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Determinan el área del cerebro que se activa cuando juzgamos a los demás

Por philosophico - 25 de Mayo, 2008, 23:07, Categoría: General

http://www.tendencias21.net/Determinan-el-area-del-cerebro-que-se-activa-cuando-juzgamos-a-los-demas_a2292.html?preaction=nl&id=1973871&idnl=35378

Determinan el área del cerebro que se activa cuando juzgamos a los demás

Los procesos cognitivos abstractos implican a una región específica de la corteza cerebral

Neurocientíficos del MIT han conseguido definir, utilizando la tecnología de captación de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI), el área del cerebro que se activa cuando emitimos un juicio de valor moral sobre el comportamiento de otras personas. El descubrimiento implicaría que no sólo los procesos cognitivos más sencillos se reflejan en la actividad cerebral, sino que también los procesos cognitivos complejos de mayor nivel están vinculados a áreas concretas de la corteza del cerebro. En este caso, los juicios morales ponen en marcha la unión temporoparietal que es el lugar en el que se encuentran el lóbulo temporal y el lóbulo parietal del cerebro. Se sabe que esta región juega un papel fundamental en los procesos de distinción entre el yo y los demás. Por Yaiza Martínez.

Unión temporoparietal, la región implicada. MIT.

Científicos del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), en Estados Unidos, han conseguido definir el área del cerebro que se activa cuando juzgamos si otros se están comportando o no correctamente, desde una perspectiva moral. ¿Qué sucede en el cerebro cuando se emite un juicio de valor de este tipo?
La neurocientífica Rebecca Saxe, del MIT, es una investigadora especializada en el análisis de las bases neuronales y psicológicas de la cognición social (la manera en que la gente interpreta lo que otros piensan), así como en el desarrollo del cerebro social.
Saxe lleva años tratando de entender cómo se producen en el cerebro los juicios morales, cómo se construyen los sistemas de creencias y de qué manera se genera el lenguaje. Es decir, tratando de describir y de dar explicación desde la observación del cerebro a todos aquellos procesos cognitivos que nos hacen específicamente humanos, publica el MIT en un comunicado. Una versión ampliada puede leerse en la revista MIT Tech Talk.
Pero es una ardua tarea, porque estos procesos cognitivos son altamente complejos y, sobre todo, porque los pensamientos y creencias no pueden observarse directamente. Sin embargo, las técnicas para la medición de la actividad cerebral desarrolladas en las últimas décadas abren cada vez más puertas a los neurólogos para el estudio del cerebro.
Área específica
En concreto, la técnica utilizada por Saxe y su equipo de investigadores ha sido la del registro de imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI). Esta técnica permite medir la respuesta hemodinámica -o de los flujos sanguíneos del cerebro-, relacionada con la actividad neuronal, es decir, que hace posible saber qué regiones del cerebro se activan cuando la gente está pensando en ciertas cosas.
Gracias a la fMRI, Saxe identificó que existe un área concreta del cerebro que se enciende cuando tratamos de entender porqué los otros actúan como actúan. Este área sería la denominada unión temporoparietal, que es el lugar en el que se encuentran el lóbulo temporal y el lóbulo parietal del cerebro.
Se sabe que esta región cerebral juega un papel fundamental en los procesos de distinción entre el yo y los demás. Por otro lado, daños en ella se han relacionado con la aparición de episodios de experiencias extracorporales. Estas experiencias también han podido inducirse, de manera artificial, mediante la aplicación de estímulos eléctricos a la unión temporoparietal.
Rebecca Saxe. Fuente: MIT.
Otros procesos
Para los científicos, la importancia del descubrimiento radica en que, aunque ya se sabía que algunas partes del cerebro están implicadas en aspectos específicos de la percepción y del control motor del cuerpo, ahora se sabe también que existe una región específica de la corteza cerebral que se encarga de procesos cognitivos abstractos de alto nivel, como el hecho de que comprendamos los pensamientos de otras personas o podamos juzgar sus actos.
Para el estudio, un grupo de voluntarios tuvo que tomar decisiones que implicaban un dilema moral, como darle a un botón que desviaría la ruta de un tren descontrolado ocasionando la muerte de una persona, pero salvando la vida a otras cinco.
Juzgar el comportamiento de otros en estas situaciones requiere de un complejo proceso que depende de más cuestiones, aparte del resultado de dicho comportamiento.
Por ejemplo, nuestros juicios están sometidos a nuestra situación con respecto a la persona que actúa: si un soldado ha puesto una bomba que ha matado a varios civiles, nuestra percepción sobre si el soldado tenía o no la intención de asesinar a civiles dependerá de en qué bando del conflicto nos encontremos.
En futuras investigaciones, Saxe planea estudiar otra cuestión compleja: la manera en que los niños desarrollan creencias relativas a grupos humanos que hayan estado en conflictos de larga duración con su propio grupo social (como musulmanes y serbios en la antigua Yugoslavia), y su efecto en la actividad del cerebro.
Reconocer la intención del otro
El logro de los neurocientíficos del MIT resulta de gran interés, pero no es la primera vez que se identifica actividad cerebral vinculada a procesos de cognición complejos. Hace unos años, neurólogos de la universidad de California consiguieron demostrar que las “neuronas espejo” de nuestro cerebro son capaces no sólo de activarse cuando ven realizar una acción, sino también de reconocer la intención de aquél que la realiza.
Las neuronas espejo son un grupo de neuronas que tienen la facultad de descargar impulsos tanto cuando el sujeto observa a otro realizar un movimiento, como cuando es el mismo sujeto quien lo hace.
Estas neuronas forman parte de un sistema de percepción y de ejecución cerebral que activa las regiones específicas de nuestra corteza motora cuando vemos que se mueve una mano u otra parte del cuerpo de otra persona, como si nosotros mismos también nos moviéramos aunque no lo hagamos.
Pero no sólo sirven para eso, sino que, además, nos ayudan a entender las intenciones de otros, tal y como demostraron entonces los neurocientíficos californianos. Y, aunque estas intenciones se refieren sobre todo a las intenciones motoras, este descubrimiento apunta a que se podría estimular la función de las neuronas espejo para que éstas desarrollem su capacidad y consigan hacer que pacientes con desórdenes como el autismo puedan empatizar con los pensamientos y sentimientos de otros, señalaron los investigadores.

Sábado 24 Mayo 2008

Yaiza Martínez

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De las neuronas espejo a la neuropolítica moral

Por philosophico - 6 de Mayo, 2008, 12:55, Categoría: General

De las neuronas espejo a la neuropolítica moral
Gary Olson
Zspace
Traducido para Rebelión por Anahí Seri
En todo el mundo, los profesores, sociólogos, políticos y padres están descubriendo que la empatía puede ser la cualidad más importante que hay que alimentar para darle a la paz la oportunidad de vencer.
Arundhati Rai
Las directrices oficiales no necesitan ser explícitas para que se las comprenda bien: no debe permitirse que demasiada empatía se mueva en direcciones no autorizadas.
Norman Solomon
Steven Pinker, el psicolingüista de Harvard, concluye un reciente artículo sobre la ciencia de la moralidad (2008) con estas palabras de Antonio Chejov, desafiantes pero llenas de esperanza: "El hombre llegará a ser mejor si le muestras cómo es." En este contexto, la fundación sin ánimo de lucro EDGE recientemente preguntó a algunos de los científicos más eminentes del mundo "¿Qué le hace sentirse optimista? ¿Por qué?" Como respuesta, el destacado neurocientífico Marco Iacoboni cita el trabajo experimental que se está prodigando sobre los mecanismo neuronales que revelan que los humanos están "cableados para la empatía". Se trata del descubrimiento, relativamente reciente, del sistema de neuronas espejo (SNE).
El optimismo de Iacoboni se funda en su convicción de que, al divulgarse estos hallazgos científicos, estos recientes descubrimientos de neurociencia calarán en la conciencia pública y ".... este nivel explícito de comprensión de nuestra naturaleza empática en algún momento disolverá los sistemas masivos de creencias que dominan nuestras sociedades y amenazan con destruirnos." (Iacoboni, 2007, p. 14, 2008).
Lo que subyace a todo esto son los experimentos neurocientíficos que muestran que cuando uno percibe el dolor de los otros se movilizan automáticamente los mismos circuitos neuronales afectivos que cuando siente su propio dolor.
En 1996, a través de grabaciones de una sola célula en los macacos, los investigadores informaron del descubrimiento de un tipo de células del cerebro denominadas "neuronas espejo" (Gallese, 1996). Situadas en el área F5 de la corteza premotora, estas neuronas espejo disparaban no sólo cuando el mono realizaba una acción, sino también cuando el mono observaba a otro realizando la misma acción. Las neuronas del mono reflejaban, como en un espejo, la actividad que estaba observando. Posteriormente, cartografiando las regiones del cerebro humano mediante la Resonancia Magnética funcional (RMf), se descubrió que las áreas humanas de las que se suponía que contenían neuronas espejo también comunicaban con el sistema límbico, o emocional, facilitando la conexión con los sentimientos de otra persona, probablemente reflejando estos sentimientos. Se cree que estos circuitos neuronales constituyen la base del comportamiento empático, en el cual las acciones en respuesta a la aflicción de los demás son prácticamente instantáneas. Como dice Goleman, "el que este flujo de la empatía a la acción ocurra de modo tan automático hace pensar en unos circuitos dedicados precisamente a esta secuencia." Por ejemplo, cuando uno oye el grito angustiado de un niño, "la aflicción que siente impulsa la necesidad de ayudar" (Goleman, 2006, p. 60).
La existencia de la empatía, de neuronas espejo, no era más que una inferencia a partir de estos estudios de RMf. Pero en 2007, Iacoboni, el neurocirujano Itzhak Fried y sus asociados en la Universidad de California en Los Angeles (UCLA) estudiaron la actividad cerebral en personas a las que Fried ya había cableado, intentando dar con los orígenes de los ataques de epilepsia. Insertando electrodos en los lóbulos frontales, este equipo de científicos identificó varias neuronas espejo que se activaban con la realización y también con la observación de una actividad.
Valayanur Ramachandran, director del Centro del Cerebro y la Cognición en la Universidad de California en San Diego (UCSD), observa: "Decíamos, usando una metáfora, 'siento el dolor del otro', pero ahora sabemos que mis neuronas espejo pueden sentir, literalmente, tu dolor." (Slack, 2007). Ramachandran, que las llama "neuronas de empatía" o "neuronas Dalai Lama", escribe que "Esencialmente, la neurona es parte de una red que te permite ver el mundo "desde el punto de vista de otra persona", de ahí el nombre 'neurona espejo' ". (Ramachanddran, 2006).
Giacomo Rizzolatti, el neurocientífico italiano que descubrió las neuronas espejo, señala que este sistema cableado es lo que nos permite "captar las mentes de los demás no a través de un razonamiento conceptual sino a través de una estimulación directa de los sentimientos, no con el pensamiento" (Rizzolatti en Goleman, 2006). Como hace notar Decety, la empatía nos permite "forjar conexiones con gente cuyas vidas parecen totalmente ajenas a nosotros" (Decety, 2006, p.2). Cuando se carece de una experiencia comparable, esta "empatía cognitiva" se construye sobre la base neural y nos permite "proyectarnos activamente dentro de otra persona" intentando imaginar la situación de la otra persona (Preston, en prensa), Preston y de Waal (2002). La empatía está "dirigida hacia el otro" y reconoce la cualidad humana del otro. No es sorprendente que algunos científicos piensen que el descubrimiento de las neuronas espejo es el hallazgo neurológico más importante desde hace décadas, y que podría rivalizar con lo que el descubrimiento del ADN significó para la biología. (Ramachandran, 2006).
Hay un paralelismo entre la neurociencia de la empatía y las investigaciones que se están desarrollando en campos relacionados. Hace unos cuarenta años, la célebre primatóloga Jane Goodall observó y escribió sobre las emociones de los chimpancés, sus relaciones sociales y la "cultura de los chimpancés", pero los expertos mantuvieron un gran escepticismo. Hace una década, el famoso etólogo especialista en primates Frans B.M. de Waal (1996) escribió sobre los antecedentes de la moralidad en "Bien Natural: Los orígenes del bien y del mal en los humanos y los otros animales", pero el consenso científico aún se hacía de esperar. Todo ello ha cambiado. Como afirma un reciente editorial de la revista Nature (2007), hoy es un "hecho incontestable" que las mentes humanas, incluidos los aspectos del pensamiento moral, son el producto de la evolución a partir de primates anteriores. Según de Waal, "ya no hay debate". En su obra más reciente, de Waal argumenta de forma convincente que la moralidad humana – incluida la capacidad de sentir empatía – es un subproducto natural, o una herencia de comportamiento de nuestros parientes evolutivos más próximos.
Siguiendo a Darwin, unos estudios muy sofisticados hechos por los biólogos Robert Boyd y Peter Richerson postulan que la cooperación a gran escala dentro de la especie humana (incluso con individuos no emparentados genéticamente dentro de un grupo) fue favorecida por la selección. (Hauser, 2006, p. 416) La evolución selección el rasgo de la empatía porque el hecho de entenderse con los demás entraña ventajas para la supervivencia. En su libro People of the Lake ("La gente del lago")(1978), el paleoantropólogo de fama mundial Richard Leakey declara categóricamente: "Somos humanos porque nuestros antepasados aprendieron a compartir su comida y sus habilidades en un red de compromisos que se cumplían."
Hay estudios que demuestran que la empatía está presente en niños de muy corta edad, incluso de 18 meses o aún menores. En el mundo de los primates, Warneken y sus colegas en el
Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, hallaron recientemente que los chimpancés prestan ayuda incluso a chimpancés no emparentados y a humanos que no conocen, aún cuando eso les supone una molestia y sin que tengan expectativas de recompensa. Esto sugiere que la empatía puede explicar esta tendencia natural de ayudar, y que fue un factor en la vida social del antepasado común de chimpancés y humanos cuando sus líneas se dividieron, hace unos seis millones de años (New Scientist, 2007; Warneken y Tomasello, 2006). Actualmente ya no se cuestiona que compartimos las facultades morales con otras especies (de Waal, 2006; Trivers, 1971; Katz, 2000; Gintis, 2005; Hauser, 2006; Bekoff, 2007; Pierce, 2007). Pierce señala que hay "innumerables anécdotas de elefantes que muestran empatía hacia animales enfermos y moribundos, emparentados o no (2007, p. 6). Y recientes investigaciones en Kenia demuestran de forma incontestable el duelo exteriorizado del elefante, su empatía hacia otros elefantes muertos.
Mogil y su equipo en la Universidad McGill demostraron recientemente que los ratones sienten ansiedad cuando observan a otros ratones que sienten dolor. Concluyeron, de forma provisional, que los ratones empleaban pistas visuales para la generación de esta respuesta empática (Mogil, 2006; Ganguli, 2006). De Waal responde así al estudio: "Se trata de un hallazgo muy significativo, que debería abrir los ojos de la gente que piensa que la empatía se limita a nuestra especie." (Carey, 2006)
Además, Grufman y otros científicos en los Institutos Nacionales de Salud han proporcionado pruebas persuasivas de que las acciones altruistas activan una parte primitiva del cerebro, dando lugar a una respuesta placentera (2007). Y las recientes investigaciones de Koenigs y sus colegas (2007) indican que dentro de la corteza prefrontal, la corteza prefrontal ventromedial (VMPC) es necesaria para las emociones y los juicios morales. Los daños en la VMPC se han relacionado con comportamientos psicópatas, y los individuos con tendencias psicópatas muestran una gran carencia de empatía. (Blair, 2005, pp. 53-56)
Un estudio a cargo de Miller (2001) y sus colegas sobre la demencia frontotemporal (DFT) también resulta instructiva. La DFT ataca los lóbulos frontales y los lóbulos temporales anteriores, donde reside la conciencia de sí mismo. Un primer síntoma de DFT es la pérdida de empatía, y la actividad de las ondas cerebrales de las neuronas espejo en los individuos autistas muestra que no disparan correctamente.
Si bien hay razones para mantenerse escéptico (véase más abajo) en relación con las implicaciones políticas progresistas que se desprenden de estos trabajos, un cuerpo de pruebas empíricas impresionantes revela que las raíces del comportamiento prosocial, incluidos sentimientos morales como la empatía, preceden a la evolución de la cultura. Este trabajo apoya los escritos visionarios de Noam Chomsky sobre el instinto moral humano y su afirmación de que, si bien los principios de nuestra naturaleza moral no se han llegado a comprender bien, "no cabe duda de su existencia y de su función central en nuestras vidas intelectuales y morales." (Chomsky, 1971, n.p., 1988; 2005, p. 263)
En su influyente libro "Ayuda mutua"(1902), Petr Kropotkin, naturalista, geógrafo y anarquista revolucionario ruso mantuvo que ". . . en cualquier circunstancia la sociabilidad es la mayor ventaja en la lucha por la vida. Aquellas especies que la abandonan están condenadas a la decadencia." La cooperación proporcionaba una ventaja evolutiva, una "estrategia" de supervivencia natural.
Kropotkin no tuvo inconveniente en admitir la función de la competencia, pero afirmó que la ayuda mutua era un "instinto moral" y una "ley natural". Basándose en sus amplios estudios del mundo animal, pensaba que esta predisposición a ayudarse mutuamente (la sociabilidad humana) era de "origen prehumano". Killen y Cords, en un artículo titulado "Prince Kropotkin's Ghost (El fantasma de Kropotkin)," sugieren que la investigación reciente en psicología del desarrollo y primatología parece confirmar las afirmaciones que hizo Kropotkin hace un siglo (2002).
Así pues, ¿dónde estamos? Si la moralidad tiene sus raíces en la biología, en la materia prima o los ladrillos para la evolución de su expresión, tenemos ahora pendiente un matrimonio fortuito entre las ciencias duras y la moralidad laica en su sentido más profundo. Los detalles técnicos del análisis neurocientífico social que apoya estas afirmaciones quedan fuera de este artículo, pero baste con señalar que se está avanzando a un ritmo exponencial, que los nuevos descubrimientos son persuasivos (Iacoboni, 2008; Lamm, 2007; Jackson, 2006) y nuestra comprensión de la empatía ha aumentado dramáticamente en apenas una década.
Dicho lo cual, uno de los problemas más fastidiosos que quedan por explicar es por qué se ha avanzado tan poco en lo que supone extender esta orientación empática hacia las vidas distantes, a aquellos que se encuentran fuera de determinados círculos morales de camarillas. Es decir, dado un mundo colmado de violencia abierta y estructural, nos vemos obligados a explicar por qué nuestra intuición moral profundamente arraigada no tiene mayor efecto de mejora, por qué no produce un mundo más pacífico. Iacoboni sugiere que esta desconexión se explica por los sistemas masivos de creencias, incluidos los políticos y los religiosos, que operan a nivel de reflexión y deliberación. Como nos recuerda de Waal, desde el punto de vista evolutivo, la empatía es el punto de partida original del cual emanaron la cultura y el lenguaje. Pero a lo largo del tiempo, la cultura filtra e influye en el modo en que la empatía evoluciona y se expresa. (de Waal, 2007, p. 50) Estos sistemas de creencias tienden a invalidar los rasgos automáticos, pre-reflexivos, neurobiológicos que deberían unir a la gente. Iacoboni plantea como hipótesis la presencia de lo que él denomina súper neuronas espejo en el lóbulo frontal del cerebro. Estas super neuronas espejo, más complejas, muy desarrolladas, tal vez controlen a las neurones llamadas de bajo nivel, o clásicas. Esta investigación, que podría considerarse que hoy por hoy constituye la cúspide de los trabajos más avanzados en neurociencias, se encuentra es una fase preliminar, pero es posible que los futuros estudios sugieran cómo la resistencia cognitiva consigue clasificar, inhibir o modular de otro modo las respuestas neurofisiológicas.
Así pues, hay que proceder con cautela. En primer lugar, hay que advertir que el contexto social y las condiciones que desencadenan la respuesta son críticas, ya que, cuando existe una manipulación de la élite, consciente y masiva, se vuelve cada vez más difícil entrar en contacto con nuestras facultades morales. Ervin Staub, un investigador pionero en este campo, admite que incluso si la empatía tiene sus raíces en la naturaleza, las personas no se guiarán por ella ".... a menos que tengan un cierto tipo de experiencias vitales que dirijan su orientación hacia otros seres humanos y hacia sí mismos" (Staub, 2002, p. 222). Como dice Jensen, "El modo en que se nos educa y se nos entretiene evita que nos enteremos, o que entendamos, el dolor de los demás " (2002, 2008). Las circunstancias pueden bloquear o abrumar nuestras percepciones, volviéndonos incapaces de reconocer y dar expresión a nuestros sentimientos morales (Albert, n.d.; y también, Pinker, 2002). Por ejemplo, si se infunde temor de una escasez creada artificialmente, esto puede atenuar la respuesta empática.
Luego están las limitaciones a las que están sujetas las imágenes poderosas que podrían despertar profundas emociones en el público americano. Un ejemplo es la reciente destrucción de las cintas de video de la CIA en las que se ve la tortura de prisioneros. El centro médico regional de Landstuhle, en Alemania, que acoge de forma habitual soldados procedentes de Irak con grotescas mutilaciones, no permite fotografías, y los periodistas son supervisados por escoltas militares. Y sabemos que el Pentágono prohibe la cobertura fotográfica en los medios de comunicación de los restos de soldados que salen de la base aérea alemana Ramstein o de los ataúdes que regresan a Dover, Delaware. (Tami Silco, quien tomo la foto, ahora célebre, de 20 ataúdes envueltos en banderas que salían de Kuwait, perdió su empleo.) Asimismo, se prohíbe la cobertura de los funerales por los caídos, incluso si la unidad da su aprobación.
La segunda nota de advertencia es la observación de Hauser (2006) de que la proximidad fue sin lugar a dudas un factor en la expresión de la empatía. En nuestro pasado evolutivo, el apego a la familia humana más amplia era prácticamente incomprensible y por tanto se carecía de la conexión emocional. Joshua Greene, filósofo y neurocientífico, añade que "Evolucionamos en un mundo en el que teníamos delantea personas en apuros, por tanto nuestras emociones sintonizaban con ellas, pero no nos enfrentábamos al otro tipo de situación." Sugiere que el extender esta moralidad inmediata, ligada a la emoción (basada en circuitos fundamentales del cerebro) a víctimas que no vemos requiere que se preste menos atención a la intuición y más a la dimensión cognitiva. Si este límite no es artificioso, parecería, como mínimo, circunstancial, y así pues merecería que se reevaluará la moralidad (Greene, 2007, n.p.). Dadas algunas de las dimensiones positivas de la globalización, el potencial de identificarse con el "extraño" nunca ha sido más prometedor.
Pero no en todos los casos. Carlisle (2007) señala que a través del empleo de la tecnología (incluido el matar a gran distancia, y nuevos tipos de entrenamiento) el ejército ha intentado desensibilizar y sortear la respuesta empática natural que la mayoría de los soldados sienten hacia sus adversarios. Advierte que "... con menos oportunidades de conseguir unos reflejos del sufrimiento de otros humanos, que dan lugar a la empatía, con el tiempo es posible que nuestra capacidad para la empatía desaparezca del todo." Para un atento estudio de la aversión humana innata hacia quitar la vida, y de cómo el ejército ha condicionado a los soldados para que lo superen (con el consiguiente daño psicológico) la mejor referencia es Lt. Col. David Grossman, On Killing (1996).
Puede ser útil, como sugiere Halpern (1993, p. 169), pensar en la empatía como una especie de chispa de la curiosidad natural, que despierta la necesidad de comprender mejor, y un cuestionamiento más profundo. Sin embargo, nuestra comprensión de cómo o en qué medida se sigue de ahí un compromiso político, sigue siendo muy limitada, y queda mucho trabajo por hacer. Hace casi un siglo, Stein (1917) se refirió a la empatía como a la "experiencia de la conciencia ajena en general". La película Diarios de motocicleta de Salles trata de la empatía, si bien de forma indirecta. La película sigue a Ernesto Guevara de la Serna y su amigo Alberto Granada en un viaje de ocho meses por Argentina, Peru, Colombia, Chile y Venezuela.
Cuando sale de su barrio residencial de clase media alta (su padres es arquitecto) en Buenos Aires en 1952, Guevara tiene 23 años y le queda un semestre para licenciarse en medicina. Los jóvenes se embarcan en una aventura, deciden echar una cana al aire antes de establecerse e iniciar una vida acomodada. Les interesan las mujeres, la diversión y la aventura, y desde luego que ni buscan ni esperan un odisea que cambie sus vidas.
El poder de la película estriba en la forma en que se describe cómo nace la conciencia política de Guevara, a consecuencia de una acumulación de experiencias no filtradas. Durante su viaje de 5.000 km, se encuentran con pobreza masiva, explotación y condiciones de trabajo brutales, todo ello consecuencia de un orden económico internacional injusto. Al final, Guevara abandona la idea de ser médico porque la medicina se limita a tratar los síntomas de la pobreza. Para él, la revolución se convierte en la expresión de la empatía, la única forma efectiva de tratar las raíces del sufrimiento. Esto requiere fusionar el componente cognitivo de la empatía con el compromiso, con la resistencia contra el poder asimético, siempre un acto inherentemente político. Si no, la empatía carece de significado. (Esto guarda un cierto paralelismo con la práctica política de brahma-viharas por parte de budistas comprometidos.) En sus propias palabras, que se citan a menudo (no se incluyeron en la película), Guevara afirmó que "el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor".
Paul Farmer, antropólogo médico, especialista en enfermedades infecciosas y activista internacional de salud pública, contemporáneo, ha adoptado unas tácticas distintas, pero su diagnóstico de las "patologías del poder" se parece mucho al de Guevara. Él también alaba los programas de salud de Cuba, comparándolos con su larga experiencia de trabajo en Haití. Ambos estuvieron muy motivados por la creencia de que las epidemias artificiales tienen su origen en estructuras socioeconómicas injustas, de ahí la necesidad de una medicina social, una "política como medicina a gran escala". Ambos veían la "política como medicina a gran escala"y se comprometieron a actuar en nombre de los pobres. Ambos son un ejemplo excepcional de algo que se sale de la norma social, empatía comprometida y una interrelación de componentes afectivos, cognitivos y morales. Véase la radical crítica que hace Farmer de la violencia estructural y las conexiones entre enfermedad y desigualdad social en (Farmer, 2003; Kidder, 2003). Una vez más, queda por explicar por qué hay tal escasez de ejemplos de comportamiento empático en el mundo real. ¿Por qué se caracteriza la cultura de USA por un déficit masivo de empatía de proporciones casi patológicas? ¿Y que cabría esperar, razonablemente, de una comprensión pública más amplia de la naturaleza de la empatía?
Hauser postula una "gramática moral universal", cableada en nuestros circuitos neurales a través de la evolución; esta maquinaria neural es anterior a las decisiones conscientes en situaciones de vida o muerte. Sin embargo, ovservamos que "la crianza entra en juego para fijar los parámetros y guiarnos hacia la adquisición de unos sistemas morales particulares." En otro lugar, Hauser sugiere que los factores ambientales pueden impulsar a los individuos hacia una razonamiento moral defectuoso, y los diversos resultados para una cultura local dada son prácticamente ilimitados. (Hauser, 2006) Para mí, esta discusión sobre la variación cultural no presta suficiente atención a las variables socioeconómicas responsables de configurar la cultura. Como argumenta Goldschmidt, "todo tiene que ver con la calidad de la justicia y la disponibilidad de oportunidades " (2006, p. 151) Anteriormente, Goldschmidt (1999, n.p.) había razonado que "unos motivos derivados de la cultura puedn sustituir, suplemetar o dejar sin efecto un comportamiento programado genéticamente."
Insisto en ello: los datos neurofisiológicos apoyan decisivamente la idea de que la moralidad se funda en la biología. Como plantea Greene, no es algo que recibamos "desde arriba", de las altas autoridades religiosas o los filósofos, sino algo que surge "desde abajo", como consecuencia de los procesos evolutivos del cerebro. (Greene en Vedantam, 2007). Ahora bien, como Rizzolatti y Craighero (2006) hacen bien en recordarnos, "Para usar el mecanismo de espejo (un mecanismo biológico) estrictamente de una forma positiva, hace falta añadir algo, algo cultural."
No se puede defender ni una explicación biológica reductivista ni un argumento en el sentido de que "la cultura siempre puede más que la naturaleza". En vez de eso, yo me siento cómodo con lo que el teórico político William Connolly (2002) describe como ". . . una política a través de la cual la vida cultural interviene en la composición del proceso cuerpo / cerebro. Y vice versa." (Connolly, quien que yo sepa es la primera persona que utiliza el término neuropolítica, no se ocupa, en su erudito estudio, de la relación entre las neuronas espejo y la política de la empatía.)
El reciente trabajo de Molnar-Szakacs y sus colegas sugiere que los estímulos culturales producen una impronta e influyen en determinadas respuestas neurobiológicas, y en el comportamiento subsiguiente. Además, la cultura y la identidad étnica de quienes transmiten el mensaje parecen constituir una variable crítica. Empleando la estimulación magnética transcraneal (EMT) encontraron una diferencia significativa, mensurable, en la actividad de las neuronas espejo en sus sujetos, según la persona que transmitía la información compartiera, o no, las características culturales y étnicas del sujeto. Molnar-Szakacs concluyen: "Nuestros datos demuestran que tanto la etnicidad como la cultura interaccionan para influir en la actividad del cerebro, específicamente dentro de la red de neuronas espejo que interviene en la comunicación e interacción social." (Molnar-Szakacs, 2007; Preston, 2006; y en prensa). Si bien parece precipitado extraer conclusiones firmes de esta investigación muy preliminar, sin duda está garantizado que se va a seguir investigando sobre los lazos entre la cultura y la codificación de las neuronas espejo, sobre todo por la posibilidad de unas profundas implicaciones políticas.
Aquí volvemos a nuestra cuestión anterior sobre la relativa ausencia de respuestas empáticas amplias dentro de la sociedad. Las culturas rara vez son fenómenos neutros, inocentes, sino que se organizan conscientemente para premiar a determinadas personas y penalizar a otras. Como Parenti (2006) razona convincentemente, determinados aspectos de la cultura pueden funcionar como instrumentos de poder social y dominio social a través del adoctrinamiento ideológico.
La cultura es un terreno muy reñido, y su estudio puede revelar cómo se ejerce el poder, y en nombre de quién. Aquí el manual es el análisis clásico de Gramsci (1971) de la hegemonía cultural en la cual el capitalismo mantiene el dominio, en parte, creando de modo sutil pero activo las normales culturales que prevalecen en la sociedad. Este control consensuado se logra a través de los medios de comunicación de masas, la educación, la religión y la cultura popular, a medida que las clases subordinadas asimilan ciertas ideas como "sentido común".
Cohen y Rogers, analizando la crítica de Chomsky de las elites, señalan que " Una vez que existe un orden injusto, quienes se benefician de él tienen un interés por mantenerlo, y, en virtud de sus ventajas sociales, tienen también el poder para hacerlo." (Cohen, 1991, p. 17) (Véase un tratamiento conciso, pero no carente de crítica, de los puntos de vista sociales y éticos de Chomsky en Cohen, 1991.) Claramente, la tan alardeada capacidad humana para la comunicación verbal funciona en ambos sentidos. En las manos equivocadas, a menudo se abusa de esta capacidad, ahogando conscientemente la respuesta empática. Cuando de Waal escribe "Los animales no son filósofos morales", yo me pregunto, si al hacer esta comparación, no se estará manifestando a favor de ellos. (de Waal, 1996b, n.p.)
Uno de los métodos que se emplean en las democracias capitalistas es la "fabricación del consentimiento" de Chomsky y Herman, una forma muy sofisticada de control del pensamiento. A los ciudadanos potencialmente activos hay que " distraerlos de sus intereses reales, y confundirlos deliberadamente sobre el modo en que funciona el mundo." (Cohen, 1991, p. 7; Chomsky, 1988)
En este ensayo, y siguiendo a Chomsky, yo mantengo que el cerebro humano es el primer objetivo de esta "crianza" perversa, o propaganda. En el contexto de este artículo podríamos reformularlo diciendo que la red de neuronas espejo del cerebro humano es el objetivo al que va dirigida esta fabricación de ignorancia e indiferencia porque la exposición a determinadas nuevas verdades acerca de la empatía (pruebas incontestables de nuestra naturaleza moral innata) suponen una amenaza directa a los intereses de las elites. No hay ningún fantasma en la máquina, pero la maquinaria capitalista intenta mantener a la gente a raya con un fantasma ideológico, la noción de una identidad construida sobre los valores de mercado. Pero ". . . si nadie se viera a sí mismo como el capitalismo necesita que se vea, la propia dignidad de cada persona evitaría que el sistema los explotara y manipulara." (Kelleher, 2007) Es decir, dada la aparente universalidad de esta predisposición biológica hacia la empatía, contamos con una potente línea de fondo científica desde la cual lanzar nuevas críticas a la manipulación por las elites, este culto a la crueldad.
En primer lugar, los orígenes evolutivos y biológicos de la empatía aportan pruebas empíricas sólidas (no se trata de pensamientos ilusorios, ni siquiera de inferencias lógicas) a favor de la construcción de unas sociedades muchísimo mejores. En esa línea, estas nuevas investigaciones son del todo coherentes con el trabajo sobre la naturaleza del amor auténtico y la expresión concreta de ese amor en forma de afecto, esfuerzo, responsabilidad, valentía y respeto. Como nos recuerda Eagleton, si los demás también se apuntan a este comportamiento " . . . el resultado es una forma de servicio recíproco que brinda el contexto en el que puede prosperar cada individuo. El nombre que tradicionalmente se le da a esta reciprocidad es amor." Dado que la reciprocidad exige la igualdad y poner fin a la explotación y la opresión, se sigue que "el tratar a los demás de forma justa y compasiva es, a gran escala, una de las condiciones para que el individuo pueda desarrollarse." Y en cuanto animales sociales, cuando actuamos de este modo estamos haciendo realidad nuestra naturaleza "en su aspecto más excelente". (2007, pp. 170, 159-150, y 173). (Allot (1992) proporcionó, hace ya tiempo, in informe de la historia evolutiva del amor y su significado para el desarrollo y la supervivencia humana.)
El ansia depredadora, la crueldad, la barbarie, etc., son también aspectos de nuestra naturaleza, que tienen sus orígenes evolutivos y sus correlatos neuronales. Como ha escrito Chomsky, "Si ves a alguien matar a un niño a palos, deberías decir, "bueno, eso es la naturaleza humana" y ciertamente lo es: sin duda hay condiciones bajo las cuales la gente actúa precisamente así. En la medida en que esta afirmación es cierta, y esa medida existe, simplemente no es relevante: la naturaleza humana también tiene la capacidad de conducir hacia el altruismo, y la cooperación, y el apoyo, y la solidaridad, y una tremenda valentía, y muchas más cosas." (Chomsky, 2002, p. 356) La cuestión crítica es cómo determinar qué es lo que va a prevalecer, cómo hacer realidad una forma de entorno global que aumente las oportunidades de que florezca el aspecto empático de nuestra naturaleza.
Como he señalado en otro lugar, el clásico de Fromm El arte de amar es un virulento ataque a las fuerzas sociales y económicas que nos niegan la experiencia más gratificante de la vida y "la única respuesta satisfactoria al problema de la existencia humana". Para Fromm, el entender cómo la sociedad configura nuestros instintos humanos, y por tanto nuestro comportamiento, es a su vez la clave para comprender por qué el "ama a tu prójimo", el amor hacia el desconocido, es algo tan difícil de alcanzar en la sociedad moderna.
La cultura capitalista global que premia la acumulación y los beneficios no sólo devalúa la actitud empática, sino que da lugar a un carácter atrofiado en el cual todo se transforma en una mercancía, no solamente las cosas, sino los propios individuos. La misma capacidad de practicar la empatía (el amor) se subordina a nuestra religión de estado del mercado, en el cual cada persona busca su beneficio en una competencia alienante e interminable, ávida de mercancías.
Hace más de cinco décadas, Fromm argumentó, de manera convincente, que "los principios de la sociedad capitalista y los principios del amor son incompatibles." (Fromm, 1956, p. 110) Toda persona honesta sabe que las características principales de la sociedad capitalista tienden a producir individuos alienados de sí mismos, personalidades tullidas a quienes se les ha robado su humanidad, y que están en una lucha perpetua por expresar el amor empático. No es de extrañar que Fromm creyera que se necesitan cambios radicales en nuestra estructura social e instituciones económicas si la empatía / el amor han de ser algo más que un extraño logro individual y un fenómeno socialmente marginal. Él comprendió que esto sólo será posible cuando el sistema económico esté al servicio de los hombres y mujeres, y no al contrario (Olson, 2006).
La narrativa cultural dominante del hiper individualismo se está poniendo en duda, y se está minando esa estrategia insidiosa y efectiva consistente en convertir la naturaleza humana en el chivo expiatorio, diciendo que a todos nos mueve el interés egoísta y rapaz, que "el hombre es un lobo para el hombre". Desde el pecado original hasta el "gen egoísta" actual, ciertas interpretaciones de la naturaleza humana, invariablemente, han frenado la conciencia de clase. Los resultados de estas nuevas investigaciones contribuyen a refutar la aseveración de que las personas son, por naturaleza, poco cooperativas, un argumento al que se recurre con frecuencia para intimidar y convencer a la gente de que es fútil buscar una mejor sociedad para todos. Si se le desprende de otra racionalización más del imperio, el comportamiento depredador en nombre del modo capitalista de producción se hace más transparente aún. Y aprender acerca de la inhibición consciente de este núcleo esencial de nuestra naturaleza debería eludir las preguntas inquietantes sobre los motivos que se ocultan detrás de otras ideologías generadas por las elites, desde el neo-liberalismo hasta la "guerra al terrorismo."
En segundo lugar, hay implicaciones para estudiantes y profesores. El cultivar el compromiso empático a través de la educación sigue siendo una empresa que no se comprende bien. Los estudiantes universitarios, por ejemplo, tal vez oigan "los gritos de la gente", pero las ondas de sonido morales se amortiguan al pasar por una serie de poderosos deflectores culturales. Williams (1986, p. 143) señala que "Aunque puedan ser modelos de compasión y generosidad para quienes se encuentran en sus círculos inmediatos, muchos de nuestros alumnos tienen un punto ciego en lo que respecta a sus responsabilidades en el orden sociopolítico. En el lenguaje tradicional, se les da bien la caridad y mal la justicia."
Nussbaum (1997) defiende el plan de educación americana liberal en cuanto que cultiva una imaginación empática. Mantiene que el comprender las vidas de los desconocidos y alcanzar una ciudadanía global cosmopolita puede conseguirse a través de las artes y la humanidades. No hay muchas pruebas sólidas que apoyen este optimismo, y mi propia visión sobre las prácticas que fomentan la empatía en las universidades de USA es bastante menos entusiasta. Nussbaum da ejemplos anecdóticos de gente que se pone en el lugar de otras personas, pero rara vez da una respuesta plausible a la pregunta de por qué estas personas tal vez carezcan de lugar; o de un trabajo decente, una mínima cobertura sanitaria, una esperanza de vida elevada. El espacio dentro de los contextos educativos está totalmente infrautilizado, en parte porque no sabemos suficiente acerca de los intersticios propicios donde la pedagogía crítica podría marcar la diferencia. Se podría decir que la barrera más importante es la duda cínica, casi desesperante acerca de la existencia de un instinto moral de empatía. Las nuevas investigaciones aplacan esta duda y hacen bien en poner el énfasis en estrategias destinadas a cultivar la empatía e identificarse con "el otro". Unir las dimensiones afectivas y cognitivas de la empatía tal vez requiera una versión arriesgada de pedagogía radical (Olson, 2006, 2007a; Gallo, 1989). Una consecuencia fascinante es que el carácter percibido del profesor al que se "refleja" puede ser, al menos, tan importante como el mensaje que se imparte. Las pruebas obtenidas en una situación lúdica con estudiantes de medicina apuntan convincentemente a que las respuestas empáticas se pueden intensificar de forma considerable cuando se tiene mayor conocimiento de las necesidades específicas de los demás – en este caso, los ancianos (Varkey, 2006). Es probable que unas experiencias anteriores limitadas afectarían a la respuesta emocional del individuo. Una vez más, se trata de una cuestión de cultura política / adquisición de información que debe seguir estudiándose.
En tercer lugar, para mucha gente la incompatibilidad fundamental entre el capitalismo global y la expresión viva de los sentimientos morales puede llegar a resultar obvia por primera vez. (Olson, 2006, 2005) Por ejemplo, la incapacidad de experimentar este sentimiento moral tiene implicaciones radicales, entre ellas consecuencias para el planeta. Dentro de los próximos 100 años, se habrán extinguido la mitad de las especies que existen en la actualidad. Los grandes simios, los osos polares y los elefantes van de camino a la extinción debido al crecimiento desaforado, la destrucción del hábitat y la caza furtiva. Serán estas actividades humanas, y no la extinción aleatoria, las que anularán millones de años de evolución (Purvis, 2000). Como dice Leakey, "Como quiera que lo miremos, estamos destruyendo la Tierra a una velocidad comparable con la de un asteroide gigante que se estrella contra el planeta. . . ." Y los investigadores en la Universidad McGill han demostrado que la desigualdad económica está relacionada con una tasa elevada de pérdida de biodiversidad. El autor sugiere que las reformas económicas pueden ser el requisito previo para salvar la riqueza del ecosistema e insisten en que ". . . si podemos aprender a compartir los recursos económicos de manera más justa con los demás miembros de nuestra especie, tal vez esto ayude a compartir los recursos ecológicos con las demás especies." (Mikkelson, 2007, p. 5)
Si bien uno duda a la hora de atribuir demasiado potencial de transformación a esta capacidad emocional, es perfectamente coherente llamar más la atención sobre la empatía inter especies y la eco empatía. Esta última puede ser esencial para la protección de las comunidades bióticas. Decety y Lamm (2006, p. 4) nos recuerdan que "uno de los aspectos más chocantes de la empatía humana es que puede ir dirigida hacia cualquier individuo, incluso a individuos de una especie distinta."
Esto ya se prefiguró hace al menos cincuenta años, cuando Paul Mattick, escribiendo sobre la noción de ayuda mutua de Kropotkin, señaló que ". . . Desde hace mucho tiempo, sin embargo, la supervivencia en el mundo animal no sólo depende de la práctica de, o bien la ayuda mutua o la competencia, sino que viene determinada por decisiones de los hombres sobre qué especies deben prosperar y cuáles deben ser exterminadas. . . . Allí donde gobierna el hombre, las "leyes de la naturaleza" dejan de existir." Esto es igualmente aplicables a los humanos, y Mattick observó, con razón, que las demandas de la acumulación de capital y las relaciones sociales capitalistas anulan y excluyen la ayuda mutua. Como tales, los resultados de la neurociencia son bienvenidos y necesarios, pero son en sí mismos insuficientes. Para que reine la empatía, deben desaparecer las relaciones de clase (Mattick, 1956, pp. 2-3).
En cuarto lugar, y esto es igual de preocupante para las elites, la conciencia de esta realidad contiene el potencial para fomentar unas actitudes cosmopolitas que "desestabilizan" pero afirman la humanidad hacia el "otro" desconocido, tanto aquí como en el extranjero. Como tan bien lo dice de Waal, "la empatía puede anular cualquier regla sobre cómo tratar a los demás." (de Waal, 2005, p. 9) Amin (2003), por ejemplo, propone que la nueva Europa reciba un nuevo marco en una ética de empatía y compromiso con el desconocido como su valor nuclear. La disminución de la empatía dentro de la cultura reduce el comportamiento prosocial y la cohesión social. Dadas las peligrosas fuerzas centrífugas del etnonacionalismo y la xenofobia, resulta absolutamente necesario este tema unificador, que al mismo tiempo abrirá un espacio a una Europa aún no definida, un pueblo del futuro.
Finalmente, como observa de Waal, "Si fuéramos capaces de ver a la gente de otros continentes como parte de nosotros, incluyéndolos en nuestro círculo de reciprocidad y empatía, estaríamos basándonos en la naturaleza , en vez de ir en contra de ella." (de Waal, 2005, p. 9) Una ética de la empatía constituye una parte esencial de lo que significa ser humano, y las sociedades que carecen de ella, las sociedades que no satisfacen esta necesidad, deberían ser deficientes. Se nos ha negado, de forma sistemática, un compromiso más profundo y más gratificantes con este sentimiento moral. Yo diría que la enorme cantidad de engaños y fraudes que se invierten para dejar sin efecto la empatía son un motivo de esperanza, de optimismo prudente. Paradójicamente, la relativa ausencia de un comportamiento empático generalizado es, de hecho, un valioso tributo a su poder potencialmente subversivo.
¿Es excesiva la esperanza de que estamos a punto de descubrir un punto fijo arquimediano moral, con base científica, en el que podamos hacer palanca para dirigir el discurso público hacia una apreciación de nuestra auténtica naturaleza, la cual, a su vez, podría liberar poderosas fuerzas de emancipación?
Agradecimientos:
Una versión muy abreviada de este artículo apareció en www.zmag.org (5/20/07) y fragmentos en www.identitytheory.com (10/16/07). Quiero agradecer los interesantes comentarios que hicieron sobre los primeros borradores N. Chomsky, D. Dunn, M. Iacoboni, K. Kelly, S. Preston, y J. Wingard. Gracias, como siempre, a M. Ortiz.
_______________
Gary Olson, Ph.D. es el catedrático del Departamento de Ciencia Política en el Moravian College en Bethlehem, PA. Se le puede localizar en olson@moravian.edu.

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Cerebro virtual

Por philosophico - 19 de Marzo, 2008, 23:24, Categoría: General

http://www.clarin.com/diario/2008/03/18/conexiones/t-01630818.htm

Cerebro virtual

Es considerado uno de los seis proyectos más importantes del mundo: para el 2015 pretenden crear una simulación en 3D de todo el cerebro humano, a nivel molecular, con sus 100 mil millones de neuronas funcionando.

Por:  Leonardo Bachanian. De la Redacción de Clarín.com

MARKRAM. El Blue Brain Proyect se inicia con una colaboración entre IBM, que utiliza una supermáquina para simular la forma en que las neuronas intercambian información en tiempo real, y el profesor Henry Markram del École Polytechnique en Lausanne (Suiza) y director de esta investigación. (Foto: www.research.nestle.com)

 
Las computadoras parecerían ser las mejores amigas de los científicos: confían en ellas para entender los conceptos más resistentes de la ciencia, como el origen del universo, o el futuro clima del planeta. Desde el 2005, una supercomputadora ayuda a comprender mejor la función y la disfunción del cerebro (autismo, depresión, esquizofrenia), lo que permitirá explorar soluciones a los problemas insuperables en salud mental y enfermedad neurológica. T ambién podría ser útil para predecir la reacción del cerebro a ciertas medicinas o enfermedades. Para ello, se pretende crear una simulación en 3D de todo el cerebro humano a nivel molecular.

Las primeras propuestas para construir modelos neuronales artificiales se realizaron hace 40 años, pero, entonces, no existían los recursos técnicos para realizar la simulación. Ahora, las supercomputadoras abren la puerta a esta posibilidad. El proyecto, llamado Blue Brain Proyect , es considerado uno de los seis experimentos más importantes que se están llevando acabo en el mundo y análogo, en alcance, al Proyecto Genoma Humano. Comenzó con una colaboración entre IBM, que utiliza una máquina dotada con 8 mil procesadores que trabajan en paralelo para simular la forma en que las neuronas intercambian información en tiempo real, y el profesor y director de esta investigación, Henry Markram, del École Polytechnique de Lausanne (Suiza), quien pasó los últimos 15 años tratando de crear una simulación, neurona por neurona, del cerebro.

Se trata de un proyecto internacional en el que colaboran países como Suiza, Estados Unidos, Hungría, el Reino Unido y España, entre otros. También se han incorporado al reto otros investigadores, como expertos en modelado de sinapsis (las conexiones eléctricas entre las neuronas), de la Universidad de Jerusalén. Con ayuda de la poderosa máquina Blue Gene de IBM (el apodo azul inspiró el nombre del proyecto), Markram espera tener un cerebro humano virtual, con todas sus 100 mil millones neuronas funcionando, antes de 2015. Para ello, el equipo de investigación formado por bioinformáticos, neurólogos y arquitectos, pretende pasar por diferentes fases de modelización completa de las funciones del órgano gris: rata, gato, primate y, finalmente, el hombre.

Primera etapa: Neurona por neurona

El primer modelo de simulación exitoso fue el de una columna cortical del cerebro de una rata, que puede considerarse la menor unidad funcional del Neocórtex (donde radican muchas funciones cerebrales superiores). Para simular esta pequeña parte (que apenas mide 2 milímetros de largo por medio milímetro de diámetro, incluye 10.000 neuronas y 30 millones de sinapsis) fue necesario un poder de computación de 22,8 teraflops, 22.800 millones de operaciones por segundo, distribuido entre los 8,192 procesadores de la IBM Blue Gene. Esto la convierte en una de las más potentes supercomputadores del mundo. Lo más asombroso de todo es que la versión simulada se comportó idénticamente a la versión biológica pero, por ahora, se desempeña 100 veces más lenta que el organismo simulado.

"Modelar el cerebro a nivel celular (primera etapa) es un trabajo complejo debido a los miles de parámetros que se necesita tener en cuenta", declaró el profesor Markram. Se comienza examinando la actividad eléctrica en cada neurona intentando descifrar el lenguaje que utilizan para comunicarse entre sí. Las conclusiones se meten en la supercomputadora. "Cada procesador puede simular una neurona y comunicarse con otros, generando el proceso de pensar", explica Mark Baertschi, de IBM. "Este circuito generó la inteligencia mamífera y la función cognitiva humana, que es un circuito muy poderoso y que a la vez puede presentar muchos errores", dice Markham. Para modelizar a nivel celular (no molecular) el neocórtex, han partido de la base de datos constituida en los últimos quince años en el laboratorio de Henry Markram en Suiza.

Segunda y tercera etapa

El proyecto continúa en dos ramas diferentes: construcción de la simulación a nivel molecular, cuyo interés reside en que permitirá estudiar los efectos de los genes , y la simplificación de la simulación de la columna para permitir la simulación paralela de un gran número de columnas interconectadas, con el objetivo final de simular un neocórtex completo (que en el caso de los humanos consiste en un millón de columnas, aproximadamente).

Pese al evidente poder informático del Blue Brain Project , su capacidad de simulación del cerebro humano es aún limitada. La máquina dedica un procesador para simular cada una de las neuronas virtuales con todas sus interconexiones y replica una columna neocortical con 10 mil células nerviosas que, en el caso del ser humano, es de 60 mil. La simulación integral de las 100 mil millones de neuronas conectadas que se encuentran en el hombre es, hoy, imposible.

No se habla de Inteligencia Artificial, sino de neurociencia y neurociencia computacional. Sin embargo, aunque la base del proyecto es crear un modelo del cerebro humano a partir del diseño computacional, aunque solo sea a nivel de hardware, sin los problemas añadidos de que pueda o no producir razonamientos, se está a un paso de cruzar la línea hacia esa rama de la informática que desarrolla procesos que imitan a la inteligencia de los seres vivos. Si el equipo del cerebro azul tiene éxito, los científicos tendrán por primera vez un modelo virtual y significativo del cerebro humano. La pregunta del millón: ¿podrá el Blue Brain pensar por sí mismo?

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Bibliografía de filosofía de la mente y ciencia de la conciencia

Por philosophico - 4 de Noviembre, 2007, 15:59, Categoría: General

Se ha lanzado una web en la que aparece bibliografía sobre filosofía de al mente y ciencia de la conciencia.  Comprende los diferentes tópicos que nos interesan, aunque, como era de esperarse se encuentra en inglés.  Quizás podamos pensar en una iniciativa similar, pero en español.
La bibliografía se puede encontrar en:

http://consc.net/mindpapers/

Y los textos que se pueden descargar se encuentran en:

http://consc.net/online/

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Propuesta para una Década de la Mente

Por philosophico - 29 de Octubre, 2007, 11:55, Categoría: General

En el reciente número de la revista Science se ha publicado una Propuesta para una Década de la Mente, parecida a la que que hubo sobre la Década del Cerebro (1990-199).  Es una iniciativa multidisciplinaria para comprender los mecanismos de la mente y se enfocaría en cuatro áreas interrelacionadas.

1) La salud y protección de la mente.  Los desórdenes de la mente afectan a más de 50 millones de Americanos anualmente, con costos que exceden los 400 billones de dólares.  Es nuestra obligación como científicos y trabajadores de la salud dirigir estas cargas sociales, personales y económicas en nuestra sociedad.
2) La comprensión de la mente.  Aunque recientemente se ha logrado mucho progreso en la investigación cerebral, todavía falta una comprensión fundamental de cómo el cerebro da origen a la mente.  El conocimiento sobre el funcionamiento interno de la mente reququerirá de nuevas herramientas que puedan indagar en la profundidad de los procesos mentales.  Debería incentivarse la investigación en aspectos de la mente que se creen únicamente humanos, tales como la noción del yo, los procesos racionales del pensamiento, la teoría de la mente, el lenguaje y la conciencia (higher order conciousness)
3) El enriquecimiento de la mente.  Una mejor comprensión de la mente enriquecerá nuestras vidas, mejorando nuestro sistema educativo en todos los niveles, tratando las enfermedades mentales y adicciones, ampliando la mente a nuevas habilidades y educando a la población en general sobre asuntos legales y éticos que involucran al cerebro y la mente
4) La modelación de la mente.  Combinar las metodologías teóricas y computacionales con los descubrimientos empíricos, será crucial para la curación, comprensión y enriquecimiento de la mente.  Los esfuerzos de gran envergadura de modelamiento del cerebro predecirán y diagnosticarán desórdenes, probarán tratamiento para enfermedades, explicando en fenómeno mental y cerebral, estimularán el desarrollo de arquitecturas computacionales nuevas y permitirán la construcción de máquinas inteligentes.

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La Nueva Mente del Emperador

Por philosophico - 24 de Octubre, 2007, 12:14, Categoría: General
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El cerebro regula las jerarquías sociales

Por philosophico - 22 de Noviembre, 2006, 16:16, Categoría: General

http://www.tendencias21.net/El-cerebro-regula-las-jerarquias-sociales_a1238.html

 

El cerebro regula las jerarquías sociales

 

Al menos seis regiones cerebrales se activan cuando subimos o bajamos en el escalafón social

 

Neurólogos norteamericanos han identificado las zonas del cerebro implicadas en el proceso de jerarquización social. Analizando las reacciones de un grupo de 24 voluntarios, descubrieron que cuando mejoraban su status social, se incrementa la actividad en tres regiones del cerebro: la corteza cingular anterior (área que custodia los conflictos y resuelve discrepancias), la corteza prefrontral media (que procesa pensamientos referentes a otras personas) y, por último, en el precuneo, relacionado con la capacidad de pensar acerca de uno mismo. Pero cuando los jugadores bajan en el escalafón social, la actividad cerebral aumenta en otras zonas: ganglio basal ventral y en la corteza insular, relacionadas respectivamente con las tensiones y emociones y con la motivación y recompensa. Por Vanessa Marsh.

 

La sociología ha estudiado a menudo las jerarquías sociales, es decir el orden ascendente o descendente que aplicamos en nuestras relaciones con los demás, en función de criterios como la clase social, el poder, el oficio, la categoría, la autoridad o cualquier otro objeto que determine un sistema de clasificación.

En la sociedad, la jerarquía es la estructuración más frecuente, porque establece un orden de dominación. Aún siendo por tanto un componente importante de nuestro orden social, sin embargo hasta ahora no se había estudiado desde el punto de vista neurológico: ¿cómo procesa el cerebro humano las relaciones con los demás en función del “rango” que atribuimos a otros?

 

Las jerarquías en el cerebro

Según un artículo publicado por el New York Times, un equipo de investigadores norteamericanos de la Unit for Systems Neuroscience in Psychiatry del National Institute of Mental Health de Bethesda encabezado por Caroline Zink ha descubierto que diversas regiones del cerebro aumentan su actividad cuando las personas analizan su propio estado dentro de una jerarquía social. El descubrimiento fue anunciado} el mes pasado en la asamblea de la Sociedad para la Neurociencia, celebrada en Atlanta.

Un elemento tan influyente en todo lo que hacemos, en nuestra profesión, en la relación entre profesores y alumnos, entre entrenadores y deportistas o entre padres e hijos, ha revelado por tanto que tiene su expresión en la actividad del cerebro gracias a un experimento realizado con 24 voluntarios sanos, 12 hombres y 12 mujeres.

La prueba consistió en que estos individuos debían jugar a un juego de aptitudes mientras su actividad cerebral era monitorizada por un sofisticado escáner denominado fast M.R.I. El M.R.I. (Magnetic Resonance Imaging o método de monitorización por imágenes de resonancia magnética) se utiliza para visualizar el interior de los organismos para detectar alteraciones fisiológicas o patológicas. También se emplea para el estudio de la actividad cerebral.

 

Inferior y superior

Los participantes en el estudio jugaron simultáneamente a un juego con otras personas: un jugador de “una estrella” o inferior y otro jugador señalado como de “tres estrellas”. Estos jugadores, sin embargo, no eran reales, y sus acciones eran realizadas por un ordenador.

Para convencer a los voluntarios de que sí existían, el equipo de investigación ideó elaboradas tretas, como aplazar el comienzo del juego 15 minutos porque uno de los jugadores había llegado tarde, por ejemplo, o que había dejado la sala de juego bajo cualquier pretexto.

A los voluntarios se les pidió que apretaran un botón tan pronto como se les diera una señal. Si respondían con suficiente rapidez, ganarían un dólar. Aunque los investigadores enfatizaron ante los participantes que aquello no era una competición contra los otros jugadores, se aseguraron de que los voluntarios veían las puntuaciones de los jugadores de una estrella y de tres estrellas.

 

Resultados claros

Los resultados fueron muy claros. Cuando los voluntarios ganaban más dinero que los jugadores “tres estrellas”, lo que aumentaba su status en el juego, el escáner cerebral mostró un incremento de la actividad en tres regiones del cerebro.

Por un lado, en la corteza cingular anterior (área que custodia los conflictos y resuelve discrepancias). También en la corteza prefrontral media (que procesa pensamientos referentes a otras personas) y, por último, en el precuneo o superficie del lóbulo parietal superior ubicada sobre la cara medial del cerebro.

El precuneo es una región del cerebro recientemente descubierta y en la que algunos científicos piensan que podría hallarse la auto-conciencia, la capacidad del cerebro de pensar acerca de sí mismo.

 

Otras zonas del cerebro activadas

Por el contrario, cuando los jugadores de “una estrella” ganaban más dinero durante el juego que los voluntarios, disminuyendo así su estatus en él, la actividad cerebral aumentaba en otras zonas: ganglio basal ventral y en la corteza insular, también conocida como ínsula.

Los investigadores relacionan la ínsula con las expresiones somáticas de nuestro estado emocional, es decir, con las respuestas de nuestro organismo a las tensiones y emociones.

La ínsula se encuentra ubicada profundamente en la superficie lateral del cerebro, dentro de la llamada fisura lateral. Esta área ha sido identificada por otros investigadores como una región del cerebro relacionada con los sentimientos de disgusto. El ganglio basal ventral, por su parte, se relaciona en los primates con la motivación y la recompensa.

 

Sábado 18 Noviembre 2006

Vanessa Marsh

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Evolución y cerebración

Por philosophico - 11 de Noviembre, 2006, 10:28, Categoría: General

http://www.monografias.com/trabajos33/cerebro-y-evolucion/cerebro-y-evolucion.shtml

 

Evolución y cerebración

1.                   Introducción

2.                   Desarrollo

 

INTRODUCCIÓN

A continuación se reflexiona y especula acerca de las circunstancias que podrían estar implicadas en el modo en que podría haber tenido lugar la cerebración (la formación del cerebro desde el punto de vista filogenético) en el caso particular del ser humano.

Entre otras cosas, se van a aventurar respuestas para preguntas del tipo: ¿cuál es el rasgo humano clave? ¿cómo es que los chimpancés y el hombre son tan parecidos genéticamente y tan distintos mentalmente? ¿Cómo ha llegado el ser humano a su peculiar y complejo estatus mental?

 

DESARROLLO

A partir de ahora se va a suponer que la mente es el cerebro funcionando.

Las observaciones clínicas permiten concluir que un daño parcial del cerebro de una persona se correlaciona con un daño parcial de su mente.

En una ocasión surgió la oportunidad de mantener una conversación con un amigo, neurólogo de profesión, que acababa de recuperarse de una afasia global transitoria en relación con un equivalente migrañoso, es decir, había perdido la capacidad de utilizar el lenguaje por culpa de un ataque de jaqueca tan intenso que le había dejado sin funcionamiento unas zonas del cerebro imprescindibles para integrar la función del lenguaje, tanto de su comprensión como de su expresión (la jaqueca, o migraña, curse o no con dolor de cabeza, es una enfermedad vascular cerebral con varias manifestaciones posibles, aparte del dolor de cabeza).

Al preguntarle a este amigo qué había experimentado al carecer durante unas horas de parte de su mente, episodio que recordaba, al no haberse visto afectada su memoria (por ejemplo, al no haberse visto afectada la zona del hipocampo en el cerebro), relataba que había tenido una sensación que ahora, al poder hablar otra vez, podía definir como incomodidad, porque recordaba notar la sensación de estar necesitando hacer algo que no conseguía llevar a cabo.

No supo qué era ese algo que no conseguía hacer, que era comunicarse con sus semejantes mediante un lenguaje con palabras, hasta que recuperó la facultad del lenguaje y pudo ya codificar simbólicamente dicha información. Su contacto mental con la realidad se mantuvo durante esas horas, pero de forma rudimentaria. Seguía siendo consciente como sujeto, pero con los contenidos de su conciencia subjetiva simplificados.

¿Cuál es entonces el rasgo humano clave? Porque, en el caso de este amigo, aunque durante un tiempo estuvo reducido al nivel mental de un ser consciente pero incapaz de comunicarse de forma compleja, y de percibir conscientemente (de interpretar) de manera compleja las sensaciones acerca del entorno y la realidad, seguía siendo un ser humano, y subjetivamente consciente de la realidad. ¿Es la conciencia subjetiva lo que nos distingue como seres humanos? ¿Acaso no poseen conciencia subjetiva otros animales, aunque sea más rudimentaria que la del hombre (por ejemplo, sin autoconciencia, sin conciencia del yo)? ¿Es la complejidad de la mente humana, en función del lenguaje, lo que nos hace humanos? ¿Es acaso el rasgo humano clave el lenguaje, que hace posible la percepción de parte de la riqueza y de la contraintuitiva complejidad del universo? ¿No es humana entonces una persona que carezca de la capacidad para el lenguaje? ¿Son las emociones y los sentimientos (la percepción consciente de las emociones), que mantienen al ser humano en contacto mental con la realidad, lo que define al ser humano? ¿No tienen acaso sentimientos otros animales con un cerebro suficientemente complejo? ¿Es la clave la cultura, la sociabilidad, la capacidad de autocontrol…?

Para tratar este asunto hay que tener en cuenta que la mente es un eslabón más en una compleja cadena evolutiva. La hominización es también un acontecimiento evolutivo más.

Que se sepa, sólo una especie animal es humana en la actualidad, Homo sapiens sapiens, y esto es muy importante, porque, por poner un ejemplo, varias especies distintas son felinas. De modo que la especie humana actual, a pesar de su diversidad de razas, es, de hecho, y que se sepa, la única especie viva representante del género Homo, que a su vez es también el único género vivo representante de la familia de los homínidos. Si hubiese varias especies del género humano vivientes, como sucede con otros géneros animales, el antropocentrismo estaría repartido entre varias especies, y no llamarían tanto la atención las peculiares características del ser humano (como su capacidad mental).

El hombre pertenece al orden de los primates. El orden de los primates probablemente surgió hacia el pleoceno, en la era terciaria, hace unos 60 millones de años, quizá evolucionando a partir de mamíferos insectívoros parecidos a musarañas. El orden de los primates se divide en dos subórdenes: prosimios y simios. El suborden prosimios se divide en los infraórdenes de lemuriformes, lorisiformes y tarsiformes. El suborden de los simios, o antropoideos, se divide en los infraórdenes de platirrinos y catarrinos. Los platirrinos son monos con cola, y menos evolucionados que los catarrinos. Hay tres géneros de platirrinos, tití, cebus y ateles. Los catarrinos aparecieron hace unos 50 millones de años, en el eoceno; se caracterizan, entre otras cosas, por tener 32 dientes, como el ser humano adulto. Hay 4 familias de catarrinos: cercopitecos, hilobátidos, antropomorfos y homínidos. Sólo una familia de catarrinos tiene cola, la de los cercopitécidos, pero no es prénsil. Las otras 3 familias de catarrinos no tienen cola.

La familia de los hilobátidos, o gibones, está menos evolucionada. La de los póngidos, o antropomorfos, se puede agrupar en una misma familia con los hilobátidos, al no ser humanos y compartir el rasgo común de la ausencia de cola. La familia de los antropomorfos se divide en 3 géneros: Pongo u orangutanes, Pan o chimpancés y Gorilla.

La cuarta familia del infraorden de los catarrinos es la de los homínidos, con dos géneros conocidos: Australopithecus, ya extinguido, y Homo, con varias especies conocidas, como Homo erectus y hombre de Neandertal, ambas ya extinguidas, y con una sola especie representante del género Homo viva en la actualidad: Homo sapiens sapiens, el ser humano moderno. El hombre es por tanto un simio catarrino de la familia de los homínidos, caracterizado por ser la única especie viva representante del género Homo.

Según los paleoantropólogos, es probable que el cerebro estuviera preparado para el lenguaje antes que los órganos de la fonación para el habla. ¿Es el don de la palabra, que otorga al ser humano la capacidad de reflexión y autoconciencia, el rasgo humano clave, aparte de su peculiaridad como único representante vivo de su género, su soledad autoconsciente, o cuál es sino su rasgo característico clave?

Los animales de una misma especie se reconocen como pares, y así lo manifiestan a través de su conducta. Pero, para identificar la "humanidad" a simple vista probablemente se requiera el reconocimiento de algo peculiar, y éste algo quizá sea no el lenguaje, ni la inteligencia, sino otra cosa, lo siguiente: el fenómeno de la neotenia asociado al antropomorfismo. Ésta es pues la conjetura que se plantea aquí: un ser humano es un simio catarrino antropomorfo que se ha vuelto bípedo y que manifiesta neotenia.

El fenómeno de la neotenia consiste en manifestar en la etapa adulta características infantiles o larvarias. La neotenia se da con cierta frecuencia: se observa en especies de anfibios que conservan las branquias, como en el caso de Proteus anguinus, o como en el caso del ajolote también; parece observarse, así mismo, en insectos ametábolos que conservan su morfología larvaria, como el lepisma, etc. (es decir, se da tanto en protostomios como en deuterostomios).

El ser humano también parece manifestar la neotenia, pues se diría que es una versión evolucionada de un antepasado común a antropomorfos (chimpancés, gorilas y orangutanes) y homínidos (Australopithecus y Homo), que, aparte de haberse vuelto bípedo, hubiera manifestado un progresivo y notable infantilismo.

En comparación con otros antropomorfos adultos, el hombre presenta a simple vista el infantilismo en varios rasgos: hipotrofia de la mayor parte del pelo, brazos cortos y cráneo grande en proporción al cuerpo; es decir, es como un niño de gran tamaño (pero con capacidad de reproducción). Los ojos son grandes en relación al resto de las partes de la cara; la cara es pequeña en relación al tamaño del cráneo. Los maxilares son relativamente pequeños en comparación con especies afines con menos infantilismo; el hocico ha retrocedido (como le pasa también al perro respecto del lobo, del que es una versión infantil). Los dientes son pequeños en comparación; incluso se puede apreciar a simple vista la reducción en el número de piezas dentales del hombre adulto en comparación con otros catarrinos menos infantilizados (los catarrinos presentan 32 dientes): en muchas personas ya no brotan las muelas del juicio inferiores, signo de esta hipotética regresión progresiva hacia la infantilidad.

El gorila sirve como ejemplo del polo opuesto al hombre. El gorila adulto manifiesta los caracteres que uno esperaría encontrar en un antropomorfo adulto maduro y sin aniñar: abundante y recio pelo por el cuerpo, mandíbula y caninos grandes, cara grande en relación al cráneo, uñas gruesas, brazos largos, etc. Ya las propias crías de gorila a simple vista manifiestan poca neotenia en comparación con las de chimpancé, más parecido al hombre que el gorila, y, por supuesto, dado que las crías del chimpancé manifiestan menos neotenia que las crías de hombre, las crías de gorila también manifiestan menos neotenia que las crías de hombre.

Las personas de raza negra y raza amarilla parecen manifestar más neotenia que las de raza blanca. Por ejemplo: los varones asiáticos suelen ser lampiños y poseer epicanto. El epicanto está presente en los blancos sólo durante la infancia (dando lugar en ocasiones, por cierto, al cuadro clínico llamado seudoestrabismo).

En los fósiles de niños primitivos desenterrados en la sierra de Atapuerca, los paleoantropólogos han descrito una similitud entre la cara de esos niños primitivos y la cara del hombre adulto moderno. Tal similitud se perdía al crecer el niño primitivo y desarrollar rasgos arcaicos en la edad adulta, como el arco superciliar y el prognatismo (el prognatismo tal vez fuera a su vez un vestigio rudimentario del otrora hocico).

En la actualidad se conservan estos rasgos infantiles en la edad adulta, más en la mujer que en el varón, en el que todavía parecen insinuarse rasgos arcaicos, como el arco superciliar.

Lo único que aparentemente no encaja en este rostro aniñado del hombre moderno es la presencia de la gran nariz que lo adorna en su centro, pero ello no indicaría necesariamente falta de infantilismo de la nariz, porque la selección del mayor o menor tamaño de cada órgano está influida por factores diversos, independientemente de la influencia que la neotenia pueda tener.

La talla del ser humano es mayor en la actualidad que la de sus versiones primitivas menos infantiles, como el Australopithecus. Sin embargo, la talla actual ni es incompatible con la neotenia ni indicaría tampoco infantilismo por eunucoidismo (el eunucoidismo incrementa la talla final de un individuo), ya que el eunucoidismo habría dificultado la procreación, al relacionarse con una falta de maduración gonadal.

La infantilidad del ser humano probablemente sea la clave de su singularidad como antropomorfo singular, como ser distinto a cualquier otro, el rasgo humano clave, aquéllo que le da su aspecto peculiar y que a simple vista lo distingue de forma evidente de su pariente vivo más próximo: el chimpancé, por delante incluso del don del lenguaje complejo (y más aun teniendo en cuenta que algunos investigadores han conseguido entenderse por signos con algunos chimpancés).

De ser cierta esta conjetura acerca de la correlación entre hominización y neotenia, una dificultad para intuir la importancia de la neotenia en la hominización provendría del engaño derivado del hecho de llamar antropomorfo al orangután, cuando habría que llamar "pongomorfo" al hombre, ya que no es el orangután el que tiene aspecto de hombre, sino el hombre el que se parece al orangután.

¿Estará la neotenia detrás del peculiar desarrollo cerebral del hombre? Tal vez, al aumentar el tamaño relativo del cráneo en la etapa adulta para conservar las proporciones infantiles (los niños son "cabezones"), se haya visto obligado a aumentar de forma paralela todo el segmento cefálico, tanto el continente, el cráneo, como el contenido, el encéfalo, sin que esa hiperplasia e hipertrofia neuronal haya supuesto una mutación morfofuncional inviable, sino al contrario (con la excepción de las personas con malformaciones por megalencefalia).

De momento, la persistencia de la especie humana en la biosfera como especie viable da sentido a esta conjetura, aun teniendo en cuenta que el aumento del volumen ocupado por el cráneo no haya sido exactamente paralelo al aumento de la masa cerebral (como el cerebro del hombre aumentó más que el volumen del cráneo, el cerebro agrandado ha sido viable gracias al desarrollo concomitante de las circunvoluciones, plegándose sobre sí mismo y caber así dentro del cráneo con su nuevo volumen, con dos vías en este sentido, una más viable, y otra menos viable, esta última en los casos citados de personas con megalencefalia, o gigantismo cerebral, del que hay tipos diversos y frecuentes, y que son categorizados por sistema como estados patológicos por los médicos).

El ser humano acostumbra a rodearse en su ambiente doméstico de animales que manifiestan neotenia, versiones infantilizadas de la especie original, como la vaca lechera (compárese con la vaca brava), el cerdo (compárese con el jabalí), o el perro (compárese con el lobo), y otros, por ejemplo: resulta llamativo que últimamente se estén abriendo granjas para intentar la cría del avestruz en Europa, porque esta ave es como un pollo descomunal, con unos ojos enormes en una cabeza desplumada, y con unas absurdas alas hipotróficas con las que no puede volar.

La neotenia, en el caso del perro, no sólo se manifiesta en su morfología, sino también en su conducta: el perro adulto se comporta como un cachorro juguetón y torpe; no muestra la fiereza ni la implacable intencionalidad del lobo, salvo excepciones. Es probable que el ser humano, como el perro, manifieste la neotenia en su conducta también.

Ésta podría ser la explicación de la inmadurez y despropósito que con frecuencia se aprecia en el comportamiento de los adultos, independientemente de la ya de por sí natural tendencia al caos de la humanidad en función de fenómenos emergentes asociados a la suma de individuos en unidades sociales, que alienan al individuo en beneficio del funcionamiento como grupo (que no tiene porqué ser beneficioso para el individuo).

Aparte del juego desorientado (incluso en momentos en los que no interesa jugar), el infantilismo le supone un segundo problema al hombre adulto: la labilidad emocional. Es difícil encontrar a un adulto humano que no llore o ría a la menor ocasión (de hecho, con frecuencia ya se define a la vida humana como una suma de penas y alegrías, cuando la vida no es más que otro fenómeno emergente sistemático).

En un adulto este infantilismo puede llegar a ser contraproducente, si lleva a la pérdida del autocontrol, que a su vez lleva al despropósito, con impredecibles consecuencias. Esta actitud infantil parece tener que ver con la tendencia natural del caótico ser humano a meterse en líos, cuando, el cerebro, como sistema de computación, sirve precisamente para lo contrario: para solucionar problemas. Por tanto, a mayor madurez, menos problemas.

 

Autor:

Manuel Fontoira Lombos

Doctor en Medicina. Especialista en Neurofisiología Clínica.

manuel.fontoira.lombos@sergas.es

 

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Aparición de la mente

Por philosophico - 18 de Octubre, 2006, 12:36, Categoría: General

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"La neurobiología está yendo más allá que la filosofía"

Por philosophico - 10 de Octubre, 2006, 16:34, Categoría: General

http://www.elpais.es/articulo/sociedad/neurobiologia/yendo/alla/filosofia/elpporsoc/20061003elpepisoc_10/Tes/

 

"La neurobiología está yendo más allá que la filosofía"

 

John Searle (Denver, 1932), considerado una de las eminencias de la filosofía contemporánea, es también uno de los pensadores más críticos con la noción de la inteligencia artificial. Profesor de la Universidad de Berkeley, sostiene que los ordenadores nunca llegarán a sustituir a la mente humana. Ayer abrió en San Sebastián el séptimo Congreso Internacional de Ontología con su conferencia Qué es el lenguaje.

Pregunta. ¿Mantiene hoy, 25 años después, las mismas tesis que planteó con su imagen de la habitación china?

Respuesta. Por supuesto. El principal fallo de la inteligencia artificial es pensar que el ser humano puede funcionar sin cerebro, como una computadora. En el ordenador se pueden hacer muchas simulaciones (meteorológicas, por ejemplo), pero no son reales. El cerebro es una máquina cuyo funcionamiento no conocemos, luego es imposible reproducirlo. Es mucho más complejo, puesto que se rige por un sistema bioquímico. Lo crucial del pensamiento es que funciona mediante transferencias de energía, con un complejo sistema aleatorio, lo que no es posible con los ordenadores.

P. Pero, al ritmo que avanzan las tecnologías, ¿cabe la posibilidad de que los humanos acabemos siendo prisioneros de los ordenadores?

R. No. La única posibilidad de que eso ocurra es que las máquinas acaben teniendo consciencia. En ese momento habría una rivalidad entre la consciencia humana y la artificial, pero hoy por hoy no sabemos cómo se crea la segunda. Si todos los ordenadores del mundo desarrollaran una consciencia, sí habría motivos para preocuparse. Pero no hay peligro: el pensamiento no es sólo un programa informático. Podemos estar preocupados por muchas cuestiones que pasan en el mundo, pero no por el hecho de que los ordenadores vayan a suplantarnos.

P. ¿Se está configurando un nuevo ser humano a partir de la revolución tecnológica?

R. No, pero estamos entrando en una nueva era de la filosofía. Este siglo, a diferencia del anterior, que fue el de la física, será el de las neurociencias. Hoy es muy necesaria una concepción filosófica que aglutine todas las ciencias que estudian el ser humano, como la neurobiología, la química, la física, las ciencias naturales... La neurobiología está yendo más allá que la filosofía, y está arrojando algo de luz sobre el concepto de la consciencia desde el punto de vista filosófico.

P. ¿Cuáles son sus últimas averiguaciones sobre el lenguaje?

R. En el terreno de la reflexión lingüística hay que estudiar de qué forma el lenguaje constituye la sociedad. Los animales tienen grupos sociales, pero no tienen nada parecido a la civilización humana. ¿Por qué? Porque ésta es la consecuencia del lenguaje. El lenguaje no sólo facilita la civilización, sino que la crea. El dinero, las vacaciones, el gobierno, el matrimonio... todo está constituido por el lenguaje. El lenguaje es lo fundamental en las relaciones humanas.

P. ¿Qué opina de la gramática generativa de Chomsky?

R. Ha cambiado tanto que ya no sabemos lo que es. Ha sufrido cuatro revoluciones y hoy no se sabe dónde está Chomsky en gramática. Está en el aire, sin definir. Pero Chomsky es el lingüista más importante del mundo.

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