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Mayo del 2006

Ven cómo el cerebro desconecta la autoconsciencia

Por philosophico - 17 de Mayo, 2006, 19:35, Categoría: Conciencia

http://neofronteras.com/?p=543

Ven cómo el cerebro desconecta la autoconsciencia

Área: Neurología — Lunes, 8 de Mayo de 2006

Foto
Girus frontal superior (Wikipedia).

Todo el mundo ha experimentado alguna vez la sensación de perderse a uno mismo en una determinada actividad muy absorbente que requería un gran esfuerzo mental. Ahora unos investigadores del instituto Weizmann de Israel han visto este efecto en el cerebro humano a la vez que sucede mediante resonancia magnética nuclear.
La autoconsciencia de uno mismo es un elemento clave del ser humano, pero parece que el sistema se desconecta cuando el cerebro necesita concentrarse en una tarea difícil. Quizás sea por eso que nuestra percepción del tiempo cambia en esas circunstancias.
El equipo de investigadores supervisó una serie de experimentos para poner de manifiesto la actividad cerebral asociada con la introspección y que está ligada a la función sensorial. Encontraron que el cerebro asume un funcionamiento robótico cuando tiene que concentrar todos sus esfuerzos en una determinada tarea dificultosa, volviendo a ser “humano” de nuevo cuando se recuperaba el lujo del tiempo libre.
Para probarlo Ilan Goldberg y sus colaboradores usaron un sistema de resonancia magnética nuclear que exploraba el cerebro de nueve voluntarios. Éstos tenían que apretar unos botones específicos para indicar si las imágenes de unas fotos que se les mostraba eran o no de animales.
Primero se efectuaron las pruebas de manera lenta y luego a un ritmo tres veces superior en la segunda vuelta. En la tercera vuelta a los voluntarios se les solicitó apretar botones que indicaran su respuesta emocional al estímulo.
Entonces el experimento se repitió con fragmentos musicales en lugar de fotos y se les preguntó si sonaba una trompeta.
Encontraron que cuando un estímulo sensorial se mostraba lentamente y se requería una respuesta emocional por parte de los voluntarios entonces aparecía una actividad cerebral en el girus frontal superior, la región asociada con la función de autoconsciencia.
Sin embargo, cuando se hacía pasar fotos o fragmentos musicales de manera rápida no aparecía actividad en dicha región, a pesar de que había actividad en el córtex sensorial y estructuras relacionadas con él.
Según Goldberg las regiones del cerebro relacionadas con la introspección y la percepción sensorial están completamente segregadas a no ser que se conecten, y cuando el cerebro necesita desviar todos sus recursos para realizar una tarea difícil la región de la autoconsciencia queda inhibida.
La habilidad del cerebro para “desconectarse” de uno mismo puede que haya evolucionado como un mecanismo de protección. Si hay un peligro súbito como la aparición de un depredador o un animal peligroso (como una serpiente, por ejemplo) puede que no sea muy útil quedarse por ahí preguntándose cómo se debe de sentir uno en la situación.
Es posible que la investigación sobre cómo el cerebro desconecta y conecta la autoconsciencia ayude a entender mejor el autismo, la esquizofrenia y otros desórdenes cerebrales.

Referencia: Neuron (vol 50, p 329).

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La mente, ese dilema

Por philosophico - 17 de Mayo, 2006, 19:32, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.unesco.org/courier/2001_07/sp/doss35.htm

La mente, ese dilema
A.C. Grayling, profesor adjunto de Filosofía, Birkbeck College, Universidad de Londres.
photo
La vista, una función demasiado compleja para ser numerizada.
Desde Descartes, los filósofos están empeñados en dilucidar las relaciones entre el mundo material, el cuerpo y la mente. ¿Acaso estamos a punto de encontrar una respuesta, o siguen siendo los procesos mentales tan inaprehensibles como siempre?

Entre las preguntas más importantes que aún no han resuelto los investigadores figuran las relativas a la mente y su función en la naturaleza. ¿Qué es la mente, y qué relación guarda con el cuerpo?
Con Descartes, el dilema mente-cuerpo quedó bien definido. Sostenía que cuanto existe corresponde a la categoría de sustancia material o la de sustancia pensante. Descartes definía la esencia de la materia como la ocupación de espacio, y la esencia de la mente, como el pensamiento. Ahora bien, al establecer tal distinción suscitó el problema aparentemente insoluble de cómo se produce la interacción entre ellas. ¿Cómo un suceso físico, pincharse por ejemplo, se convierte en el suceso mental que es la sensación de dolor? ¿Cómo el suceso mental que es pensar “es hora de levantarse” origina el suceso físico de salir de la cama?
El propio Descartes no supo dar respuesta, y sus sucesores (sobre todo Malebranche y Leibniz) tuvieron que recurrir a soluciones heroicas. La estrategia de ambos consistió en aceptar el dualismo, pero alegando que, en realidad, no hay interacción entre la mente y la materia; su aparente existencia es el resultado de la acción oculta de Dios.
Una alternativa más plausible es el monismo, planteamiento según el cual sólo hay una sustancia. Saltan a la vista tres posibilidades: que sólo hay materia; que sólo hay mente; que hay una sustancia neutra que origina la mente y a la materia. Cada una ha tenido defensores, pero la primera opción –la reducción o anexión de todos los fenómenos mentales a la materia– es la que ha ejercido mayor influencia.
Así, impulsada por los avances de la psicología empírica, surgió una respuesta a los planteamientos dualistas de la mente: el conductismo, la teoría de que conceptos mentales como el dolor, la emoción y el deseo han de traducirse en el comportamiento observable.
Entre sus defensores en el siglo XX se encuentran los psicólogos B. F. Skinner y J. B. Watson, y los filósofos Gilbert Ryle y W. V. O. Quine. Entre unos y otros existen grandes diferencias, pero todos se enfrentan a una misma dificultad: no logran eliminar las referencias a la creencia y al deseo como elementos centrales de nuestras explicaciones del comportamiento. La mera descripción del cuerpo de un hombre que entra en una tienda y sale con un paquete de galletas, por ejemplo, no llegaría a explicar gran cosa sin hacer referencia a su deseo de galletas y a la creencia de que podría conseguirlas en la tienda.

Psicología popular y ciencia moderna
Un enfoque materialista es el de la “teoría de la identidad”, según la cual los estados mentales son idénticos a estados o procesos del cerebro.
Basándose en esta teoría, algunos filósofos sostienen hoy que, a medida que avance la neurociencia, iremos eliminando el vocabulario impreciso y anticuado que solemos usar para referirnos a lo mental. Dos defensores de este punto de vista, Patricia y Paul Churchland, afirman que para la neurociencia futura la actual “psicología popular” será lo que para la medicina moderna es la antigua creencia de que la enfermedad es fruto de la posesión diabólica. Pero cabe aquí hacer la misma objeción imputable al conductismo, a saber, que nuestro vocabulario en materia de creencias y deseos parece indispensable para explicar las acciones humanas.
No obstante, las investigaciones en neurología proporcionan argumentos para aceptar la existencia de una relación estrechísima entre los fenómenos mentales y los neurológicos.
Dadas las dificultades para identificar esa relación de manera precisa, se han propuesto diversas estrategias para abordar la reflexión. Una es aceptar que nuestra manera de hablar de los fenómenos mentales y físicos es irreductiblemente diferente. Imaginemos, por ejemplo, cómo describirían un partido de fútbol un sociólogo y un físico, cada uno centrándose en los aspectos propios de su especialidad. Sin embargo, ambos estarían describiendo lo mismo.

La insondable conciencia
Por otra parte, la conciencia puede resultar más fácilmente comprensible que la relación entre mente y cuerpo: después de todo, cualquier persona capaz de pensar es íntimamente consciente de ser consciente. Pero la conciencia es el misterio más desconcertante al que han de hacer frente la filosofía y la neurología. Algunos filósofos piensan que es algo demasiado difícil para que la inteligencia humana pueda comprenderlo. Otros afirman que no existe la conciencia y no somos más que unos zombis muy complicados. Desafiando estos planteamientos, los investigadores han aprovechado los nuevos medios de investigación, especialmente los aparatos para escanear el cerebro y observarlo en pleno funcionamiento. Gracias a ello se ha hecho un gran avance en el conocimiento de las funciones cerebrales y la correlación entre zonas cerebrales y determinadas capacidades mentales.
Subsiste sin embargo el problema capital de cómo surgen en la mente imágenes coloreadas, olores y sonidos evocadores. Una teoría reciente del neurofisiólogo Antonio Damasio es que la conciencia empieza como una consciencia autorreflexiva, lo que constituye un nivel primitivo de identidad, una intensa, aunque vaga, consciencia de ser. Las relaciones emocionales y los objetos externos construyen a continuación un modelo del mundo, una sensación de saber que proporciona a cada uno de nosotros la impresión de ser a la vez el propietario y el espectador de la película que se proyecta en nuestro cerebro.
Según estas teorías, la conciencia surgió entre los mamíferos superiores como ventaja para la supervivencia. Los mismos seres que son meros autómatas biológicos, aun siendo muy sensibles a su medio, no se adaptarían tan bien como los que son genuinamente conscientes.
El debate en torno a la mente ha alcanzado consenso en cuanto a que forma parte de la naturaleza y puede ser estudiada por medios científicos, pero sigue siendo un misterio qué es en sí y cómo se relaciona con el resto de la naturaleza. El siguiente salto en su conocimiento llevará seguramente aparejada una revolución conceptual y científica de tal magnitud que hoy no podemos ni imaginar.

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La fórmula de la felicidad, en el cerebro

Por philosophico - 4 de Mayo, 2006, 18:38, Categoría: Emociones

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/science/newsid_4970000/4970448.stm

La fórmula de la felicidad, en el cerebro

Imagen del cerebro humano
Los neurólogos comienzan a realizar mediciones científicas de la felicidad en el cerebro.

Después de miles de años en busca de la fórmula mágica, un equipo de neurólogos afirma que la felicidad es el resultado directo de la actividad cerebral, susceptible de ser observada y medida.

"La neurociencia de la felicidad y el bienestar está dando sus primeros pasos", dice el doctor Morten Krigelbach, colaborador de la BBC en la serie "La fórmula de la felicidad", que se transmite por uno de los canales de televisión de la BBC en el Reino Unido.

Según Krigelbach, la búsqueda de la felicidad ha sido una preocupación para los seres humanos desde los comienzos de la historia.

"Sin embargo, son pocos los que alcanzan este estado deseado, e incluso cuando lo hacen, sólo se dan cuenta más tarde", apunta el científico.

Hasta el momento, el foco de la investigación neuronal de la felicidad se centra en dos aspectos: el placer y el deseo.

"La noción de recompensa es un elemento central en estos dos estados de ánimo, y así lo confirman los estudios con animales realizados por psicólogos conductistas desde el siglo XX", señala Krigelbach.

El centro del placer

Durante los años cincuenta, los psicólogos canadienses James Olds y Peter Milner, de la Universidad McGill, descubrieron que las ratas se acostumbraban a tocar una palanca que generaba una pequeña descarga eléctrica, a través de microelectrodos implantados en sus cerebros.

Experimentos neurocientíficos con ratas
Los científicos experimentaron con ratas para crear estados de felicidad artificial.
Cuando la corriente estimulaba ciertas zonas cerebrales, los roedores repetían la maniobra para recibir nuevos estímulos eléctricos. Y lo hacían hasta 2000 veces por hora, dejando de lado otras rutinas habituales, como la actividad sexual o la alimentación.

Estos datos hicieron que Olds y Milner anunciaran que habían encontrado el centro del placer en el cerebro, que se ubica en la misma región que resulta afectada por el mal de Parkinson.

Más tarde, una serie de estudios con seres humanos, dirigidos por Robert Heath, de la Universidad de Tulane, se basó en estas nociones para intentar comprender enfermedades mentales.

En una línea de investigación éticamente cuestionable, estos científicos llegaron a implantar electrodos en los pacientes para tratar de curar la homosexualidad.

Buscando el deseo

Más allá de la repetición observable y compulsiva de conductas, no quedaba claro en los reportes de estos ensayos tempranos que los pacientes efectivamente experimentaran placer a través de los electrodos.

En cambio, un estudio reciente de la Universidad de Michigan indica que los electrodos podrían activar las regiones anatómicas vinculadas con el deseo, más que con el placer.

El científico Kent Berridge, director de este proyecto, reveló que los animales con los que experimentaron tenían una expresión facial particular cuando consumían alimentos sabrosos y dulces, y otra muy diferente cuando se les suministraba algo con sabor desagradable o amargo.

Doctor Morten Krigelbach
El placer y el deseo son emociones complejas en el hombre, así que todavía tenemos muchas cosas interesantes por aprender en este campo
Morten Krigelbach, científico
Cuando manipularon directamente los niveles de dopamina en el organismo de las ratas, encontraron que sus expresiones no se alteraban.

Así, Berridge estableció una diferencia entre deseo y placer, o entre "querer y gustar", observable tanto en términos de la actividad cerebral como por las sustancias neuroquímicas liberadas.

El sistema de emisión de dopamina parece estar así relacionado con el deseo, mientras que el sistema opioideo, que maneja compuestos químicos naturales similares a la morfina, está más vinculado con el placer.

Queda claro, sin embargo, que las ratas son diferentes de los seres humanos.

"El placer y el deseo son emociones complejas en el hombre, así que todavía tenemos muchas cosas interesantes por aprender en este campo", señala Krigelbach.

Las investigaciones neurocientíficas se concentran en estos días en el estudio de la zona del cerebro conocida como córtex orbitofrontal: es la porción que muestra un desarrollo evolutivo más reciente en los humanos, y tiene conexiones con el sistema de dopamina y con el opioideo.

"Usando imágenes neurológicas, encontramos que tiene áreas relacionadas con estados de placer verificables, según nuestros experimentos", señala Krigelbach.

¿Qué nos dicen, en definitiva, estas investigaciones sobre la felicidad?

"¿Podríamos definir la felicidad como un estado de placer sin deseo, un estado de satisfacción e indiferencia?", se pregunta Krigelbach.

Y responde: "Si es así, entonces es posible que los neurocientíficos encuentren algún día la receta para alcanzar este estado". Es decir, la fórmula para inducir la felicidad.

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"Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"

Por philosophico - 2 de Mayo, 2006, 19:22, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.lanacion.com.ar/790055

 

Diálogo con Marsel Mesulam, pionero en el estudio de la mente

 

"Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"Agregar a mi carpeta

Asegura el especialista en neurología cognitiva, nacido en Estambul, que desde hace treinta años estudia su funcionamiento

Suele decirse que el cerebro es el objeto más complejo del universo y el gran poema de la materia. Marsel Mesulam seguramente estaría de acuerdo con estas definiciones: cautivado por la matemática y la literatura en sus épocas de estudiante, hace tres décadas explora los intrincados senderos de la mente. El director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern -que estuvo en Buenos Aires para participar de la reunión del grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, coordinada por Ineco- nació en Estambul, pero vive en los Estados Unidos desde que tenía 18 años, en 1964.

"Cuando estaba a punto de graduarme -recuerda-, decidí ingresar en medicina y psicología. Tuve la suerte de tener como mentor a Norman Geschwind (padre de la moderna neurología del comportamiento) y desde entonces la investigación ha sido un viaje maravilloso a través de la neurología, la neuroanatomía y las imágenes funcionales. Ya no me planteo dedicarme a la matemática, pero todavía disfruto de un buen libro."

-Doctor Mesulam, ¿se puede explicar en un párrafo cómo funciona la mente?
-Bueno, el problema es complicado. Sólo en la superficie del cerebro tenemos 20 mil millones de neuronas, cada una de las cuales forma unas diez mil conexiones. Este órgano es capaz de hacer cosas absolutamente asombrosas que ninguna máquina es capaz de emular, como los cálculos que hace un tenista, un poeta o un atleta. En los últimos 150 años hemos tratado de descubrir qué parte del cerebro hace qué tarea. Y ya sabemos algo: que diferentes partes del cerebro hacen cosas diferentes, y que éstas no están confinadas dentro de fronteras individuales. Las funciones cerebrales están organizadas en redes distribuidas e interconectadas entre sí. Por ejemplo, no es que las palabras se encuentren en una parte especial del cerebro. Están en todo el cerebro, pero hay un área crítica que sabe dónde, que opera como el directorio de una computadora. Si uno pierde el directorio... olvídalo, nunca las vas a encontrar, no porque el directorio contenga los archivos, sino porque sabe dónde están. Estamos empezando a describir las funciones cerebrales como un mosaico increíblemente complejo en el que hay diferentes áreas de especialización, áreas que pueden relacionar la información distribuida. Hemos realizado avances realmente fantásticos, pero todavía estamos en los comienzos.

-Sin embargo, hay quienes piensan que nunca lograremos entender totalmente el cerebro?
-Creo que las neurociencias del siglo XXI tendrán que definir el significado de las palabras que utilizamos al preguntar. Por ejemplo, cuando se dice que no vamos a entender cómo funciona el cerebro, yo tengo que dar vuelta la pregunta: ¿qué se quiere decir por entender? Porque si por entender se quiere decir que cuando uno mira esto y lo llama "reloj", puede manejarlo, puede hacer imágenes funcionales, puede decir qué parte hace qué cosa, entonces sí lo vamos a entender. Pero si la pregunta es si puedo explicar cuál es la esencia de un reloj, tengo que contestar que no lo sé. Creo que podremos describir cómo ingresa y cómo egresa la información, pero si vamos a preguntas más complejas, por ejemplo si preguntamos qué es la conciencia, entonces....

-¿Será imposible entender qué es la conciencia?
-Personalmente, no sé qué es la conciencia. Puedo decir que estar consciente es verbalizar algo internamente, aunque también hay instancias en que uno no necesita verbalizar. La totalidad de la conciencia está más allá del análisis lógico. Si queremos expli carla, vamos a encontrarnos con problemas, porque las respuestas que hallaremos serán triviales. De modo que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo definimos nuestras preguntas.

-Se diría que es un "agnóstico" de las neurociencias...
-Tal vez, pero piense en la astronomía: si uno pregunta cómo empezó el universo, le responden "con el Big Bang", pero el Big Bang es algo llamado "una singularidad", que no tiene explicación. La astronomía es más inteligente que las neurociencias, porque ya definió la pregunta que no tiene respuesta. Creo que tendremos que aceptar que algunas preguntas, cuando las hacemos de cierta manera, pueden no tener respuesta. Pero tenemos tantas preguntas que sí pueden contestarse, que no creo que haya que perder el tiempo con las que no la tienen.

-¿Considera que hipótesis como la de Marvin Minsky -que habló de una "sociedad de la mente" en la que la conciencia surge de la interacción de procesos que, individualmente, no son conscientes- no son una explicación adecuada?
-Creo que es una idea muy razonable, porque lo que dice es que se pueden escalar niveles de complejidad. Por ejemplo, tenemos tantas sinapsis que gran parte de las funciones mentales podría manejarse en forma probabilística. Se podría decir que cuando llamamos a esto "reloj", este estímulo visual activa miles de posibles palabras, pero en un sentido darwiniano las más aptas sobreviven porque coinciden más con lo que uno ve. No tengo problema con ese enfoque, pero mis investigaciones no se ocupan de ese nivel de complejidad. Soy un simple neurólogo que está tratando de descubrir cuáles son los elementos para que, algún día, alguien vea cómo funcionan.

-¿Cómo explicaría el movimiento pendular que describe a la mente ya sea como algo inescrutable o como un simple engranaje químico?
-¿Sólo un engranaje químico? ¿Un cuarteto de Beethoven es sólo sonido? La mayoría contestaría que sí, pero por otro la do es un sonido muy complejo y muy especial. Otro ejemplo es la vida: es sólo una combinación de carbono, nitrógeno y oxígeno? Pero, cuando se juntan formas complejas, ocurre lo mismo que con los sistemas biológicos, dos más dos es igual a cinco. Incluso aunque el cerebro sea en el fondo "sólo una máquina química", cuando esas sustancias se combinan en un cierto orden dan por resultado algo más.

-¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia?
-Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los g enes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará.

-¿Cuál es el puente entre lo anatómico y lo simbólico?
-El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos "palabra" para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese "lujo" nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento , sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas?

-¿Por qué?
-¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo.

-¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil?
-Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas.

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

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