados que en Asturias sufren un trastorno mental severo-y de intereses espurios, bien personales o corporativos».

En primer lugar, diremos que los autores de este libro nunca hablan de una invención propiamente dicha (ex nihilo) sino de la construcción operatoria de una suerte de cultura clínica que envolverá las operaciones de los sujetos (pacientes e, incluso, clínicos tanto psicólogos como psiquiatras). Este contexto clínico determinará el estatuto asignado a nuestras vivencias y operaciones. Aunque podamos partir de la praxis clínica (situación β2) es necesario regresar hacia una situación II–β1, propia de la teoría de juegos. De este modo, podremos explicar, en el progressus hacia las circunstancias en que se desenvuelve la praxis clínica, por qué las multinacionales farmacéuticas y ciertos clínicos influyen sobre la población y no a la inversa (en la misma situación nos encontraríamos cuando esta influencia se ejerce por parte de las multinacionales farmacéuticas sobre los clínicos). Es decir, se necesitará un sistema operatorio más potente para conducir las operaciones de los sujetos en la dirección deseada (para que, en último término, ello redunde en un aumento de las ventas de psicofármacos, en la proliferación de consultas clínicas, &c.). Sin embargo, no es este el lugar apropiado para exponer con el debido detenimiento los planteamientos que se presentan en este libro.

Un estado de bajo ánimo, apatía y tristeza, por ejemplo, bien podría ser interpretado en la Edad Media como una crisis de fe motivada por la actuación del demonio (dentro de un contexto marcadamente teológico- también construido, obviamente, por las operaciones de los sujetos-) mientras que en nuestras sociedades del bienestar, donde cualquier atisbo de incomodidad habrá de proscribirse (en lo que tanto se apoya la construcción operatoria de esta nueva cultura clínica), la interpretación se hará a partir de este nuevo contexto envolvente. ¿Cómo explicar sino la diferente concepción de la melancolía en tiempos de Aristóteles y la existente en nuestros días?

En segundo lugar, al atribuir esta explicación operatoria a «una mezcla de ignorancia» alegando que «se trata de personas que no tienen contacto alguno con los miles de afectados (...)» se está ignorando la distinción entre los planos emic/etic. En efecto, en la anterior afirmación se sostiene que para poder comprender bien un determinado fenómeno (en este caso, los trastornos mentales) es necesario estar cerca de alguien que lo padece. De ser así, cualquier allegado a uno de estos pacientes podría proporcionarnos una sólida explicación acerca del estatuto ontológico y antropológico de estos trastornos. No obstante, la mayor potencia en la explicación y comprensión de un fenómeno vendrá dada mediante la adopción de un plano etic a partir del cual podamos reconstruir la situación desde un sistema de coordenadas mucho más potente que el poseído por los sujetos inmersos en el plano emic (en caso, claro está, de que lo tuviesen). José Smith fundador del movimiento mormón, desde un punto de vista emic (reivindicado por esta Sociedad), habría visto separados a Dios Padre y a Jesucristo quienes le habrían encargado la sublime misión de restaurar y liderar la nueva y verdadera Iglesia de Jesucristo. Ahora bien, desde el punto de vista etic ni que decir tiene que son los intereses económicos y de poder de este individuo los parámetros que hemos de adoptar para explicar sus «visiones». Sin embargo, según lo que se desprende de las declaraciones «...es una mezcla de ignorancia», mutatis mutandis, seríamos nosotros quienes estaríamos equivocados, y no José Smith, cuando analizamos la verdadera génesis del movimiento mormón.

{5} Resulta curioso, pues, que desde la Sociedad de Psiquiatría a la que hacíamos mención, se llegue a analogar los argumentos ofrecidos por los autores de La invención de trastornos mentales con la Iglesia de la Cienciología cuando la verdad apuntaría en una dirección bien distinta, a saber, es la Psiquiatría la que, en todo caso, debería ser analogada con la Cienciología dado que, careciendo de campo gnoseológico propio, trata de imponer o vender su ideología por encima de cualquier análisis riguroso con las peligrosas implicaciones que ello supone de cara a la consideración y el tratamiento de las diferentes psicopatologías.

{6} Desde esta Sociedad se afirmó que «todo el mundo quiere ser médico» a pesar de que muchos de nosotros no hemos tenido la oportunidad de rellenar «la encuesta utilizada» para llegar a esa conclusión.

 


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Errores cerebrales

Por philosophico - 11 de Junio, 2008, 12:31, Categoría: Problema mente cerebro

http://bloghildebrandt.blogspot.com/

 

Errores cerebrales

César Hildebrandt

El cableado cerebral decide el destino de los humanos y marca la naturaleza de sus relaciones con la gente y las cosas. ¿Cableado? ¿Chicotería? Sí, el cerebro es, fundamentalmente, una organización electroquímica, una planta hemoeléctrica, un sistema que produce respuestas frente a los estímulos y desafíos del exterior. Esta máquina de extremas complejidades tiene, sin embargo, gruesos errores de diseño. Y hay quienes piensan que buena parte de la sangre derramada a lo largo de la historia procede de esta ingeniería insuficiente.

No estamos hablando de los desperfectos que algunos se empeñaron en llamar psicopatías. Estamos hablando de cerebros que funcionan al ciento por ciento. Por ejemplo, es una certeza neurológica más o menos aceptada que la percepción del mundo exterior nos ha llegado como un presente griego de la evolución. Lo que quiero decir es que el cerebro envía, por lo general, información insuficiente o desfigurante a las redes que se encargan del descifrado. Y esto conduce a que el objeto exterior sea “leído” incorrectamente. Lo que a su vez lleva implícito el error primordial de la identificación del objeto.

¿Cómo se come este enunciado? Muy simple: “vemos” lo que muchas veces queremos ver. El almacenaje de memorias asociativas, la tendencia del cerebro a economizar energía, nos empujan, por ejemplo, a “leer” en una barba crecida el desaliño, la dejadez y el fracaso que otras barbas crecidas nos pudieron confirmar en el pasado. Pero eso casi no es “ver” sino, más bien, retrotraer.

Blas Lara, catedrático emérito de la Universidad de Lausanne, Suiza, apunta que percibir al otro como lo que quizás no es, es una tendencia “de estos estereotipos culturales que son abstracciones almacenadas en el neocórtex como etiquetas simplificadoras”.

Las funciones cerebrales tienen algo de reacción en cadena (aunque estas reacciones pueden ser varias a la vez y ocurren en las distintas redes en línea del sistema). Pero si la información primaria viene distorsionada, lo que pasa muchas veces es que las instancias que podrían “corregir” esa percepción errónea –la límbica y la cortical– asumen el error como propio y lo dejan pasar. El paso siguiente es que esos errores producirán, al final, programas de respuesta inadecuados.

Desde ese punto de vista modernamente químico-cerebral, un exceso, verbal o fáctico, es hijo remoto de una información contaminada. Y, como acabamos de ver, hasta la memoria puede jugarnos una mala pasada al querer meterse en el presente tiñendo negativamente una experiencia actual que no tendría por qué parecerse a las experiencias guardadas en nuestro disco duro.  Todos los últimos avances en torno a la máquina cerebral parecen coincidir en una verdad que el narcicismo antropocéntrico habrá de admitir aunque mucho le duela: el “autocontrol social” del sistema cerebral humano es frágil y la capacidad de imponer razones y frenos en las barreras límbica y del neocórtex desaparece con mucha más frecuencia y facilidad de lo que imaginábamos. De allí vienen todas las sangres del terrorismo religioso y de Estado y todas las matanzas “doctrinarias” que en el mundo han sido.  En resumen, el cerebro de este “lóbrego mamífero” que somos no es ni de lejos la máquina perfecta que soñó el racionalismo. Si el cerebro humano fuese la maravilla impecable que nos contaron, ¿cómo explicarse que el hedonismo de entrega inmediata de la drogadicción se haya convertido en un problema masivo? Si la computadora neuronal tuviese un antivirus enérgico, ordenaría, en ese caso, que el lector de peligros del neocórtex impusiese su punto de vista. Para no hablar de los mares de estupidez que vemos crecer todos los días a nuestro alrededor y que amenazan con inundarlo todo.

Las fallas de fábrica del cerebro humano y la nueva comprensión en relación a sus orígenes nos permiten decir ahora que esta masa grasienta de un kilo cuatrocientos gramos –membranosa, surcada y protegida por la bóveda craneana–,es más una laptop escolar que una IBM de última generación. Y es por eso que resulta imperativo cargar a esa computadora esencial con muchos programas que mejoren su rendimiento, refinen sus respuestas y creen barreras adicionales para el espía software simiesco que siempre aspira a adueñarse de sus circuitos. Y eso es lo que, en términos simples, se llama educación. Educación y un poquito de tolerancia (que casi son sinónimos).

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'En el futuro, podremos crear máquinas conscientes'

Por philosophico - 10 de Junio, 2008, 0:38, Categoría: Problemas filosofía de la mente

GERALD EDELMAN / PREMIO NOBEL DE MEDICINA
'En el futuro, podremos crear máquinas conscientes'
Gerald Edelman. (Foto: Vicent Bosch)
Gerald Edelman. (Foto: Vicent Bosch)
Actualizado lunes 09/06/2008 18:37 (CET)
PABLO JÁUREGUI
VALENCIA.- Gerald Edelman tenía pensado ser violinista, pero con el tiempo se dio cuenta de que le faltaba la pasión necesaria para emocionar al público.
Así que dejó las partituras a un lado y decidió volcarse en los microscopios, iniciando una carrera meteórica en el campo de la biología molecular. En 1972, cuando sólo tenía 43 años, ganó el Nobel de Medicina por descubrir la estructura de los anticuerpos, un hallazgo que ha sido crucial para el estudio de múltiples enfermedades infecciosas y el desarrollo de vacunas eficaces.
Poco después, sin embargo, la inmunología dejó de interesarle y empezó a obsesionarse con una de las grandes preguntas de todos los tiempos: ¿cómo funciona el cerebro?
En las dos últimas décadas, se ha convertido en uno de los especialistas más respetados en el campo de la neurociencia, y ha fundado un instituto de investigación en San Diego donde dirige a un equipo reducido de jóvenes científicos que están intentando descifrar el enigma de la consciencia. Esta semana, ha visitado Valencia para participar en el jurado de los Premios Jaime I.
"Nuestros aparatos han participado en torneos de fútbol para robots, y han ganado todos los partidos"

Pregunta.- ¿Por qué abandonó la inmunología y decidió explorar la mente?
Respuesta.- Una vez que entendí el funcionamiento de los anticuerpos, digamos que alivié el picor intelectual que me había provocado este campo de investigación. Pero entonces me entró un nuevo picor: empecé a interesarme por el funcionamiento del cerebro. Mi pregunta era: ¿cómo es posible que el cerebro sea capaz de percibir, de clasificar el mundo en diferentes categorías, de dividir el mundo en mesas y sillas, formas y colores, etcétera? Desde entonces, me he dedicado a intentar desarrollar una teoría sobre la arquitectura cerebral. Esta es una cuestión complejísima, y en eso sigo.
P.- ¿Hasta qué punto sigue siendo el cerebro humano un misterio?
R.- Bueno, algunas cosas están muy claras. En primer lugar, el cerebro es un producto de la evolución. En segundo lugar, el cerebro no actúa solo, en un vacío, sino que está totalmente imbricado en el cuerpo y el entorno en el que vive cada persona. Y en tercer lugar, aunque cada señal que recibe el cerebro del mundo exterior es única e irrepetible, está claro que existen mecanismos comunes de percepción que nos permiten compartir experiencias como miembros de la misma especie. Gracias a eso, usted y yo podemos ponernos de acuerdo sobre el hecho de que este objeto es una mesa, y este otro una silla.
P.- ¿Y cuáles son esos mecanismos que compartimos?
R.- Mi teoría es que el cerebro es una máquina selectiva que, de todas las posibles maneras que podría elegir para clasificar y organizar el mundo, elige las que son útiles y valiosas. Este proceso de selección es lo que configura la estructura neuronal básica que se va forjando durante el desarrollo de un individuo. Yo diría que hoy ya conocemos los principios generales que rigen todo este proceso, pero nos falta mucho para rellenar todos los detalles sobre las conexiones neuronales específicas.
P.- ¿Cree que en el futuro será posible crear robots que repliquen el funcionamiento del cerebro?
R.- Eso es justo lo que estamos haciendo en mi laboratorio. Estamos intentando fabricar una máquina consciente. De hecho, ya hemos construido aparatos cuyo funcionamiento está basado en la estructura del cerebro. Parecen robots, pero yo no los llamaría así, porque no tienen un comportamiento automático programado, sino un cerebro artificial cuyo diseño está basado en lo que conocemos de la estructura cerebral humana. Estos aparatos, aunque no están vivos, son capaces de llevar a cabo algunas operaciones cognitivas que implican el uso de la memoria.
P.- ¿Por ejemplo?
R.- Pueden aprenderse de memoria diferentes trayectorias para alcanzar un objeto, y aplicar este aprendizaje para obtenerlo usando el camino más corto. De hecho, nuestros aparatos han participado en torneos de fútbol para robots, y han ganado todos los partidos porque son capaces de aprender y adoptar estrategias. En definitiva, hoy ya podemos decir que hemos logrado crear aparatos que pueden aprender a hacer ciertas cosas por sí solos, algo que hace 10 años yo mismo hubiera dicho que era ciencia ficción. Por lo tanto, ahora mismo yo me atrevería a decir que, una vez que entendamos más sobre la estructura del cerebro, en el futuro seremos capaces de fabricar máquinas conscientes.
P.- La idea de un mundo con humanoides pensantes asusta un poco, ¿no le parece?
R.- A algunas personas quizás les inquiete, pero yo creo que es una línea de investigación muy importante, porque vamos a aprender muchísimo sobre el funcionamiento del cerebro. Estos aparatos, al replicar estados de la conciencia, nos van a permitir explorar con más detalle que nunca todos los detalles de la estructura neuronal. No podemos prohibir que se investigue sobre la fisión nuclear por el hecho de que pueda usarse para fabricar una bomba. De la misma manera, sería inaceptable detener estas investigaciones sobre la consciencia por el hecho de que podrían tener aplicaciones negativas si cayeran en las manos equivocadas. La ciencia nunca debe someterse al oscurantismo.

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Crean un modelo informático capaz de descubrir en qué piensa una persona

Por philosophico - 2 de Junio, 2008, 0:01, Categoría: Percepción

Está adiestrado para reconocer patrones de actividad neuronal asociados a 60 palabras

Investigadores norteamericanos han creado un modelo informático con el que se puede descubrir la palabra en la que está pensando un individuo. Utilizaron imágenes cerebrales de nueve voluntarios, obtenidas mediante resonancia magnética, para descubrir los patrones neuronales asociados a 60 conceptos. A continuación “adiestraron” al modelo informático para que fuera capaz de reconocer los patrones de actividad cerebral asociados a dichos conceptos. De esta forma, una vez determinado un patrón natural, el modelo deduce en qué palabra está pensando el sujeto. El descubrimiento podría servir para conocer mejor el procesamiento del lenguaje por parte del cerebro, así como para comprender la causa de algunas disfunciones del lenguaje. También podría ser la base para una tecnología de decodifique los pensamientos. Por Yaiza Martínez.



The Oxford Foundation for Theoretical Neuroscience
Investigadores de la Universidad Carnegie Mellon, en Pennsylvania (Estados Unidos) han desarrollado un modelo informático que puede descubrir la palabra en la que piensa un individuo, informa la mencionada universidad en un comunicado.

Según explica al respecto la revista Nature, el invento podría servir para resolver cuestiones sobre la manera en la que el cerebro procesa las palabras y el lenguaje, e incluso puede ser la base para una tecnología de decodifique los pensamientos.

Los científicos, liderados por Tom Mitchell -que es el director del Departamento de Aprendizaje Automático de la Escuela de Ciencias Computacionales de dicha universidad- “adiestraron” al modelo informático para que fuera capaz de reconocer los patrones de actividad cerebral asociados a un total de 60 palabras, que fueron presentadas a nueve voluntarios sólo a través de su nombre (como “apio” o “avión”).

Lenguaje y actividad cerebral

Los científicos partieron de la premisa de que el cerebro procesa las palabras en términos de su relación con el movimiento y con la información sensorial. Por ejemplo, la palabra “martillo” activa las regiones del cerebro vinculadas al movimiento, mientras que la palabra “castillo” activa áreas relacionadas con el procesamiento de la información espacial.

Por otro lado, Mitchell y sus colegas también sabían qué diferentes nombres son asociados más a menudo por el cerebro con algunos verbos que con otros. Por ejemplo, el verbo “comer” se asocia más con palabras como “apio” que con términos como “avión”.

Los investigadores diseñaron el modelo informático tratando de aprovechar estas relaciones semánticas para calcular la manera en la que el cerebro reaccionaría a nombres concretos. Para ello, incluyeron en dicho modelo 25 verbos.

Todo este esfuerzo fue, principalmente, para comprender mejor cómo organiza el cerebro el conocimiento y el lenguaje. Y es que, tal y como explican los científicos en la revista Science, la cuestión de cómo el cerebro humano representa el conocimiento conceptual ha sido debatida en muchos campos científicos.

Cuestión compleja

Anteriores estudios de imaginería cerebral han demostrado que diversos patrones de actividad neuronal se asocian con pensamientos sobre diferentes categorías semánticas de imágenes y de palabras.

El estudio de Mitchell ha podido demostrar ahora que diversos patrones de actividad neuronal se asocian también a palabras. Para conseguirlo, los científicos utilizaron la tecnología fMRI (de captación de imágenes de la hemodinámica del cerebro por medio de resonancia magnética funcional).

A los nueve participantes en el experimento se les pidió que pensaran en 58 palabras diferentes mientras se iban captando las imágenes de su actividad cerebral con la fMRI. Las palabras se les fueron mostrando, y ellos debían pensar en sus propiedades. Al mismo tiempo, y gracias al registro de las imágenes de sus cerebros, se fueron generando los patrones de actividad neuronal vinculados a cada una de estas palabras.

Después, el programa informático fue sometido a prueba, con dos palabras nuevas cuyos patrones no habían sido registrados. Se pidió al ordenador que eligiera qué imagen correspondía a estas palabras y el ordenador las reconoció. El siguiente paso, señalan los científicos, será estudiar la actividad cerebral con frases o composiciones lingüísticas más complejas.

Según Mitchell, el hecho de haber conseguido conocer el procesamiento de las palabras aisladas por parte del cerebro servirá de acicate para empezar a ver lo que hace el cerebro con múltiples palabras, y la manera en que las ensambla. Es decir, que se abre la posibilidad para los investigadores de comprender la “química mental” de la materia gris cuando procesa frases.

Conocimiento general

Mitchell señaló haberse sorprendido de lo similar que resultó la actividad cerebral de los nueve participantes en la prueba para cada una de las palabras. Un estudio anterior de este investigador y su equipo, del que hablamos en Tendencias21, ya había demostrado que los patrones de actividad cerebral que se generan al pensar en objetos familiares se repiten ante los mismos objetos en distintos individuos.

Ambos estudios acabarían tal vez con el enigma filosófico acerca de si la percepción es igual en un individuo que otro. Las investigaciones han revelado que sí: los diversos cerebros reproducen los mismos patrones de actividad neuronal frente a las mismas imágenes, en el primer estudio, pero también frente a los conceptos abstractos de las palabras, según el segundo estudio.

Modelos informáticos como éste podrían ser además útiles para el diagnóstico de desórdenes en el lenguaje o, tal vez, para ayudar a estudiantes a aprender una lengua extranjera. En la demencia semántica, por ejemplo, la gente pierde la capacidad de recordar el significado de las cosas, pero aún se desconoce cómo sucede esto en el cerebro. Quizá pueda encontrarse cual es la codificación neuronal subyacente a este problema.

Sábado 31 Mayo 2008
Yaiza Martínez

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Exégesis de cierta hipótesis comprobable acerca del posible correlato neuronal de la conciencia su

Por philosophico - 31 de Mayo, 2008, 16:43, Categoría: Percepción

Exégesis de cierta hipótesis comprobable acerca del posible correlato neuronal de la conciencia subjetiva

http://www.monografias.com/trabajos57/conciencia-subjetiva/conciencia-subjetiva.shtml

  1. Prefacio
  2. Introducción
  3. Conciencia y consciencia
  4. Qué y cómo. Concreto y abstracto. Esencia
  5. Conciencia subjetiva. Realidad
  6. Cambio de escala. Medida
  7. Propiedad. Sistema. Mente. Categoría
  8. Subconsciente, o preferiblemente: infrasubjetividad
  9. Zonas cerebrales. Mente y cerebro
  10. Procesamiento
  11. Infrasubjetividad estricta
  12. Red neural. Mente ordenada y caótica
  13. Anatomía básica del sistema nervioso
  14. Cerebro ordenado y caótico
  15. Darwinismo neural
  16. Metaestabilidad
  17. Sistema incompleto. Sistema abierto y estructura disipativa. Sistemas dinámicos
  18. Sistema no lineal y emergencia de propiedades. Equilibrio. Igualdad e identidad
  19. Daño cerebral y mente
  20. La condición humana. Taxonomía y humanidad
  21. El rasgo humano clave. Neotenia y cerebración. Alma
  22. Objetos mentales. Grafo
  23. Mapa neural. Formación de objetos mentales. Sujeto y objeto
  24. Neuronas y cerebro. Transducción
  25. Codificación. Descodificación. Descompresión
  26. Tren de potenciales de acción
  27. Organización columnar y tálamo. Telencefalización. Percepción
  28. Sensibilidad y especificidad
  29. Orden e isomorfismo
  30. Percepción macroscópica confinada. Percepción continua. Células excitables
  31. Potencial de acción y abstracción. Energía para el cerebro
  32. Sistema nervioso frente a sistema hormonal.ley del todo o nada
  33. Entropía y cerebro. Sujeto objetivo
  34. Escala y percepción. Pensar es medir
  35. Conciencia y vida. Principio de emergencia ad hoc
  36. Información y entropía. Verdadero y falso. Cambio de escala y emergencia
  37. Cerebro en red. Confinamiento
  38. Infrasubjetividad e intuición. Vida inconsciente
  39. Concreción. Mente y alfarería
  40. Mecánica cuántica y mente
  41. Coherencia y compatibilidad
  42. Retroacción entre redes.memoria
  43. Algoritmo cortical básico. Propiedad emergente del cerebro
  44. Sujeto consciente. Integración neuronal. Sincronización neuronal
  45. Reentrada. El correlato neuronal de la subjetividad
  46. Inconsciencia, coma y dolor talámico.¿Cómo emerge la conciencia subjetiva?
  47. Emergencia de la subjetividad: el mecanismo íntimo
  48. Complementariedad y subconsciente. Scaling
  49. Recreación de un entrelazamiento en el cerebro. Correlación no local. Foco coherente e interferencia
  50. Entrelazamiento. Recreación en el cerebro de partículas elementales en estado cuántico coherente
  51. Hipótesis acerca de la anatomía morfofuncional de la subjetividad
  52. Recreación de una superposición de estados producto en el cerebro
  53. Predicciones de la hipótesis. Enunciado de la hipótesis

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Determinan el área del cerebro que se activa cuando juzgamos a los demás

Por philosophico - 25 de Mayo, 2008, 23:07, Categoría: General

http://www.tendencias21.net/Determinan-el-area-del-cerebro-que-se-activa-cuando-juzgamos-a-los-demas_a2292.html?preaction=nl&id=1973871&idnl=35378

Determinan el área del cerebro que se activa cuando juzgamos a los demás

Los procesos cognitivos abstractos implican a una región específica de la corteza cerebral

Neurocientíficos del MIT han conseguido definir, utilizando la tecnología de captación de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI), el área del cerebro que se activa cuando emitimos un juicio de valor moral sobre el comportamiento de otras personas. El descubrimiento implicaría que no sólo los procesos cognitivos más sencillos se reflejan en la actividad cerebral, sino que también los procesos cognitivos complejos de mayor nivel están vinculados a áreas concretas de la corteza del cerebro. En este caso, los juicios morales ponen en marcha la unión temporoparietal que es el lugar en el que se encuentran el lóbulo temporal y el lóbulo parietal del cerebro. Se sabe que esta región juega un papel fundamental en los procesos de distinción entre el yo y los demás. Por Yaiza Martínez.

Unión temporoparietal, la región implicada. MIT.

Científicos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), en Estados Unidos, han conseguido definir el área del cerebro que se activa cuando juzgamos si otros se están comportando o no correctamente, desde una perspectiva moral. ¿Qué sucede en el cerebro cuando se emite un juicio de valor de este tipo?
La neurocientífica Rebecca Saxe, del MIT, es una investigadora especializada en el análisis de las bases neuronales y psicológicas de la cognición social (la manera en que la gente interpreta lo que otros piensan), así como en el desarrollo del cerebro social.
Saxe lleva años tratando de entender cómo se producen en el cerebro los juicios morales, cómo se construyen los sistemas de creencias y de qué manera se genera el lenguaje. Es decir, tratando de describir y de dar explicación desde la observación del cerebro a todos aquellos procesos cognitivos que nos hacen específicamente humanos, publica el MIT en un comunicado. Una versión ampliada puede leerse en la revista MIT Tech Talk.
Pero es una ardua tarea, porque estos procesos cognitivos son altamente complejos y, sobre todo, porque los pensamientos y creencias no pueden observarse directamente. Sin embargo, las técnicas para la medición de la actividad cerebral desarrolladas en las últimas décadas abren cada vez más puertas a los neurólogos para el estudio del cerebro.
Área específica
En concreto, la técnica utilizada por Saxe y su equipo de investigadores ha sido la del registro de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI). Esta técnica permite medir la respuesta hemodinámica -o de los flujos sanguíneos del cerebro-, relacionada con la actividad neuronal, es decir, que hace posible saber qué regiones del cerebro se activan cuando la gente está pensando en ciertas cosas.
Gracias a la fMRI, Saxe identificó que existe un área concreta del cerebro que se enciende cuando tratamos de entender porqué los otros actúan como actúan. Este área sería la denominada unión temporoparietal, que es el lugar en el que se encuentran el lóbulo temporal y el lóbulo parietal del cerebro.
Se sabe que esta región cerebral juega un papel fundamental en los procesos de distinción entre el yo y los demás. Por otro lado, daños en ella se han relacionado con la aparición de episodios de experiencias extracorporales. Estas experiencias también han podido inducirse, de manera artificial, mediante la aplicación de estímulos eléctricos a la unión temporoparietal.
Rebecca Saxe. Fuente: MIT.
Otros procesos
Para los científicos, la importancia del descubrimiento radica en que, aunque ya se sabía que algunas partes del cerebro están implicadas en aspectos específicos de la percepción y del control motor del cuerpo, ahora se sabe también que existe una región específica de la corteza cerebral que se encarga de procesos cognitivos abstractos de alto nivel, como el hecho de que comprendamos los pensamientos de otras personas o podamos juzgar sus actos.
Para el estudio, un grupo de voluntarios tuvo que tomar decisiones que implicaban un dilema moral, como darle a un botón que desviaría la ruta de un tren descontrolado ocasionando la muerte de una persona, pero salvando la vida a otras cinco.
Juzgar el comportamiento de otros en estas situaciones requiere de un complejo proceso que depende de más cuestiones, aparte del resultado de dicho comportamiento.
Por ejemplo, nuestros juicios están sometidos a nuestra situación con respecto a la persona que actúa: si un soldado ha puesto una bomba que ha matado a varios civiles, nuestra percepción sobre si el soldado tenía o no la intención de asesinar a civiles dependerá de en qué bando del conflicto nos encontremos.
En futuras investigaciones, Saxe planea estudiar otra cuestión compleja: la manera en que los niños desarrollan creencias relativas a grupos humanos que hayan estado en conflictos de larga duración con su propio grupo social (como musulmanes y serbios en la antigua Yugoslavia), y su efecto en la actividad del cerebro.
Reconocer la intención del otro
El logro de los neurocientíficos del MIT resulta de gran interés, pero no es la primera vez que se identifica actividad cerebral vinculada a procesos de cognición complejos. Hace unos años, neurólogos de la universidad de California consiguieron demostrar que las “neuronas espejo” de nuestro cerebro son capaces no sólo de activarse cuando ven realizar una acción, sino también de reconocer la intención de aquél que la realiza.
Las neuronas espejo son un grupo de neuronas que tienen la facultad de descargar impulsos tanto cuando el sujeto observa a otro realizar un movimiento, como cuando es el mismo sujeto quien lo hace.
Estas neuronas forman parte de un sistema de percepción y de ejecución cerebral que activa las regiones específicas de nuestra corteza motora cuando vemos que se mueve una mano u otra parte del cuerpo de otra persona, como si nosotros mismos también nos moviéramos aunque no lo hagamos.
Pero no sólo sirven para eso, sino que, además, nos ayudan a entender las intenciones de otros, tal y como demostraron entonces los neurocientíficos californianos. Y, aunque estas intenciones se refieren sobre todo a las intenciones motoras, este descubrimiento apunta a que se podría estimular la función de las neuronas espejo para que éstas desarrollem su capacidad y consigan hacer que pacientes con desórdenes como el autismo puedan empatizar con los pensamientos y sentimientos de otros, señalaron los investigadores.

Sábado 24 Mayo 2008

Yaiza Martínez

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La moral está en el cerebro

Por philosophico - 13 de Mayo, 2008, 10:48, Categoría: Inteligencia

La moral está en el cerebro

Domingo, 11 Mayo, 2008
Nuestro cerebro prefiere desperdiciar... con equidad. En Science del viernes pasado, Greg Miller publica un brillante ensayo: “The Roots of Morality”. No se lo pierda. Es extenso, revisa desde aspectos filosóficos hasta las novedades de los últimos años en neurobiología y sus relaciones con los procesos cognitivos. Ábralo en www.sciencemag.org/cgi/content/full/320/5877/734
Miller menciona el más reciente estudio al respecto, publicado también este viernes en la versión en línea de Science. Mientras los cerebros de los participantes eran observados con fMRI (que permiten ver al cerebro en vivo y trabajando), el equipo encabezado por Ming Hsu analizó las respuestas a dilemas como éste: si las condiciones al repartir comida lo exigen, qué prefiere usted ¿reducir su porción a un solo niño, o reducir el total de comidas, pero distribuyendo las pérdidas?
Es el viejo dilema de la izquierda: Cuba es más pobre que México, pero su pobreza está repartida al parejo En otros términos: más alimentos, aunque peor repartidos, o menos alimentos destinados a todos. El hambre de uno o el hambre de todos. ¿Prefiere la eficiencia o la equidad?
Los dilemas morales no son nuevos y circulan profusamente: a quién lanzar al mar cuando una balsa zozobra por peso excesivo de sus ocupantes; los sobrevivientes de un avión accidentado ¿pueden comerse a un herido para no morir todos? Si la pregunta es acerca de un cadáver, hay poca duda: ya ha ocurrido. Un equipo de la Universidad de Virginia toma una aproximación experimental al investigar la moral, tema de incontables disertaciones filosóficas y psicológicas en las que hay poco acuerdo. Uno de los coautores del estudio, Jonathan Haidt, sostiene que la gente se fía en la reacción de sus tripas más que en la de la razón al elegir entre lo correcto y lo incorrecto. No es sino después de haber tomado la decisión cuando se emplea la razón para justificarse. No es muy distinto de lo que ocurre al visitante de un museo al toparse con pinturas que lo afectan, aunque no logre explicar el porqué. Hay un creciente consenso, entre investigadores, de que los juicios ocurren muy rápido y el razonamiento consciente explícito no ocurre “where the action is”, dice Haidt.
Estos automatismos sugieren que el cerebro humano posee instintos morales interconstruidos (built-in). Los neurocientíficos han encontrado mecanismos neurales subyacentes. (Un par de libros maravillosos al respecto: El error de Descartes y En busca de Spinoza, de Antonio Damasio). Que la moral se matiza en cada cultura es evidente hasta lo trivial. Pero hay el equivalente moral de esa gramática generativa de Chomsky expresada en millares de idiomas. La moral puede así observarse bajo la lente de la evolución.
En el estudio de la repugnancia por ciertos actos se ha empleado el dilema del tranvía: un tranvía sin control va directo hacia cinco trabajadores inermes, la única forma de salvarlos es mover una palanca que cambia la vía... y mata sólo a uno. ¿Usted la mueve y salva a cinco... al precio de uno? O prefiere dejar la responsabilidad al azar y la fuerza de gravitación. Quizá la mueve. Pero, si la única forma de salvar a los cinco es arrojar a un gordo al paso del tranvía... Es lo mismo en resultados; no lo es para el cerebro.
Son opciones no muy realistas. De ahí que se prefiera observar imágenes del cerebro ante elecciones posibles. En el artículo en línea citado, Ming Hsu, Cedric Anen y Steven R. Quartz, investigadores de la Universidad de Illinois y del Instituto de Tecnología de California, escanearon cerebros de voluntarios mientras decidían un caso real de cómo distribuir donaciones para un orfanato en Uganda.
Se dijo a los participantes que cada niño recibiría el equivalente monetario de 24 comidas, ayuda real ofrecida por el equipo. Algunas comidas deberían eliminarse de las porciones. En un caso, podían tomarse 15 comidas de un solo niño; o bien, 13 comidas de uno y 5 de otro, con pérdida de 18. En el primer caso, las comidas perdidas son menos, pero la reducción recae en un solo niño. En el segundo, reciben menos comidas, pero la pérdida se reparte. De forma abrumadora, los participantes prefirieron entregar menos comidas con mayor reparto de las pérdidas. La inequidad les pareció más intolerable que la ineficiencia.
Los escaneos cerebrales mostraron que algunas regiones cerebrales —ínsula, putamen y núcleo caudado—se activaron de diversa manera y en diversos momentos del proceso, dice Hsu. La ínsula varió en relación a los cambios de equidad; el putamen, con cambios en la eficiencia. El núcleo caudado pareció integrar ambos aspectos una vez que la decisión estaba tomada.
Los resultados muestran cómo el cerebro codifica dos consideraciones centrales para el cálculo de la justicia distributiva y arroja luz al debate entre razón y sentimiento. www.sciencemag.org/cgi/content/abstract/1153651.

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De las neuronas espejo a la neuropolítica moral

Por philosophico - 6 de Mayo, 2008, 12:55, Categoría: General

De las neuronas espejo a la neuropolítica moral
Gary Olson
Zspace
Traducido para Rebelión por Anahí Seri
En todo el mundo, los profesores, sociólogos, políticos y padres están descubriendo que la empatía puede ser la cualidad más importante que hay que alimentar para darle a la paz la oportunidad de vencer.
Arundhati Rai
Las directrices oficiales no necesitan ser explícitas para que se las comprenda bien: no debe permitirse que demasiada empatía se mueva en direcciones no autorizadas.
Norman Solomon
Steven Pinker, el psicolingüista de Harvard, concluye un reciente artículo sobre la ciencia de la moralidad (2008) con estas palabras de Antonio Chejov, desafiantes pero llenas de esperanza: "El hombre llegará a ser mejor si le muestras cómo es." En este contexto, la fundación sin ánimo de lucro EDGE recientemente preguntó a algunos de los científicos más eminentes del mundo "¿Qué le hace sentirse optimista? ¿Por qué?" Como respuesta, el destacado neurocientífico Marco Iacoboni cita el trabajo experimental que se está prodigando sobre los mecanismo neuronales que revelan que los humanos están "cableados para la empatía". Se trata del descubrimiento, relativamente reciente, del sistema de neuronas espejo (SNE).
El optimismo de Iacoboni se funda en su convicción de que, al divulgarse estos hallazgos científicos, estos recientes descubrimientos de neurociencia calarán en la conciencia pública y ".... este nivel explícito de comprensión de nuestra naturaleza empática en algún momento disolverá los sistemas masivos de creencias que dominan nuestras sociedades y amenazan con destruirnos." (Iacoboni, 2007, p. 14, 2008).
Lo que subyace a todo esto son los experimentos neurocientíficos que muestran que cuando uno percibe el dolor de los otros se movilizan automáticamente los mismos circuitos neuronales afectivos que cuando siente su propio dolor.
En 1996, a través de grabaciones de una sola célula en los macacos, los investigadores informaron del descubrimiento de un tipo de células del cerebro denominadas "neuronas espejo" (Gallese, 1996). Situadas en el área F5 de la corteza premotora, estas neuronas espejo disparaban no sólo cuando el mono realizaba una acción, sino también cuando el mono observaba a otro realizando la misma acción. Las neuronas del mono reflejaban, como en un espejo, la actividad que estaba observando. Posteriormente, cartografiando las regiones del cerebro humano mediante la Resonancia Magnética funcional (RMf), se descubrió que las áreas humanas de las que se suponía que contenían neuronas espejo también comunicaban con el sistema límbico, o emocional, facilitando la conexión con los sentimientos de otra persona, probablemente reflejando estos sentimientos. Se cree que estos circuitos neuronales constituyen la base del comportamiento empático, en el cual las acciones en respuesta a la aflicción de los demás son prácticamente instantáneas. Como dice Goleman, "el que este flujo de la empatía a la acción ocurra de modo tan automático hace pensar en unos circuitos dedicados precisamente a esta secuencia." Por ejemplo, cuando uno oye el grito angustiado de un niño, "la aflicción que siente impulsa la necesidad de ayudar" (Goleman, 2006, p. 60).
La existencia de la empatía, de neuronas espejo, no era más que una inferencia a partir de estos estudios de RMf. Pero en 2007, Iacoboni, el neurocirujano Itzhak Fried y sus asociados en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) estudiaron la actividad cerebral en personas a las que Fried ya había cableado, intentando dar con los orígenes de los ataques de epilepsia. Insertando electrodos en los lóbulos frontales, este equipo de científicos identificó varias neuronas espejo que se activaban con la realización y también con la observación de una actividad.
Valayanur Ramachandran, director del Centro del Cerebro y la Cognición en la Universidad de California en San Diego (UCSD), observa: "Decíamos, usando una metáfora, 'siento el dolor del otro', pero ahora sabemos que mis neuronas espejo pueden sentir, literalmente, tu dolor." (Slack, 2007). Ramachandran, que las llama "neuronas de empatía" o "neuronas Dalai Lama", escribe que "Esencialmente, la neurona es parte de una red que te permite ver el mundo "desde el punto de vista de otra persona", de ahí el nombre 'neurona espejo' ". (Ramachanddran, 2006).
Giacomo Rizzolatti, el neurocientífico italiano que descubrió las neuronas espejo, señala que este sistema cableado es lo que nos permite "captar las mentes de los demás no a través de un razonamiento conceptual sino a través de una estimulación directa de los sentimientos, no con el pensamiento" (Rizzolatti en Goleman, 2006). Como hace notar Decety, la empatía nos permite "forjar conexiones con gente cuyas vidas parecen totalmente ajenas a nosotros" (Decety, 2006, p.2). Cuando se carece de una experiencia comparable, esta "empatía cognitiva" se construye sobre la base neural y nos permite "proyectarnos activamente dentro de otra persona" intentando imaginar la situación de la otra persona (Preston, en prensa), Preston y de Waal (2002). La empatía está "dirigida hacia el otro" y reconoce la cualidad humana del otro. No es sorprendente que algunos científicos piensen que el descubrimiento de las neuronas espejo es el hallazgo neurológico más importante desde hace décadas, y que podría rivalizar con lo que el descubrimiento del ADN significó para la biología. (Ramachandran, 2006).
Hay un paralelismo entre la neurociencia de la empatía y las investigaciones que se están desarrollando en campos relacionados. Hace unos cuarenta años, la célebre primatóloga Jane Goodall observó y escribió sobre las emociones de los chimpancés, sus relaciones sociales y la "cultura de los chimpancés", pero los expertos mantuvieron un gran escepticismo. Hace una década, el famoso etólogo especialista en primates Frans B.M. de Waal (1996) escribió sobre los antecedentes de la moralidad en "Bien Natural: Los orígenes del bien y del mal en los humanos y los otros animales", pero el consenso científico aún se hacía de esperar. Todo ello ha cambiado. Como afirma un reciente editorial de la revista Nature (2007), hoy es un "hecho incontestable" que las mentes humanas, incluidos los aspectos del pensamiento moral, son el producto de la evolución a partir de primates anteriores. Según de Waal, "ya no hay debate". En su obra más reciente, de Waal argumenta de forma convincente que la moralidad humana – incluida la capacidad de sentir empatía – es un subproducto natural, o una herencia de comportamiento de nuestros parientes evolutivos más próximos.
Siguiendo a Darwin, unos estudios muy sofisticados hechos por los biólogos Robert Boyd y Peter Richerson postulan que la cooperación a gran escala dentro de la especie humana (incluso con individuos no emparentados genéticamente dentro de un grupo) fue favorecida por la selección. (Hauser, 2006, p. 416) La evolución selección el rasgo de la empatía porque el hecho de entenderse con los demás entraña ventajas para la supervivencia. En su libro People of the Lake ("La gente del lago")(1978), el paleoantropólogo de fama mundial Richard Leakey declara categóricamente: "Somos humanos porque nuestros antepasados aprendieron a compartir su comida y sus habilidades en un red de compromisos que se cumplían."
Hay estudios que demuestran que la empatía está presente en niños de muy corta edad, incluso de 18 meses o aún menores. En el mundo de los primates, Warneken y sus colegas en el
Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, hallaron recientemente que los chimpancés prestan ayuda incluso a chimpancés no emparentados y a humanos que no conocen, aún cuando eso les supone una molestia y sin que tengan expectativas de recompensa. Esto sugiere que la empatía puede explicar esta tendencia natural de ayudar, y que fue un factor en la vida social del antepasado común de chimpancés y humanos cuando sus líneas se dividieron, hace unos seis millones de años (New Scientist, 2007; Warneken y Tomasello, 2006). Actualmente ya no se cuestiona que compartimos las facultades morales con otras especies (de Waal, 2006; Trivers, 1971; Katz, 2000; Gintis, 2005; Hauser, 2006; Bekoff, 2007; Pierce, 2007). Pierce señala que hay "innumerables anécdotas de elefantes que muestran empatía hacia animales enfermos y moribundos, emparentados o no (2007, p. 6). Y recientes investigaciones en Kenia demuestran de forma incontestable el duelo exteriorizado del elefante, su empatía hacia otros elefantes muertos.
Mogil y su equipo en la Universidad McGill demostraron recientemente que los ratones sienten ansiedad cuando observan a otros ratones que sienten dolor. Concluyeron, de forma provisional, que los ratones empleaban pistas visuales para la generación de esta respuesta empática (Mogil, 2006; Ganguli, 2006). De Waal responde así al estudio: "Se trata de un hallazgo muy significativo, que debería abrir los ojos de la gente que piensa que la empatía se limita a nuestra especie." (Carey, 2006)
Además, Grufman y otros científicos en los Institutos Nacionales de Salud han proporcionado pruebas persuasivas de que las acciones altruistas activan una parte primitiva del cerebro, dando lugar a una respuesta placentera (2007). Y las recientes investigaciones de Koenigs y sus colegas (2007) indican que dentro de la corteza prefrontal, la corteza prefrontal ventromedial (VMPC) es necesaria para las emociones y los juicios morales. Los daños en la VMPC se han relacionado con comportamientos psicópatas, y los individuos con tendencias psicópatas muestran una gran carencia de empatía. (Blair, 2005, pp. 53-56)
Un estudio a cargo de Miller (2001) y sus colegas sobre la demencia frontotemporal (DFT) también resulta instructiva. La DFT ataca los lóbulos frontales y los lóbulos temporales anteriores, donde reside la conciencia de sí mismo. Un primer síntoma de DFT es la pérdida de empatía, y la actividad de las ondas cerebrales de las neuronas espejo en los individuos autistas muestra que no disparan correctamente.
Si bien hay razones para mantenerse escéptico (véase más abajo) en relación con las implicaciones políticas progresistas que se desprenden de estos trabajos, un cuerpo de pruebas empíricas impresionantes revela que las raíces del comportamiento prosocial, incluidos sentimientos morales como la empatía, preceden a la evolución de la cultura. Este trabajo apoya los escritos visionarios de Noam Chomsky sobre el instinto moral humano y su afirmación de que, si bien los principios de nuestra naturaleza moral no se han llegado a comprender bien, "no cabe duda de su existencia y de su función central en nuestras vidas intelectuales y morales." (Chomsky, 1971, n.p., 1988; 2005, p. 263)
En su influyente libro "Ayuda mutua"(1902), Petr Kropotkin, naturalista, geógrafo y anarquista revolucionario ruso mantuvo que ". . . en cualquier circunstancia la sociabilidad es la mayor ventaja en la lucha por la vida. Aquellas especies que la abandonan están condenadas a la decadencia." La cooperación proporcionaba una ventaja evolutiva, una "estrategia" de supervivencia natural.
Kropotkin no tuvo inconveniente en admitir la función de la competencia, pero afirmó que la ayuda mutua era un "instinto moral" y una "ley natural". Basándose en sus amplios estudios del mundo animal, pensaba que esta predisposición a ayudarse mutuamente (la sociabilidad humana) era de "origen prehumano". Killen y Cords, en un artículo titulado "Prince Kropotkin's Ghost (El fantasma de Kropotkin)," sugieren que la investigación reciente en psicología del desarrollo y primatología parece confirmar las afirmaciones que hizo Kropotkin hace un siglo (2002).
Así pues, ¿dónde estamos? Si la moralidad tiene sus raíces en la biología, en la materia prima o los ladrillos para la evolución de su expresión, tenemos ahora pendiente un matrimonio fortuito entre las ciencias duras y la moralidad laica en su sentido más profundo. Los detalles técnicos del análisis neurocientífico social que apoya estas afirmaciones quedan fuera de este artículo, pero baste con señalar que se está avanzando a un ritmo exponencial, que los nuevos descubrimientos son persuasivos (Iacoboni, 2008; Lamm, 2007; Jackson, 2006) y nuestra comprensión de la empatía ha aumentado dramáticamente en apenas una década.
Dicho lo cual, uno de los problemas más fastidiosos que quedan por explicar es por qué se ha avanzado tan poco en lo que supone extender esta orientación empática hacia las vidas distantes, a aquellos que se encuentran fuera de determinados círculos morales de camarillas. Es decir, dado un mundo colmado de violencia abierta y estructural, nos vemos obligados a explicar por qué nuestra intuición moral profundamente arraigada no tiene mayor efecto de mejora, por qué no produce un mundo más pacífico. Iacoboni sugiere que esta desconexión se explica por los sistemas masivos de creencias, incluidos los políticos y los religiosos, que operan a nivel de reflexión y deliberación. Como nos recuerda de Waal, desde el punto de vista evolutivo, la empatía es el punto de partida original del cual emanaron la cultura y el lenguaje. Pero a lo largo del tiempo, la cultura filtra e influye en el modo en que la empatía evoluciona y se expresa. (de Waal, 2007, p. 50) Estos sistemas de creencias tienden a invalidar los rasgos automáticos, pre-reflexivos, neurobiológicos que deberían unir a la gente. Iacoboni plantea como hipótesis la presencia de lo que él denomina súper neuronas espejo en el lóbulo frontal del cerebro. Estas super neuronas espejo, más complejas, muy desarrolladas, tal vez controlen a las neurones llamadas de bajo nivel, o clásicas. Esta investigación, que podría considerarse que hoy por hoy constituye la cúspide de los trabajos más avanzados en neurociencias, se encuentra es una fase preliminar, pero es posible que los futuros estudios sugieran cómo la resistencia cognitiva consigue clasificar, inhibir o modular de otro modo las respuestas neurofisiológicas.
Así pues, hay que proceder con cautela. En primer lugar, hay que advertir que el contexto social y las condiciones que desencadenan la respuesta son críticas, ya que, cuando existe una manipulación de la élite, consciente y masiva, se vuelve cada vez más difícil entrar en contacto con nuestras facultades morales. Ervin Staub, un investigador pionero en este campo, admite que incluso si la empatía tiene sus raíces en la naturaleza, las personas no se guiarán por ella ".... a menos que tengan un cierto tipo de experiencias vitales que dirijan su orientación hacia otros seres humanos y hacia sí mismos" (Staub, 2002, p. 222). Como dice Jensen, "El modo en que se nos educa y se nos entretiene evita que nos enteremos, o que entendamos, el dolor de los demás " (2002, 2008). Las circunstancias pueden bloquear o abrumar nuestras percepciones, volviéndonos incapaces de reconocer y dar expresión a nuestros sentimientos morales (Albert, n.d.; y también, Pinker, 2002). Por ejemplo, si se infunde temor de una escasez creada artificialmente, esto puede atenuar la respuesta empática.
Luego están las limitaciones a las que están sujetas las imágenes poderosas que podrían despertar profundas emociones en el público americano. Un ejemplo es la reciente destrucción de las cintas de video de la CIA en las que se ve la tortura de prisioneros. El centro médico regional de Landstuhle, en Alemania, que acoge de forma habitual soldados procedentes de Irak con grotescas mutilaciones, no permite fotografías, y los periodistas son supervisados por escoltas militares. Y sabemos que el Pentágono prohibe la cobertura fotográfica en los medios de comunicación de los restos de soldados que salen de la base aérea alemana Ramstein o de los ataúdes que regresan a Dover, Delaware. (Tami Silco, quien tomo la foto, ahora célebre, de 20 ataúdes envueltos en banderas que salían de Kuwait, perdió su empleo.) Asimismo, se prohíbe la cobertura de los funerales por los caídos, incluso si la unidad da su aprobación.
La segunda nota de advertencia es la observación de Hauser (2006) de que la proximidad fue sin lugar a dudas un factor en la expresión de la empatía. En nuestro pasado evolutivo, el apego a la familia humana más amplia era prácticamente incomprensible y por tanto se carecía de la conexión emocional. Joshua Greene, filósofo y neurocientífico, añade que "Evolucionamos en un mundo en el que teníamos delantea personas en apuros, por tanto nuestras emociones sintonizaban con ellas, pero no nos enfrentábamos al otro tipo de situación." Sugiere que el extender esta moralidad inmediata, ligada a la emoción (basada en circuitos fundamentales del cerebro) a víctimas que no vemos requiere que se preste menos atención a la intuición y más a la dimensión cognitiva. Si este límite no es artificioso, parecería, como mínimo, circunstancial, y así pues merecería que se reevaluará la moralidad (Greene, 2007, n.p.). Dadas algunas de las dimensiones positivas de la globalización, el potencial de identificarse con el "extraño" nunca ha sido más prometedor.
Pero no en todos los casos. Carlisle (2007) señala que a través del empleo de la tecnología (incluido el matar a gran distancia, y nuevos tipos de entrenamiento) el ejército ha intentado desensibilizar y sortear la respuesta empática natural que la mayoría de los soldados sienten hacia sus adversarios. Advierte que "... con menos oportunidades de conseguir unos reflejos del sufrimiento de otros humanos, que dan lugar a la empatía, con el tiempo es posible que nuestra capacidad para la empatía desaparezca del todo." Para un atento estudio de la aversión humana innata hacia quitar la vida, y de cómo el ejército ha condicionado a los soldados para que lo superen (con el consiguiente daño psicológico) la mejor referencia es Lt. Col. David Grossman, On Killing (1996).
Puede ser útil, como sugiere Halpern (1993, p. 169), pensar en la empatía como una especie de chispa de la curiosidad natural, que despierta la necesidad de comprender mejor, y un cuestionamiento más profundo. Sin embargo, nuestra comprensión de cómo o en qué medida se sigue de ahí un compromiso político, sigue siendo muy limitada, y queda mucho trabajo por hacer. Hace casi un siglo, Stein (1917) se refirió a la empatía como a la "experiencia de la conciencia ajena en general". La película Diarios de motocicleta de Salles trata de la empatía, si bien de forma indirecta. La película sigue a Ernesto Guevara de la Serna y su amigo Alberto Granada en un viaje de ocho meses por Argentina, Peru, Colombia, Chile y Venezuela.
Cuando sale de su barrio residencial de clase media alta (su padres es arquitecto) en Buenos Aires en 1952, Guevara tiene 23 años y le queda un semestre para licenciarse en medicina. Los jóvenes se embarcan en una aventura, deciden echar una cana al aire antes de establecerse e iniciar una vida acomodada. Les interesan las mujeres, la diversión y la aventura, y desde luego que ni buscan ni esperan un odisea que cambie sus vidas.
El poder de la película estriba en la forma en que se describe cómo nace la conciencia política de Guevara, a consecuencia de una acumulación de experiencias no filtradas. Durante su viaje de 5.000 km, se encuentran con pobreza masiva, explotación y condiciones de trabajo brutales, todo ello consecuencia de un orden económico internacional injusto. Al final, Guevara abandona la idea de ser médico porque la medicina se limita a tratar los síntomas de la pobreza. Para él, la revolución se convierte en la expresión de la empatía, la única forma efectiva de tratar las raíces del sufrimiento. Esto requiere fusionar el componente cognitivo de la empatía con el compromiso, con la resistencia contra el poder asimético, siempre un acto inherentemente político. Si no, la empatía carece de significado. (Esto guarda un cierto paralelismo con la práctica política de brahma-viharas por parte de budistas comprometidos.) En sus propias palabras, que se citan a menudo (no se incluyeron en la película), Guevara afirmó que "el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".
Paul Farmer, antropólogo médico, especialista en enfermedades infecciosas y activista internacional de salud pública, contemporáneo, ha adoptado unas tácticas distintas, pero su diagnóstico de las "patologías del poder" se parece mucho al de Guevara. Él también alaba los programas de salud de Cuba, comparándolos con su larga experiencia de trabajo en Haití. Ambos estuvieron muy motivados por la creencia de que las epidemias artificiales tienen su origen en estructuras socioeconómicas injustas, de ahí la necesidad de una medicina social, una "política como medicina a gran escala". Ambos veían la "política como medicina a gran escala"y se comprometieron a actuar en nombre de los pobres. Ambos son un ejemplo excepcional de algo que se sale de la norma social, empatía comprometida y una interrelación de componentes afectivos, cognitivos y morales. Véase la radical crítica que hace Farmer de la violencia estructural y las conexiones entre enfermedad y desigualdad social en (Farmer, 2003; Kidder, 2003). Una vez más, queda por explicar por qué hay tal escasez de ejemplos de comportamiento empático en el mundo real. ¿Por qué se caracteriza la cultura de USA por un déficit masivo de empatía de proporciones casi patológicas? ¿Y que cabría esperar, razonablemente, de una comprensión pública más amplia de la naturaleza de la empatía?
Hauser postula una "gramática moral universal", cableada en nuestros circuitos neurales a través de la evolución; esta maquinaria neural es anterior a las decisiones conscientes en situaciones de vida o muerte. Sin embargo, ovservamos que "la crianza entra en juego para fijar los parámetros y guiarnos hacia la adquisición de unos sistemas morales particulares." En otro lugar, Hauser sugiere que los factores ambientales pueden impulsar a los individuos hacia una razonamiento moral defectuoso, y los diversos resultados para una cultura local dada son prácticamente ilimitados. (Hauser, 2006) Para mí, esta discusión sobre la variación cultural no presta suficiente atención a las variables socioeconómicas responsables de configurar la cultura. Como argumenta Goldschmidt, "todo tiene que ver con la calidad de la justicia y la disponibilidad de oportunidades " (2006, p. 151) Anteriormente, Goldschmidt (1999, n.p.) había razonado que "unos motivos derivados de la cultura puedn sustituir, suplemetar o dejar sin efecto un comportamiento programado genéticamente."
Insisto en ello: los datos neurofisiológicos apoyan decisivamente la idea de que la moralidad se funda en la biología. Como plantea Greene, no es algo que recibamos "desde arriba", de las altas autoridades religiosas o los filósofos, sino algo que surge "desde abajo", como consecuencia de los procesos evolutivos del cerebro. (Greene en Vedantam, 2007). Ahora bien, como Rizzolatti y Craighero (2006) hacen bien en recordarnos, "Para usar el mecanismo de espejo (un mecanismo biológico) estrictamente de una forma positiva, hace falta añadir algo, algo cultural."
No se puede defender ni una explicación biológica reductivista ni un argumento en el sentido de que "la cultura siempre puede más que la naturaleza". En vez de eso, yo me siento cómodo con lo que el teórico político William Connolly (2002) describe como ". . . una política a través de la cual la vida cultural interviene en la composición del proceso cuerpo / cerebro. Y vice versa." (Connolly, quien que yo sepa es la primera persona que utiliza el término neuropolítica, no se ocupa, en su erudito estudio, de la relación entre las neuronas espejo y la política de la empatía.)
El reciente trabajo de Molnar-Szakacs y sus colegas sugiere que los estímulos culturales producen una impronta e influyen en determinadas respuestas neurobiológicas, y en el comportamiento subsiguiente. Además, la cultura y la identidad étnica de quienes transmiten el mensaje parecen constituir una variable crítica. Empleando la estimulación magnética transcraneal (EMT) encontraron una diferencia significativa, mensurable, en la actividad de las neuronas espejo en sus sujetos, según la persona que transmitía la información compartiera, o no, las características culturales y étnicas del sujeto. Molnar-Szakacs concluyen: "Nuestros datos demuestran que tanto la etnicidad como la cultura interaccionan para influir en la actividad del cerebro, específicamente dentro de la red de neuronas espejo que interviene en la comunicación e interacción social." (Molnar-Szakacs, 2007; Preston, 2006; y en prensa). Si bien parece precipitado extraer conclusiones firmes de esta investigación muy preliminar, sin duda está garantizado que se va a seguir investigando sobre los lazos entre la cultura y la codificación de las neuronas espejo, sobre todo por la posibilidad de unas profundas implicaciones políticas.
Aquí volvemos a nuestra cuestión anterior sobre la relativa ausencia de respuestas empáticas amplias dentro de la sociedad. Las culturas rara vez son fenómenos neutros, inocentes, sino que se organizan conscientemente para premiar a determinadas personas y penalizar a otras. Como Parenti (2006) razona convincentemente, determinados aspectos de la cultura pueden funcionar como instrumentos de poder social y dominio social a través del adoctrinamiento ideológico.
La cultura es un terreno muy reñido, y su estudio puede revelar cómo se ejerce el poder, y en nombre de quién. Aquí el manual es el análisis clásico de Gramsci (1971) de la hegemonía cultural en la cual el capitalismo mantiene el dominio, en parte, creando de modo sutil pero activo las normales culturales que prevalecen en la sociedad. Este control consensuado se logra a través de los medios de comunicación de masas, la educación, la religión y la cultura popular, a medida que las clases subordinadas asimilan ciertas ideas como "sentido común".
Cohen y Rogers, analizando la crítica de Chomsky de las elites, señalan que " Una vez que existe un orden injusto, quienes se benefician de él tienen un interés por mantenerlo, y, en virtud de sus ventajas sociales, tienen también el poder para hacerlo." (Cohen, 1991, p. 17) (Véase un tratamiento conciso, pero no carente de crítica, de los puntos de vista sociales y éticos de Chomsky en Cohen, 1991.) Claramente, la tan alardeada capacidad humana para la comunicación verbal funciona en ambos sentidos. En las manos equivocadas, a menudo se abusa de esta capacidad, ahogando conscientemente la respuesta empática. Cuando de Waal escribe "Los animales no son filósofos morales", yo me pregunto, si al hacer esta comparación, no se estará manifestando a favor de ellos. (de Waal, 1996b, n.p.)
Uno de los métodos que se emplean en las democracias capitalistas es la "fabricación del consentimiento" de Chomsky y Herman, una forma muy sofisticada de control del pensamiento. A los ciudadanos potencialmente activos hay que " distraerlos de sus intereses reales, y confundirlos deliberadamente sobre el modo en que funciona el mundo." (Cohen, 1991, p. 7; Chomsky, 1988)
En este ensayo, y siguiendo a Chomsky, yo mantengo que el cerebro humano es el primer objetivo de esta "crianza" perversa, o propaganda. En el contexto de este artículo podríamos reformularlo diciendo que la red de neuronas espejo del cerebro humano es el objetivo al que va dirigida esta fabricación de ignorancia e indiferencia porque la exposición a determinadas nuevas verdades acerca de la empatía (pruebas incontestables de nuestra naturaleza moral innata) suponen una amenaza directa a los intereses de las elites. No hay ningún fantasma en la máquina, pero la maquinaria capitalista intenta mantener a la gente a raya con un fantasma ideológico, la noción de una identidad construida sobre los valores de mercado. Pero ". . . si nadie se viera a sí mismo como el capitalismo necesita que se vea, la propia dignidad de cada persona evitaría que el sistema los explotara y manipulara." (Kelleher, 2007) Es decir, dada la aparente universalidad de esta predisposición biológica hacia la empatía, contamos con una potente línea de fondo científica desde la cual lanzar nuevas críticas a la manipulación por las elites, este culto a la crueldad.
En primer lugar, los orígenes evolutivos y biológicos de la empatía aportan pruebas empíricas sólidas (no se trata de pensamientos ilusorios, ni siquiera de inferencias lógicas) a favor de la construcción de unas sociedades muchísimo mejores. En esa línea, estas nuevas investigaciones son del todo coherentes con el trabajo sobre la naturaleza del amor auténtico y la expresión concreta de ese amor en forma de afecto, esfuerzo, responsabilidad, valentía y respeto. Como nos recuerda Eagleton, si los demás también se apuntan a este comportamiento " . . . el resultado es una forma de servicio recíproco que brinda el contexto en el que puede prosperar cada individuo. El nombre que tradicionalmente se le da a esta reciprocidad es amor." Dado que la reciprocidad exige la igualdad y poner fin a la explotación y la opresión, se sigue que "el tratar a los demás de forma justa y compasiva es, a gran escala, una de las condiciones para que el individuo pueda desarrollarse." Y en cuanto animales sociales, cuando actuamos de este modo estamos haciendo realidad nuestra naturaleza "en su aspecto más excelente". (2007, pp. 170, 159-150, y 173). (Allot (1992) proporcionó, hace ya tiempo, in informe de la historia evolutiva del amor y su significado para el desarrollo y la supervivencia humana.)
El ansia depredadora, la crueldad, la barbarie, etc., son también aspectos de nuestra naturaleza, que tienen sus orígenes evolutivos y sus correlatos neuronales. Como ha escrito Chomsky, "Si ves a alguien matar a un niño a palos, deberías decir, "bueno, eso es la naturaleza humana" y ciertamente lo es: sin duda hay condiciones bajo las cuales la gente actúa precisamente así. En la medida en que esta afirmación es cierta, y esa medida existe, simplemente no es relevante: la naturaleza humana también tiene la capacidad de conducir hacia el altruismo, y la cooperación, y el apoyo, y la solidaridad, y una tremenda valentía, y muchas más cosas." (Chomsky, 2002, p. 356) La cuestión crítica es cómo determinar qué es lo que va a prevalecer, cómo hacer realidad una forma de entorno global que aumente las oportunidades de que florezca el aspecto empático de nuestra naturaleza.
Como he señalado en otro lugar, el clásico de Fromm El arte de amar es un virulento ataque a las fuerzas sociales y económicas que nos niegan la experiencia más gratificante de la vida y "la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana". Para Fromm, el entender cómo la sociedad configura nuestros instintos humanos, y por tanto nuestro comportamiento, es a su vez la clave para comprender por qué el "ama a tu prójimo", el amor hacia el desconocido, es algo tan difícil de alcanzar en la sociedad moderna.
La cultura capitalista global que premia la acumulación y los beneficios no sólo devalúa la actitud empática, sino que da lugar a un carácter atrofiado en el cual todo se transforma en una mercancía, no solamente las cosas, sino los propios individuos. La misma capacidad de practicar la empatía (el amor) se subordina a nuestra religión de estado del mercado, en el cual cada persona busca su beneficio en una competencia alienante e interminable, ávida de mercancías.
Hace más de cinco décadas, Fromm argumentó, de manera convincente, que "los principios de la sociedad capitalista y los principios del amor son incompatibles." (Fromm, 1956, p. 110) Toda persona honesta sabe que las características principales de la sociedad capitalista tienden a producir individuos alienados de sí mismos, personalidades tullidas a quienes se les ha robado su humanidad, y que están en una lucha perpetua por expresar el amor empático. No es de extrañar que Fromm creyera que se necesitan cambios radicales en nuestra estructura social e instituciones económicas si la empatía / el amor han de ser algo más que un extraño logro individual y un fenómeno socialmente marginal. Él comprendió que esto sólo será posible cuando el sistema económico esté al servicio de los hombres y mujeres, y no al contrario (Olson, 2006).
La narrativa cultural dominante del hiper individualismo se está poniendo en duda, y se está minando esa estrategia insidiosa y efectiva consistente en convertir la naturaleza humana en el chivo expiatorio, diciendo que a todos nos mueve el interés egoísta y rapaz, que "el hombre es un lobo para el hombre". Desde el pecado original hasta el "gen egoísta" actual, ciertas interpretaciones de la naturaleza humana, invariablemente, han frenado la conciencia de clase. Los resultados de estas nuevas investigaciones contribuyen a refutar la aseveración de que las personas son, por naturaleza, poco cooperativas, un argumento al que se recurre con frecuencia para intimidar y convencer a la gente de que es fútil buscar una mejor sociedad para todos. Si se le desprende de otra racionalización más del imperio, el comportamiento depredador en nombre del modo capitalista de producción se hace más transparente aún. Y aprender acerca de la inhibición consciente de este núcleo esencial de nuestra naturaleza debería eludir las preguntas inquietantes sobre los motivos que se ocultan detrás de otras ideologías generadas por las elites, desde el neo-liberalismo hasta la "guerra al terrorismo."
En segundo lugar, hay implicaciones para estudiantes y profesores. El cultivar el compromiso empático a través de la educación sigue siendo una empresa que no se comprende bien. Los estudiantes universitarios, por ejemplo, tal vez oigan "los gritos de la gente", pero las ondas de sonido morales se amortiguan al pasar por una serie de poderosos deflectores culturales. Williams (1986, p. 143) señala que "Aunque puedan ser modelos de compasión y generosidad para quienes se encuentran en sus círculos inmediatos, muchos de nuestros alumnos tienen un punto ciego en lo que respecta a sus responsabilidades en el orden sociopolítico. En el lenguaje tradicional, se les da bien la caridad y mal la justicia."
Nussbaum (1997) defiende el plan de educación americana liberal en cuanto que cultiva una imaginación empática. Mantiene que el comprender las vidas de los desconocidos y alcanzar una ciudadanía global cosmopolita puede conseguirse a través de las artes y la humanidades. No hay muchas pruebas sólidas que apoyen este optimismo, y mi propia visión sobre las prácticas que fomentan la empatía en las universidades de USA es bastante menos entusiasta. Nussbaum da ejemplos anecdóticos de gente que se pone en el lugar de otras personas, pero rara vez da una respuesta plausible a la pregunta de por qué estas personas tal vez carezcan de lugar; o de un trabajo decente, una mínima cobertura sanitaria, una esperanza de vida elevada. El espacio dentro de los contextos educativos está totalmente infrautilizado, en parte porque no sabemos suficiente acerca de los intersticios propicios donde la pedagogía crítica podría marcar la diferencia. Se podría decir que la barrera más importante es la duda cínica, casi desesperante acerca de la existencia de un instinto moral de empatía. Las nuevas investigaciones aplacan esta duda y hacen bien en poner el énfasis en estrategias destinadas a cultivar la empatía e identificarse con "el otro". Unir las dimensiones afectivas y cognitivas de la empatía tal vez requiera una versión arriesgada de pedagogía radical (Olson, 2006, 2007a; Gallo, 1989). Una consecuencia fascinante es que el carácter percibido del profesor al que se "refleja" puede ser, al menos, tan importante como el mensaje que se imparte. Las pruebas obtenidas en una situación lúdica con estudiantes de medicina apuntan convincentemente a que las respuestas empáticas se pueden intensificar de forma considerable cuando se tiene mayor conocimiento de las necesidades específicas de los demás – en este caso, los ancianos (Varkey, 2006). Es probable que unas experiencias anteriores limitadas afectarían a la respuesta emocional del individuo. Una vez más, se trata de una cuestión de cultura política / adquisición de información que debe seguir estudiándose.
En tercer lugar, para mucha gente la incompatibilidad fundamental entre el capitalismo global y la expresión viva de los sentimientos morales puede llegar a resultar obvia por primera vez. (Olson, 2006, 2005) Por ejemplo, la incapacidad de experimentar este sentimiento moral tiene implicaciones radicales, entre ellas consecuencias para el planeta. Dentro de los próximos 100 años, se habrán extinguido la mitad de las especies que existen en la actualidad. Los grandes simios, los osos polares y los elefantes van de camino a la extinción debido al crecimiento desaforado, la destrucción del hábitat y la caza furtiva. Serán estas actividades humanas, y no la extinción aleatoria, las que anularán millones de años de evolución (Purvis, 2000). Como dice Leakey, "Como quiera que lo miremos, estamos destruyendo la Tierra a una velocidad comparable con la de un asteroide gigante que se estrella contra el planeta. . . ." Y los investigadores en la Universidad McGill han demostrado que la desigualdad económica está relacionada con una tasa elevada de pérdida de biodiversidad. El autor sugiere que las reformas económicas pueden ser el requisito previo para salvar la riqueza del ecosistema e insisten en que ". . . si podemos aprender a compartir los recursos económicos de manera más justa con los demás miembros de nuestra especie, tal vez esto ayude a compartir los recursos ecológicos con las demás especies." (Mikkelson, 2007, p. 5)
Si bien uno duda a la hora de atribuir demasiado potencial de transformación a esta capacidad emocional, es perfectamente coherente llamar más la atención sobre la empatía inter especies y la eco empatía. Esta última puede ser esencial para la protección de las comunidades bióticas. Decety y Lamm (2006, p. 4) nos recuerdan que "uno de los aspectos más chocantes de la empatía humana es que puede ir dirigida hacia cualquier individuo, incluso a individuos de una especie distinta."
Esto ya se prefiguró hace al menos cincuenta años, cuando Paul Mattick, escribiendo sobre la noción de ayuda mutua de Kropotkin, señaló que ". . . Desde hace mucho tiempo, sin embargo, la supervivencia en el mundo animal no sólo depende de la práctica de, o bien la ayuda mutua o la competencia, sino que viene determinada por decisiones de los hombres sobre qué especies deben prosperar y cuáles deben ser exterminadas. . . . Allí donde gobierna el hombre, las "leyes de la naturaleza" dejan de existir." Esto es igualmente aplicables a los humanos, y Mattick observó, con razón, que las demandas de la acumulación de capital y las relaciones sociales capitalistas anulan y excluyen la ayuda mutua. Como tales, los resultados de la neurociencia son bienvenidos y necesarios, pero son en sí mismos insuficientes. Para que reine la empatía, deben desaparecer las relaciones de clase (Mattick, 1956, pp. 2-3).
En cuarto lugar, y esto es igual de preocupante para las elites, la conciencia de esta realidad contiene el potencial para fomentar unas actitudes cosmopolitas que "desestabilizan" pero afirman la humanidad hacia el "otro" desconocido, tanto aquí como en el extranjero. Como tan bien lo dice de Waal, "la empatía puede anular cualquier regla sobre cómo tratar a los demás." (de Waal, 2005, p. 9) Amin (2003), por ejemplo, propone que la nueva Europa reciba un nuevo marco en una ética de empatía y compromiso con el desconocido como su valor nuclear. La disminución de la empatía dentro de la cultura reduce el comportamiento prosocial y la cohesión social. Dadas las peligrosas fuerzas centrífugas del etnonacionalismo y la xenofobia, resulta absolutamente necesario este tema unificador, que al mismo tiempo abrirá un espacio a una Europa aún no definida, un pueblo del futuro.
Finalmente, como observa de Waal, "Si fuéramos capaces de ver a la gente de otros continentes como parte de nosotros, incluyéndolos en nuestro círculo de reciprocidad y empatía, estaríamos basándonos en la naturaleza , en vez de ir en contra de ella." (de Waal, 2005, p. 9) Una ética de la empatía constituye una parte esencial de lo que significa ser humano, y las sociedades que carecen de ella, las sociedades que no satisfacen esta necesidad, deberían ser deficientes. Se nos ha negado, de forma sistemática, un compromiso más profundo y más gratificantes con este sentimiento moral. Yo diría que la enorme cantidad de engaños y fraudes que se invierten para dejar sin efecto la empatía son un motivo de esperanza, de optimismo prudente. Paradójicamente, la relativa ausencia de un comportamiento empático generalizado es, de hecho, un valioso tributo a su poder potencialmente subversivo.
¿Es excesiva la esperanza de que estamos a punto de descubrir un punto fijo arquimediano moral, con base científica, en el que podamos hacer palanca para dirigir el discurso público hacia una apreciación de nuestra auténtica naturaleza, la cual, a su vez, podría liberar poderosas fuerzas de emancipación?
Agradecimientos:
Una versión muy abreviada de este artículo apareció en www.zmag.org (5/20/07) y fragmentos en www.identitytheory.com (10/16/07). Quiero agradecer los interesantes comentarios que hicieron sobre los primeros borradores N. Chomsky, D. Dunn, M. Iacoboni, K. Kelly, S. Preston, y J. Wingard. Gracias, como siempre, a M. Ortiz.
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Gary Olson, Ph.D. es el catedrático del Departamento de Ciencia Política en el Moravian College en Bethlehem, PA. Se le puede localizar en olson@moravian.edu.

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Francisco Mora "La neurocultura es una forma de entender al ser humano"

Por philosophico - 19 de Abril, 2008, 0:25, Categoría: Percepción

EL EXPERTO FRANCISCO MORA ASEGURA QUE "LA NEUROCULTURA ES UNA FORMA NUEVA DE ENTENDER EL SER HUMANO"
El doctor en Neurociencias disertó el pasado jueves, 17 de abril, sobre el concepto Neurocultura en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria, centro adscrito a la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias
Mora fue desmenuzando, a lo largo de su conferencia, una serie de claves fundamentales para entender el funcionamiento del cerebro del ser humano. A su juicio, hay que tener siempre en cuenta que "el hombre es espejo y creador del mundo que le rodea"
"La neurocultura es, sin duda, una forma nueva de entender el ser humano. Esperamos, además, que nos ayude a cambiar, para mejor, el mundo en que vivimos". De esta forma se expresó ayer el doctor en Neurociencias, Francisco Mora. El experto impartió una conferencia, centrada en su libro Neurocultura: una cultura basada en el cerebro, en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria, centro adscrito a la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias. Esta iniciativa se enmarca en el ciclo de conferencias de divulgación científica organizado por el Museo Elder.
Al citado acto asistió Fernando Pérez, director del centro, además del rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), José Regidor. El máximo responsable de la ULPGC mostró su satisfacción por estar presente en el citado acto, al tiempo que resaltó la figura de Francisco Mora. Regidor recordó que "la ciencia también es cultura. De hecho, no podemos hablar de cultura si la ciencia no forma parte de este proceso", señaló.
Durante su intervención en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria, Francisco Mora, quien ostenta la cátedra dr. Juan Negrín en la Universidad Complutense de Madrid, subrayó que "el cerebro es un órgano plástico, siempre cambiante. Por este motivo, cada vez que aprendemos y memorizamos algo", destacó, "nuestro cerebro cambia". El doctor en Neurociencias fue desmenuzando, a lo largo de su conferencia, una serie de claves fundamentales para entender el funcionamiento del cerebro del ser humano. A su juicio, hay que tener siempre en cuenta que "el hombre es espejo y creador del mundo que le rodea".
Aunque la cultura, hasta este momento, estaba relacionada con el humanismo "ahora, sin duda, la cultura es ciencia y humanidades", matizó. Durante su intervención, Francisco Mora incidió en varias ocasiones en el papel fundamental que desarrolla el cerebro, "todo pasa por el cerebro", sentenció. También recordó que "la neurocultura es una revolución y, como toda auténtica revolución, es muy lenta".
El epicentro de esta nueva visión que llamamos Neurocultura no nace sólo de la Neurociencia como tal, sino del reconocimiento, una vez más, de que la existencia humana procede de un largo proceso de azar, necesidades y reajustes que han durado millones de años. Por otro lado, "la Neurociencia, a la luz de ese proceso evolutivo, está desentrañando los mecanismos que elaboran el funcionamiento del cerebro y con ello llegando a conocer cómo percibe y posiblemente construye la realidad que nos rodea. Es ahora cuando empezamos a entender que las elaboraciones perceptivas e intelectuales de nuestros cerebros tienen que ver con los códigos ancestrales anclados y escondidos en sus profundidades, generación tras generación", apuntó Francisco Mora.
También destacó que "nada ocurre, ni nada existe del mundo humano, que no haya sido filtrado y elaborado por el cerebro, sea la percepción de una hermosa obra de arte, la elaboración de una compleja formulación matemática o el sentimiento profundo de haber alcanzado a Dios. De ahí se deduce que si queremos decodificar las percepciones y los sentimientos y los pensamientos e ideas que mueven las sociedades humanas hay que conocer, necesariamente, los mecanismos a través de los cuales ese órgano, que llamamos cerebro, las produce".
El experto realizó una distinción entre los cerebros de hombres y mujeres. En este sentido, indicó que "los cerebros de hombres y mujeres son diferentes en su percepción del mundo". Francisco Mora terminó su intervención mostrando su confianza en que la neurocultura "nos ayude a cambiar el mundo en que vivimos".
Infonortedigital

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