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Problema mente cerebro

Errores cerebrales

Por philosophico - 11 de Junio, 2008, 12:31, Categoría: Problema mente cerebro

http://bloghildebrandt.blogspot.com/

 

Errores cerebrales

César Hildebrandt

El cableado cerebral decide el destino de los humanos y marca la naturaleza de sus relaciones con la gente y las cosas. ¿Cableado? ¿Chicotería? Sí, el cerebro es, fundamentalmente, una organización electroquímica, una planta hemoeléctrica, un sistema que produce respuestas frente a los estímulos y desafíos del exterior. Esta máquina de extremas complejidades tiene, sin embargo, gruesos errores de diseño. Y hay quienes piensan que buena parte de la sangre derramada a lo largo de la historia procede de esta ingeniería insuficiente.

No estamos hablando de los desperfectos que algunos se empeñaron en llamar psicopatías. Estamos hablando de cerebros que funcionan al ciento por ciento. Por ejemplo, es una certeza neurológica más o menos aceptada que la percepción del mundo exterior nos ha llegado como un presente griego de la evolución. Lo que quiero decir es que el cerebro envía, por lo general, información insuficiente o desfigurante a las redes que se encargan del descifrado. Y esto conduce a que el objeto exterior sea “leído” incorrectamente. Lo que a su vez lleva implícito el error primordial de la identificación del objeto.

¿Cómo se come este enunciado? Muy simple: “vemos” lo que muchas veces queremos ver. El almacenaje de memorias asociativas, la tendencia del cerebro a economizar energía, nos empujan, por ejemplo, a “leer” en una barba crecida el desaliño, la dejadez y el fracaso que otras barbas crecidas nos pudieron confirmar en el pasado. Pero eso casi no es “ver” sino, más bien, retrotraer.

Blas Lara, catedrático emérito de la Universidad de Lausanne, Suiza, apunta que percibir al otro como lo que quizás no es, es una tendencia “de estos estereotipos culturales que son abstracciones almacenadas en el neocórtex como etiquetas simplificadoras”.

Las funciones cerebrales tienen algo de reacción en cadena (aunque estas reacciones pueden ser varias a la vez y ocurren en las distintas redes en línea del sistema). Pero si la información primaria viene distorsionada, lo que pasa muchas veces es que las instancias que podrían “corregir” esa percepción errónea –la límbica y la cortical– asumen el error como propio y lo dejan pasar. El paso siguiente es que esos errores producirán, al final, programas de respuesta inadecuados.

Desde ese punto de vista modernamente químico-cerebral, un exceso, verbal o fáctico, es hijo remoto de una información contaminada. Y, como acabamos de ver, hasta la memoria puede jugarnos una mala pasada al querer meterse en el presente tiñendo negativamente una experiencia actual que no tendría por qué parecerse a las experiencias guardadas en nuestro disco duro.  Todos los últimos avances en torno a la máquina cerebral parecen coincidir en una verdad que el narcicismo antropocéntrico habrá de admitir aunque mucho le duela: el “autocontrol social” del sistema cerebral humano es frágil y la capacidad de imponer razones y frenos en las barreras límbica y del neocórtex desaparece con mucha más frecuencia y facilidad de lo que imaginábamos. De allí vienen todas las sangres del terrorismo religioso y de Estado y todas las matanzas “doctrinarias” que en el mundo han sido.  En resumen, el cerebro de este “lóbrego mamífero” que somos no es ni de lejos la máquina perfecta que soñó el racionalismo. Si el cerebro humano fuese la maravilla impecable que nos contaron, ¿cómo explicarse que el hedonismo de entrega inmediata de la drogadicción se haya convertido en un problema masivo? Si la computadora neuronal tuviese un antivirus enérgico, ordenaría, en ese caso, que el lector de peligros del neocórtex impusiese su punto de vista. Para no hablar de los mares de estupidez que vemos crecer todos los días a nuestro alrededor y que amenazan con inundarlo todo.

Las fallas de fábrica del cerebro humano y la nueva comprensión en relación a sus orígenes nos permiten decir ahora que esta masa grasienta de un kilo cuatrocientos gramos –membranosa, surcada y protegida por la bóveda craneana–,es más una laptop escolar que una IBM de última generación. Y es por eso que resulta imperativo cargar a esa computadora esencial con muchos programas que mejoren su rendimiento, refinen sus respuestas y creen barreras adicionales para el espía software simiesco que siempre aspira a adueñarse de sus circuitos. Y eso es lo que, en términos simples, se llama educación. Educación y un poquito de tolerancia (que casi son sinónimos).

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Conversaciones con Rodolfo Llinás

Por philosophico - 30 de Agosto, 2007, 10:37, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.revistanumero.com/39cere.htm

Conversaciones con Rodolfo Llinás

Por Ángela Sánchez
Fotografías de Leopoldo Ramírez

«El cerebro es una entidad muy diferente
de las del resto del universo.
Es una forma diferente de expresar todo.
La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás.
Somos básicamente máquinas de soñar
que construyen modelos virtuales del mundo real».

No son palabras de un filósofo ni de un poeta, aunque su obra establece un puente entre éstos y la ciencia. Es la provocadora conclusión a la que ha llegado, tras cuarenta años de estudiar el sistema nervioso, uno de los cerebros más brillantes de nuestra época: el neurocientífico Rodolfo Llinás Riascos.
Partió del estudio microscópico del funcionamiento unicelular de las neuronas hasta convertirse en fundador y pionero de la neurociencia. Ésta integra diversas ciencias para entender el funcionamiento del cerebro: biología, filosofía, fisiología, sistemas, bioelectricidad, cognición, psicología, medicina, psiquiatría, informática, zoología, evolución, antropología y geometría, por mencionar sólo algunas.
En todas esas aguas navega con propiedad Llinás, hasta revolucionar el concepto que antes se tenía sobre el sistema nervioso, es decir, «la esencia de la naturaleza humana». Sus colegas dicen que la obra de Llinás rompe por completo las antiguas creencias y marca un nuevo paradigma sobre la manera de entendernos a nosotros mismos y nuestra interacción con lo que llamamos «realidad».

Luego de publicar más de quinientas investigaciones y catorce libros científicos, Llinás decidió compartir sus hallazgos con el público no especializado a través de un libro pedagógico que sintetiza su hipótesis sobre la electrofisiología de la subjetividad: El cerebro y el mito del yo, de Editorial Norma.
En la obra, salpicada de metáforas tan didácticas, cómicas y lúcidas como su autor, se resume el trabajo de este colombiano de 68 años, nacionalizado hace cuarenta en Estados Unidos, director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, asesor de la Nasa, miembro de las academias de Ciencia de Estados Unidos, Francia, España y Colombia, y varias veces postulado al premio Nobel, entre muchas otras distinciones.
Con su melena cana y una inexplicable belleza infantil en el esplendor de su sexto piso, dialogó así con Número:

¿Por qué nos parece tan misteriosa la mente?
Supongo que la conciencia, el pensamiento y los sueños nos resultan tan extraños porque parecen ser impalpablemente internos. Ello podría deberse a que, desde un punto de vista evolutivo, nosotros los vertebrados podemos considerarnos crustáceos volteados hacia fuera.
Me explico: los crustáceos son exoesqueléticos, es decir, tienen un esqueleto externo. En cambio, nosotros somos endoesqueléticos, o sea, tenemos un esqueleto interno. Esto implica que, desde cuando nacemos, somos altamente conscientes de nuestros músculos, pues los vemos moverse y palpamos sus contracciones. Comprendemos de una manera muy íntima la relación entre la contracción muscular y el movimiento de las diversas partes del cuerpo. Desgraciadamente, nuestro conocimiento acerca del funcionamiento del cerebro no es directo. ¿Por qué? Porque en lo que a masa cerebral se refiere, ¡somos crustáceos! Nuestro cerebro y nuestra médula espinal están cubiertos por un exoesqueleto implacable: el cráneo y la columna vertebral.
A diferencia del resto del cuerpo, no vemos ni oímos nuestro cerebro, no lo sentimos palpitar, no se mueve y no duele si lo golpeamos, ya que está protegido por la portentosa estructura del cráneo. Si tuviéramos la masa cerebral por fuera del cráneo y pudiéramos ver o sentir el funcionamiento del cerebro, nos resultaría obvia la relación entre la función cerebral y la manera como vemos, sentimos o pensamos. De la misma manera que ahora nos resulta obvio lo que sabemos sobre el funcionamiento de músculos y tendones, cuyo movimiento disfrutamos tanto que organizamos competencias mundiales para comparar y medir masas musculares.
Pero no disponemos de una parafernalia análoga para medir directamente el funcionamiento del cerebro. Supongo que por eso algunas personas piensan que la mente, la conciencia o el «yo» están separados del cerebro. Y por eso en la neurociencia se dan conceptos muy diversos sobre la organización funcional del cerebro.
En cuanto a nuestros amigos los crustáceos, que no se dan el lujo de conocer en forma directa la relación entre la contracción muscular y el movimiento, el problema de cómo se mueven, en caso de que pudieran considerarlo, podría resultarles tan inexplicable como lo es para nosotros el pensamiento o la mente.

Por eso decían que el cerebro es una «caja negra» misteriosa, hasta cierto punto pasiva, con la que llegamos «en blanco» al nacer y que recibe estímulos del mundo externo, los interpreta y devuelve a través de los sentidos. ¿Qué opina usted?
Digo que el cerebro enfrenta al mundo externo, no como una máquina adormilada que se despierta sólo mediante estímulos sensoriales, sino por el contrario como un sistema cerrado, autorreferencial (parecido al corazón), en continua actividad, dispuesto a interiorizar e incorporar en su más profunda actividad imágenes del mundo externo, aunque siempre en el contexto de su propia existencia y de su propia actividad eléctrica intrínseca.
Para funcionar, el sistema no depende tanto de los sentidos como creíamos, como lo prueba el hecho de que podemos ver, oír, sentir o pensar cuando soñamos dormidos o cuando fantaseamos despiertos, en ausencia de estímulos sensoriales.
Tampoco creo que el sistema nervioso sea una tabla rasa en el momento del nacimiento. Años de evolución hacen que cada bebé nazca con un cerebro hasta cierto punto organizado, con un «a priori neurológico» que le permite ver, sentir u oír sin necesidad de aprender a hacerlo. Nacemos, por ejemplo, con la capacidad de aprender cualquier idioma. Serán la cultura y la educación las que determinen cuál. Pero la estructura básica nace con nosotros.
La historia evolutiva demostró que únicamente los animales capaces de moverse necesitan cerebro (por eso las plantas, quietas y arraigadas, aunque tan vivas como nosotros, no lo necesitan). Y que, en principio, la función principal de éste es la capacidad de predecir los resultados de sus movimientos con base en los sentidos. El movimiento inteligente se requiere para sobrevivir, procurarse alimento, refugio y evitar convertirse en el alimento de otros, pero como sería imposible sobrevivir si predijéramos con la cabeza y con la cola al mismo tiempo, se necesita centralizar la predicción en el cerebro. A esa centralización de la predicción la conocemos como el «sí mismo» de cada uno de nosotros.

 ¿Por qué dice que el color, el dolor o el sonido no existen afuera sino adentro?
Lo que hay afuera no es necesaria y únicamente lo que los seres humanos vemos. En realidad, afuera hay todo un caos lleno de cosas que nuestro cerebro no percibe porque no tiene necesidad de hacerlo para sobrevivir: ondas sonoras, electromagnéticas, átomos, partículas de aire, etc. Cada cerebro animal, incluido el humano, aprendió evolutivamente a discriminar de ese caos externo sólo aquello que requiere para sobrevivir. Por eso, los perros «ven» con el olfato, los murciélagos ciegos con el oído, los pajaritos ven muchos más colores que nosotros y no tenemos seguridad de que sean los mismos nuestros, etcétera.
Ejemplo: si un perro y una persona quieren buscar a alguien en un aeropuerto, le damos a la persona una foto del extraviado y al perro una media. Pero si lo hacemos al revés, la foto para el perro y la media para la persona, ¡seguramente nunca encontraremos al perdido! (risas).
Así, se establece un diálogo entre nuestro mundo interno y el mundo externo, por medio de los sentidos, que nos permite elaborar representaciones virtuales de los fragmentos del mundo real que necesitamos para sobrevivir. Pero no tenemos la visión íntegra de todo lo que hay allá afuera. Lo que pasa es que a través de unos quinientos o setecientos años de evolución, los humanos nos hemos puesto de acuerdo en una especie de «alucinación colectiva estándar» y vemos más o menos lo mismo. Eso es lo que nos permite ser una sociedad con referentes universales.

¿Por qué dice que el «yo» es un mito?
Los seres humanos no tenemos cerebro. Somos nuestro cerebro. Cuando le cortan la cabeza a alguien, no lo decapitan sino que lo decorporan. Porque es en este prodigioso órgano donde somos, donde se genera nuestra autoconciencia, el «yo» de cada uno. Por tanto, lo que llamamos «yo» no es separable del cerebro. Si dijéramos «el cerebro me engaña», la implicación sería que mi cerebro y yo somos dos cosas diferentes. Mi tesis central es que el «yo» es un estado funcional del cerebro y nada más, ni nada menos.
El «yo» no es diferente del cerebro. Ni tampoco la mente. Son unos de tantos productos de la actividad cerebral, a partir de la cual hemos llegado a la Luna y tenemos posibilidades ilimitadas de hacer realidad nuestros sueños.

¿Cómo puede ser el «yo» un estado funcional del cerebro?
El núcleo de mi tesis radica en el concepto de oscilación neuronal, como la de las cuerdas de una guitarra o de un piano cuando las pulsamos. Las neuronas tienen una actividad oscilatoria y eléctrica intrínseca, es decir, connatural a ellas, y generan una especie de danzas o frecuencias oscilatorias que llamaremos «estado funcional».
Por ejemplo, los pensamientos, las emociones, la conciencia de sí mismos o el «yo» son estados funcionales del cerebro. Como cigarras que suenan al unísono, varios grupos de neuronas, incluso distantes unas de otras, oscilan o danzan simultáneamente, creando una especie de resonancia. La simultaneidad de la actividad neuronal (es decir, la sincronía entre esta danza de grupos de neuronas) es la raíz neurobiológica de la cognición, o sea, de nuestra capacidad de conocer.
Lo que llamamos «yo» o autoconciencia es una de tantas danzas neuronales o estados funcionales del cerebro. Hay otros estados funcionales que no generan conciencia: estar anestesiado, drogado, borracho, «enlagunado», en crisis epiléptica o dormido sin soñar. Cuando se sueña o se fantasea, ya hay un estado cognoscitivo, aunque no lo es en relación con la realidad externa, dado que no está modulado por los sentidos.
Pero en los otros casos o estados cerebrales, la conciencia desaparece y todas las memorias y sentimientos se funden en la nada, en el olvido total, en la disolución del «yo». Y, sin embargo, utilizan el mismo espacio de la masa cerebral y ésta sigue funcionando con los mismos requisitos de oxígeno y nutrientes.
Aunque el estado funcional que denominamos «mente» es modulado por los sentidos, también es generado, de manera especial, por esas oscilaciones neuronales. Por tal razón podríamos decir que la realidad no sólo está «allá afuera», sino que vivimos en una especie de realidad virtual.
Es decir, que no es tan distinto estar despierto que estar dormido...
El cerebro utiliza los sentidos para apropiarse de la riqueza del mundo, pero no se limita a ellos. Es básicamente un sistema cerrado, en continua actividad, como el corazón. Tiene la ventaja de no depender tanto de los cinco sentidos como creíamos. Por eso, cuando soñamos dormidos o fantaseamos, podemos ver, oír o sentir, sin usar los sentidos, y por eso el estado de vigilia, ese sí guiado por los sentidos, es otra forma de «soñar despiertos».
El cerebro es una entidad muy diferente de las del resto del universo. Es una forma distinta de expresar «todo». La actividad cerebral es una metáfora para todo lo demás. Tranquilizante o no, el hecho es que somos básicamente máquinas de soñar que construyen modelos virtuales del mundo real.

¿Cómo mantener activa nuestra «máquina de soñar»?
Estamos hablando de que todos estos prodigios de la mente se generan en tan sólo un kilo y medio de masa cerebral, con un tenue poder de consumo de catorce vatios. De manera que para mantenerla en forma se requieren buena nutrición, buena oxigenación y protegerse de golpes.
Sin embargo, lo más importante es usar el cerebro, cosa que muchas personas no parecen tener tan claro. El problema es que la inteligencia es limitada pero la estupidez es infinita. Por eso es tan urgente promover una buena educación, que enseñe a pensar claramente a través de conceptos y no de mera memorización de datos. Hay que entender la diferencia entre saber (conocer las partes) y entender (ponerlas en contexto). Por ejemplo, una lora sabe hablar pero no entiende nada.

¿Por eso en su investigación se busca la síntesis y no la especialización, propia de la ciencia positiva estadounidense?
El análisis del detalle es más fácil que la síntesis, pero no es suficiente. Como en la película La tienda de empeño, donde Chaplin atiende a un cliente que le pide arreglar un reloj. Saca abrelatas, alicates, empieza a sacar las partes hasta desbaratarlo por completo. Luego pone todos los pedazos en el sombrero y se los entrega al desolado cliente. ¡El señor desbarató el reloj y no lo pudo volver a construir! Así es la ciencia analítica o especializada: sin la síntesis, sólo tiene grandes cantidades de pedazos de cosas.

No obstante, es incorrecto decir que mi trabajo es síntesis de fisiología con biología, con zoología, entre otras ciencias. Mi interés es explicar cómo son las cosas. El problema es que esos cajones del saber («esto es física, esto es química, etc.») son artificiales, por lo cual yo no los respeto. El mundo es uno. Y la gente le da nombres porque es estúpida y se fracciona en función de palabras, en vez de tomar las cosas por lo que son.
Lo que estoy tratando de hacer es muy peligroso, porque yo me puedo mover de lo molecular a lo cósmico, sin problemas. Y eso resulta sospechoso para los científicos tradicionales, que sólo respetan el conocimiento muy especializado. En términos generales, los científicos se catalogan entre «topos» y «zorros». Los topos taladran, buscan la profundidad y cada vez saben más y más de una sola cosa. Los zorros lo ven todo, pero por lo mismo saben poco de mucho.
Alguien dijo sobre mi trabajo: «Ese señor Llinás es ambas cosas: un topo y un zorro. O mejor, un ¡“zorrotopo”!» (risas). Mi propuesta es que la ciencia sea análisis y síntesis, que la neurociencia se aventure a cuatro órdenes de magnitud y no sólo se quede en lo microscópico, y que así podamos no sólo saber sobre el cerebro, sino entenderlo, porque mientras más comprendamos la portentosa naturaleza de la mente, el respeto y la admiración por nuestros congéneres se verán notablemente enriquecidos.

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Reduccionismo

Por philosophico - 30 de Marzo, 2007, 13:48, Categoría: Problema mente cerebro

- ¿Vos creés que todo puede explicarse con la neurobiología o hay cosas existenciales que la neurobiología sólo lo explica de una manera reduccionista?

Cuando tenemos que describir como actúan las neuronas, diciendo: esta neurona es de tal tipo y sintetiza este neurotransmisor y este va a un receptor que –en realidad- es algo que jamás hemos visto, imaginamos que hay unos receptores, entonces. La realidad es que esta neurona no está sola sino que está actuando junto con otra neurona que seguramente produce otra sustancia. Incluso ella misma puede producir otra sustancia, es decir, naturalmente es reduccionista intentar limitarse sólo a unos esquemas de neuronas que produce esta sustancia que actúa y esto se traduce en comportamientos. Yo creo que esto es la base, hay unas experiencias pasadas que van modulando como esta neurona responde porque somos capaces de anticipar respuestas. Y a partir de ahí, transformar todo esto en una sensación de ansiedad, en una sensación de miedo o en una sensación de placer anticipado, hasta qué punto esto es sólo sustancias químicas, sólo impulsos eléctricos que pasan de una neurona a otra, bueno, yo creo que la base es eso, esto es lo que hoy por hoy conocemos. Nos explican como funciona el cerebro, hasta qué punto un recuerdo o una experiencia pasada, influye sobre esas neuronas, yo creo que ahí está la clave y si a esto hay que llamarle psicoanálisis, pues bueno, lo llamamos psicoanálisis, si quieres llamarle conductismo, no sé, para mí la explicación es esta, es decir, somos un amasijo de células que funcionamos de una manera determinada y por el hecho de tener el cerebro estructurado como lo tenemos, podemos sentir bienestar, placer, construir herramientas, amar, odiar, etc.

- Digamos que esto es toda una declaración de principios, el psicoanálisis podría explicarlo de otra manera, sin apelar a la neurobiología, alguno de los dos debe tener una explicación ingenua, ¿crees que hay conciliación posible, articulación entre disciplinas?

Yo creo que la explicación neurobiológica lo que hace es decir: somos seres humanos que estamos constituidos por unas  sustancias y por unas células; el psicoanálisis lo que hace, y por lo que sé, es decir: tú respondes de esta manera porque en un momento pasado tuviste unas experiencias determinadas que marcaron tus fobias o tus actitudes actuales tus miedos, tus placeres, tus obsesiones de hoy, etc. Entonces creo que en el fondo no está reñido, es decir, el psicoanálisis lo que hace es intentar explicar  que ante una situación determinada, nuestro cerebro actúa de una manera determinada, la persona que es histérica, la persona que es neurótica, la persona que tiene un problema, cualquier problema tos psicológico lo tienen porque sus neuronas en un momento determinado están elaborando unas sustancias por alguna causa, el psicoanálisis intenta bucear por ahí e intenta explicar, porque las neuronas en este momento responden así.

 

Entrevista con el farmacólogo catalán Dr. Albert Figueras, en “Claves para reconocer la felicidad”

http://www.intramed.net/actualidad/art_1.asp?idActualidad=43353&nomCat

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El arte de simular cerebros con informática

Por philosophico - 10 de Octubre, 2006, 16:42, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2006/10/05/neurociencia/1160052955.html

El arte de simular cerebros con informática

La revista 'Science' dedica su portada a la neurociencia computacional.

 

AMÉRICA VALENZUELA (elmundo.es)

MADRID.- Los programas informáticos se han convertido en una herramienta fundamental en el estudio de un órgano tan complejo como el cerebro. Hoy en día la neurociencia computacional es uno de los campos de la ciencia teórica más efervescentes. Incluso la revista 'Science' le ha dedicado la portada de su último número.

Los británicos A. L. Hodgkin y A. F. Huxley son considerados los pioneros en la integración de matemáticas y la neurología. Enunciaron las ecuaciones que describen el comportamiento del estímulo nervioso, que siguen vigentes hoy en día. Este trabajo marcó una nueva era en el estudio del sistema nervioso y les hizo merecedores del Premio Nobel en 1953, que compartieron con el médico australiano Sir John Eccles.

Desde entonces no se ha producido ningún hito de estas proporciones en este campo. "Las aplicaciones se verán a largo plazo. Por ahora sirve para comprender el funcionamiento del cerebro", ha señalado a elmundo.es Albert Compte, un joven físico del Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) y del Instituto de Neurociencias de Alicante especializado en este campo.

Los últimos 15 años

La neurociencia computacional está sufriendo un fuerte impulso en los últimos 15 años. Según Compte, "se trabaja mucho y los implicados están ilusionados y estimulados". Hay grupos fuertes con proyectos en marcha, sobre todo en Alemania y Estados Unidos.

Sin embargo este panorama no lo comparte gran parte de Europa. "En España sólo hay pequeños equipos dispersos". El investigador lo achaca a "cierta oposición del 'establishment'. Digamos que aquí la Biología y la Física no se hablan", comenta.

"La neurociencia computacional consiste en una formalización matemática de los comportamientos que observamos en el sistema nervioso", explica. "A través de simulaciones comprendemos el funcionamiento del cerebro; cómo este órgano almacena memoria, cómo procesa información visual, táctil u olfativa y otros muchos estímulos".

Para realizar esta labor, los matemáticos, los físicos, informáticos y biólogos deben trabajar juntos. "Nos centramos en un aspecto muy concreto, por ejemplo, la memoria", ilustra Compte, para luego explorar los mecanismos que contribuyen a su funcionamiento. "Recogemos parámetros de experimentos de tejido nervioso 'in vitro' e imágenes, entre otros". Después desarrollan un modelo matemático "lo suficientemente sencillo y complejo [en cuanto a número de variables] a la vez".

Predecir cómo reacciona un sistema

Uno de los proyectos más llamativos en este campo es el que están realizando expertos de la École Polytechnique Fédérale en Lausana (Suiza). Están trabajando en la simulación en tres dimensiones del neocórtex, la parte más externa del cerebro, que confiere a los humanos sus características más significativas, como la capacidad de hablar, leer o las emociones complejas.

Para modelar el cerebro a escala celular se necesitan cientos de miles de parámetros matemáticos. Por eso, estos investigadores se han aliado con la empresa informática IBM, que les permite usar de uno de los pocos superordenadores que existen, el 'Blue Gene', que puede realizar casi 25 billones de operaciones matemáticas por segundo. La simulación, que esperan tener lista en 2007, proporcionará interesantes datos sobre el funcionamiento de las complicadas redes neuronales del cerebro y su microarquitectura.

El trabajo de los físicos, informáticos y matemáticos en relación con el de los biólogos y neurofisiólogos es bidireccional. Por una parte, el modelo matemático obtenido por los informáticos se utiliza para simular cómo reaccionaría un sistema de redes neuronales concreto. Para 'pulir' el modelo artificial "se pueden variar las condiciones para predecir cómo reaccionaría dicho sistema y se observa en el laboratorio si los resultados que propone el programa coinciden con la realidad", indica Compte.

Por otra, con los programas los biólogos pueden lanzar hipóteis y predecir si son ciertas. Aunque, por supuesto, tendrán que ser comprobadas (o desmontadas) con experimentos en el laboratorio realizados. Es de gran utilidad para estos investigadores 'tradicionales' puesto que pueden animarse a realizar experimentos en el laboratorio con más pistas sobre los posibles resultados.

 

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La relación mente cuerpo

Por philosophico - 12 de Septiembre, 2006, 16:53, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.filosofiayliteratura.org/filosofia/mentecuerpo.htm

 

LA RELACIÓN MENTE / CUERPO

 

Esther C. García Tejedor

 

DEFINICIÓN, NATURALEZA Y CONCEPCIONES DEL ALMA

         Al plantear el tema de la naturaleza del alma es frecuente limitarse, sin más, a afirmar o negar su existencia, como si todo se redujera a “creer” en ella o no. Pero esta actitud parte de una concepción del alma como trasunto del cuerpo muy influida por un lado –aunque no sólo– por la concepción cartesiana, que aunque en el terreno de la filosofía haya sido superada, en el acerbo popular sigue teniendo peso, y con concepciones religiosas por otro.

         Antes de afirmar o negar la existencia de algo, hay que pasar a ver de qué fenómeno estamos hablando. Desde las culturas más primitivas se observa que hay una diferencia entre los seres animados y los inanimados. Éste es el punto de partida: el alma o ánima –del latín anima, lo que “anima” un cuerpo, de donde deriva la palabra “animal”– es el principio de vida. La tendencia a la sustancialización hace que se perciba como algo añadido a la materia. Para abordar el tema nos quedaremos en principio con la concepción de Aristóteles, como principio de movimiento.

         Podríamos especular que la concepción del alma se ha fraguado a partir de dos constataciones: la diferencia entre los seres vivos y los inertes, y la muerte o desaparición de ese “principio” que los distinguía. Si el primero se mantiene dentro de la percepción conceptual con que tratamos de aprehender el mundo, la segunda se eleva al terreno de las inquietudes humanas, entre las que se encuentra, como una de las principales, el ansia de inmortalidad y el trauma de la desaparición de seres queridos. Comencemos por el primero.

         El hecho de observar que los seres animados poseen algo –separable del cuerpo, pues todos mueren– que les distingue de los inertes ha hecho que predomine la tendencia a buscar la “sustancia” que constituye ese algo insuflado en los vivientes. El ser humano intenta acercarse a lo desconocido u oculto a partir de lo conocido, de ahí las versiones de lo que constituye o compone lo que se concibe como alma. En este sentido, podemos rastrear a través de los presocráticos y su teoría del arjé los elementos de la naturaleza con que se ha identificado el alma.

         El agua de Tales: en contacto con culturas y mitologías orientales, donde se concibe el origen del universo y la vida a partir de un océano primordial, Tales propone el agua (o habría que decir “lo húmedo”) como elemento primero del que todo surge. En efecto, sabemos que la vida en la tierra procede del mar, que el ser humano, antes de nacer, está en el líquido amniótico, y que el desarrollo de la vida depende de dos factores naturales: la humedad y el calor.

El aire y el fuego son otros elementos con los que se ha intentado comprender ese principio que anima a los vivientes. Aquí hay que hacer referencia al concepto griego de pneuma, que podríamos definir como “soplo” o aliento de vida, y que hacia la época del Helenismo va adquiriendo el sentido de “espíritu”, aunque todavía concebido con una cierta “materialidad” que lo convierte en una sustancia manipulable. Este carácter material –aunque tremendamente sutil– que posee esta noción puede venir de ese suspiro que exhalan los moribundos al espirar. El término griego, implica la creencia de que los seres vivos tienen un principio vital que es como una cantidad de energía que se va consumiendo a lo largo de la vida, hasta que se agota y morimos.

         A esta perspectiva materialista del alma hay que añadir otra “formal”, que implica ya la noción de alma específicamente humana y se relaciona con el conocimiento. El ser humano es capaz de concebir dentro de sí el mundo que aprecia fuera, pero no se trata de un mero reflejo: el hombre interpreta y, sobre todo, capta racionalidades. Esa capacidad de percibir lo racional, que se ejemplifica en las matemáticas como algo idéntico para todos, hizo postular una parte del alma más elevada y relacionada con lo eterno, lo permanente, lo atemporal. Aristóteles habla de tres tipos de alma: la vegetativa, la sensitiva y la racional. La primera es la única que poseen los vegetales, y alude a la capacidad de nutrición y crecimiento. La segunda la compartimos con los animales; pero la tercera es exclusiva del hombre. Platón –como heredero del pitagorismo y del orfismo– va a centrarse en lo que de eterno, superior y atemporal tiene para postular su independencia del cuerpo y su inmortalidad. Mezclada esta idea con la materialidad con que se concibe el alma en las culturas primitivas, tenemos la asociación de ésta con el fuego, principio de luz y calor. La luz ha sido, desde antiguo, símbolo del conocimiento –de ahí su carácter sagrado en el mazdeísmo–, se relaciona con el Sol y su calor, principio de vida.

         Pero no sólo en la cultura griega tenemos referencias interesantes al principio vital. Junto al concepto griego de pneuma o aliento vital, encontramos en el pensamiento egipcio un término que designa algo así como nuestro “alma”: el ba. Serge Sauneron lo define como el aspecto espiritual que puede manifestarse independientemente de su aspecto físico, actuar por su cuenta, “representar” a su dueño[1]; y Guy Rachet[2] como una facultad de moverse y revestir formas diferentes. El ba, por tanto, no es el alma como la concebimos nosotros, sino la capacidad de tomar formas. Es una fuerza individualizadora determinante. En este sentido, poseen más ba los dioses y los muertos que los vivos, porque los vivos no tienen esa capacidad de transformarse, de cambiar su ba a distintas formas, sino que lo tienen concretado en una única forma mucho más inamovible. P. Derchain señala que “Puede definirse el ba como la relación entre dos mundos, sensible e imaginario, y el signo de su interacción”[3].

 

ACTOS MENTALES

         Uno de los términos más asociados como sinónimo de alma, junto con el espíritu, es la mente. Si el anterior se caracteriza por las connotaciones religiosas, éste asimila más las relacionadas con el conocimiento, del mundo y de uno mismo, y se constituye en el objeto de estudio de la psicología científica y filosófica.

La característica esencial de lo mental es la conciencia. Este término abarca dos acepciones: la primera hace referencia al sentido moral, y se definiría como el conocimiento interior del bien y del mal. La segunda, más amplia, se entiende como la propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y las modificaciones que en sí mismo experimenta.

El término procede del latín conscientia, formado a partir del prefijo con-y el étimo –scientia, que venía a significar un conocimiento común a varias personas, de ahí pasó a significar el conocimiento interior y, por consiguiente, el conocimiento moral. Por conciencia o consciencia, actualmente, podemos entender el conocimiento que tenemos de nosotros mismos o lo patente de nuestro conocimiento del mundo.

La conciencia o su contenido ha sido tradicionalmente la nota definitoria de la mente. Con el psicoanálisis, a la conciencia se suman los actos y procesos inconscientes para explicar lo mental. Éstos están relacionados con la actividad conscientes, y sólo son cognoscibles a través de ésta. Por tanto, se pueden definir los actos mentales como los actos conscientes y también los inconscientes, en la medida en que guardan relación con la conciencia.

Se suele designar como características principales de la conciencia la intencionalidad y la intimidad.

La intencionalidad –del latín intentio, in-tendere– designa la acción o facultad de nuestra conciencia de tender a algo distinto a así misma.. La conciencia siempre es conciencia de algo. Las actividades mentales se refieren a algo como su objeto. En todo acto consciente intervienen tres elementos: el sujeto (el que piensa), el acto de pensar y el objeto (lo pensado). Hasta Descartes dominaba lo que se llamó el “realismo ingenuo”: la realidad estaba ahí, y se reflejaba de un modo u otro en la conciencia (lo pensado). Desde Descartes y las consecuencias de su famoso cogito ergo sum, el sujeto pasó a constituirse en realidad radical y última a partir de la cual debería explicarse lo demás. Con la aparición de la fenomenología, el existencialismo y los vitalismos se replantea el tema del conocimiento y la realidad radical, dentro de lo que cabe destacar a Ortega y Gasset, quien sitúa como realidad radical no al sujeto ni al objeto, sino al acto mismo de conocer, que supone un punto crucial entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido.

         Hemos señalado como característica de la conciencia, junto con la intencionalidad, la intimidad. Esta cualidad define la privaticidad de los actos mentales: sólo son accesibles para el sujeto que los experimenta. Loa actos mentales ajenos son incognoscibles o sólo cognoscibles de manera indirecta: por deducción o inferencia. Puedo deducir que alguien está triste o alegre, enamorado, expectante… porque su actitud o su expresión es similar a los que he aprendido que expresan esas emociones.

 

TEORÍAS SOBRE LA RELACIÓN MENTE-CUERPO

         Sabemos por experiencia que los hechos mentales se dan conjuntamente con hechos físicos, es decir, hay un determinado paralelismo o reflejo de unos y otros. Hay, por tanto, que explicar en qué consiste la relación entre ambos.

         Las teorías al respecto se dividen en dos grandes grupos: monistas y dualistas.

 

Monismo

         Sostiene que no existen dos realidades, una mental y otra física, sino solamente una, de la cual la otra es una apariencia o producto. Dependiendo de cuál se reduzca a cual, tenemos dos grandes bloques: idealista y materialista. Este segundo es el más extendido y más fácilmente comprensible.

La concepción materialista del alma afirma que sólo existe la materia. Los actos mentales serían fenómenos o epifenómenos de los procesos fisiológicos. Sostiene que las emociones, al igual que las emociones, se pueden explicar en términos físicos o químicos: reacciones hormonales, conexiones nuevas o alteraciones cerebrales… Su principal ventaja estriba en que permite explicar fácilmente por qué determinados hechos mentales van siempre acompañados de determinados hechos físicos o fisiológicos: desde las lágrimas causadas por la tristeza, el movimiento del cuerpo por una volición o intención mental, hasta la úlcera ocasionada por exceso de preocupaciones. Tiene como inconveniente, no obstante, que no explica, sino que ignora la diversidad de propiedades de los hechos mentales y los físicos. En otras palabras, niega una existencia real de la conciencia. La principal objeción radica en la característica mental de la intimidad: se podrían reproducir (al menos en teoría) los fenómenos físicos que acompañan a determinadas emociones a través de robots, programas de ordenador… El tema peliagudo de las diferencias entre robots y personas ha sido fuente de inspiración de muchas películas de ciencia-ficción, que plantean sentimientos aparentes de los primeros, pero que no responden a una realidad, o no se sabe hasta qué punto –Los ladrones de cuerpos, Blade Runner...–. Si puede plantearse, es que cuando menos entendemos la diferencia entre las reacciones físicas y el trasunto anímico.

 

Dualismo

         Se clasifican bajo este nombre las teorías según la cual lo mental y lo físico son dos clases distintas de realidad.

         En la antigüedad, solía entenderse al hombre como compuesto de tres partes: cuerpo, alma y espíritu. Esta última distinción tenía unas connotaciones religiosas –aunque no es sólo ni necesariamente religiosa– que se han ido desdibujando con el paso del tiempo hasta nuestros días. Si el cuerpo es la materia (a menudo junto con los sentidos) y el alma el principio de movimiento y de individuación, el espíritu es la parte inmortal del hombre, concebida a partir de su capacidad de conocer verdades eternas (racionales). Dado que la constancia (cercana a la eternidad) se aprecia en el curso y orden celeste, frente a la corrupción que reina en la naturaleza, esa parte inmortal se asoció también a esa esfera más elevada, en la cual, según se va ascendiendo, la regularidad parece crecer.

 El dualismo más radical se plantea en la Edad Moderna con el filósofo Descartes; pero se suele mencionar también como dualista ejemplar a Platón.

Platón (429-347 a.C.)es heredero del orfismo, corriente religiosa que define el cuerpo como “cárcel del alma”, y sostiene que el alma (psijé) es inmortal. Establece, por tanto, una fuerte distinción entre ambas realidades (cuerpo y alma), pero la distinción no es tan fuerte como la que presenta las dos sustancias cartesianas. Fenómenos como los sentidos, el deseo... pertenecen al cuerpo, son su forma de conocimiento. Por ello, para purificar el alma de modo que ésta escape de su cárcel, el hombre debe apartarse de los goces sensuales y desarrollar el conocimiento noético. A partir de esta herencia órfica, Platón nos define tres tipos de alma: irascible, concupiscible y racional, que quedarán bellamente retratadas en el mito del carro alado, con dos caballos conducidos por el auriga, que es la razón.

         Como contestación al planteamiento platónico, Aristóteles (384/3-322 a.C.) establece una visión distinta de la relación entre alma y cuerpo. El alma es la “forma” del cuerpo, lo que hace que la persona sea lo que es. La relación es más estrecha (no son sustancias distintas, sino dos componentes metafísicos de una misma sustancia), pero de este modo rechaza la inmortalidad del alma. Hay que subrayar en este punto que el planteamiento aristotélico no puede calificarse de monista, ya que, aunque no concibe cuerpo y alma por separado, tampoco reduce una a la otra.

El dualismo radical de Descartes(1596-1650) es consecuencia de su famoso “Pienso, luego existo”. Pensar: cualquier tipo de contenido o actividad mental: juzgar, sentir, desear... El cuerpo es sólo extensión física, pura materia que responde sólo a las leyes de la mecánica. Cuerpo y mente se conciben de este modo como sustancias irreductibles.

 

Otras perspectivas

Ya en el s. XX, Merleau-Ponty (1908-1961) plantea la necesidad de superar los dualismos que enmascaran las realidades concretas y a partir del análisis fenomenológico de la percepción postula el cuerpo como lugar de nuestro conocimiento del mundo y primer medio de expresión de nuestras intenciones y significaciones. El cuerpo se convierte en nuestra perspectiva.

El término “perspectivismo” fue ya acuñado por Gustav Teichmüler (1882), y puede aplicarse a diversos autores que se caracterizan por tener en común una concepción del conocimiento sujeta al punto de vista del individuo y a sus necesidades vitales. Ortega y Gasset (1883-1955) desarrolló este concepto en lo que se ha considerado su primera etapa (la segunda es la del racio-vitalismo). Según este autor, no existen ni las cosas aisladas, ni un yo o sujeto pensante aislado. El ser del mundo, su realidad primera, es un yo-en-el-mundo, una perspectiva. Conocemos desde nuestra perspectiva, que es una determinada circunstancia vital, y sólo ampliando y multiplicando las perspectivas podemos conocer el mundo.

A todas estas visiones y corrientes filosóficas habría que añadir, para plantearse el tema con suficiente seriedad y criterio, las actuales investigaciones biológicas sobre el cerebro. La teoría de la información, plasmada en el ADN, abre múltiples posibilidades de insertar el conocimiento como programa de la vida. El conocimiento humano, sus valores morales y estéticos, sus inquietudes, serían la más compleja y desarrollada emergencia de esa concepción biológica de la información, en la que se percibe ya cómo el mundo, o alguna de sus características, está codificado en los genes, y es precisamente esa capacidad de transmitir información lo que caracteriza la vida.

© Esther C. García Tejedor

Foro de Realidad y ficción.

www.realidadyficcion.org

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La mente, ese dilema

Por philosophico - 17 de Mayo, 2006, 19:32, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.unesco.org/courier/2001_07/sp/doss35.htm

La mente, ese dilema
A.C. Grayling, profesor adjunto de Filosofía, Birkbeck College, Universidad de Londres.
photo
La vista, una función demasiado compleja para ser numerizada.
Desde Descartes, los filósofos están empeñados en dilucidar las relaciones entre el mundo material, el cuerpo y la mente. ¿Acaso estamos a punto de encontrar una respuesta, o siguen siendo los procesos mentales tan inaprehensibles como siempre?

Entre las preguntas más importantes que aún no han resuelto los investigadores figuran las relativas a la mente y su función en la naturaleza. ¿Qué es la mente, y qué relación guarda con el cuerpo?
Con Descartes, el dilema mente-cuerpo quedó bien definido. Sostenía que cuanto existe corresponde a la categoría de sustancia material o la de sustancia pensante. Descartes definía la esencia de la materia como la ocupación de espacio, y la esencia de la mente, como el pensamiento. Ahora bien, al establecer tal distinción suscitó el problema aparentemente insoluble de cómo se produce la interacción entre ellas. ¿Cómo un suceso físico, pincharse por ejemplo, se convierte en el suceso mental que es la sensación de dolor? ¿Cómo el suceso mental que es pensar “es hora de levantarse” origina el suceso físico de salir de la cama?
El propio Descartes no supo dar respuesta, y sus sucesores (sobre todo Malebranche y Leibniz) tuvieron que recurrir a soluciones heroicas. La estrategia de ambos consistió en aceptar el dualismo, pero alegando que, en realidad, no hay interacción entre la mente y la materia; su aparente existencia es el resultado de la acción oculta de Dios.
Una alternativa más plausible es el monismo, planteamiento según el cual sólo hay una sustancia. Saltan a la vista tres posibilidades: que sólo hay materia; que sólo hay mente; que hay una sustancia neutra que origina la mente y a la materia. Cada una ha tenido defensores, pero la primera opción –la reducción o anexión de todos los fenómenos mentales a la materia– es la que ha ejercido mayor influencia.
Así, impulsada por los avances de la psicología empírica, surgió una respuesta a los planteamientos dualistas de la mente: el conductismo, la teoría de que conceptos mentales como el dolor, la emoción y el deseo han de traducirse en el comportamiento observable.
Entre sus defensores en el siglo XX se encuentran los psicólogos B. F. Skinner y J. B. Watson, y los filósofos Gilbert Ryle y W. V. O. Quine. Entre unos y otros existen grandes diferencias, pero todos se enfrentan a una misma dificultad: no logran eliminar las referencias a la creencia y al deseo como elementos centrales de nuestras explicaciones del comportamiento. La mera descripción del cuerpo de un hombre que entra en una tienda y sale con un paquete de galletas, por ejemplo, no llegaría a explicar gran cosa sin hacer referencia a su deseo de galletas y a la creencia de que podría conseguirlas en la tienda.

Psicología popular y ciencia moderna
Un enfoque materialista es el de la “teoría de la identidad”, según la cual los estados mentales son idénticos a estados o procesos del cerebro.
Basándose en esta teoría, algunos filósofos sostienen hoy que, a medida que avance la neurociencia, iremos eliminando el vocabulario impreciso y anticuado que solemos usar para referirnos a lo mental. Dos defensores de este punto de vista, Patricia y Paul Churchland, afirman que para la neurociencia futura la actual “psicología popular” será lo que para la medicina moderna es la antigua creencia de que la enfermedad es fruto de la posesión diabólica. Pero cabe aquí hacer la misma objeción imputable al conductismo, a saber, que nuestro vocabulario en materia de creencias y deseos parece indispensable para explicar las acciones humanas.
No obstante, las investigaciones en neurología proporcionan argumentos para aceptar la existencia de una relación estrechísima entre los fenómenos mentales y los neurológicos.
Dadas las dificultades para identificar esa relación de manera precisa, se han propuesto diversas estrategias para abordar la reflexión. Una es aceptar que nuestra manera de hablar de los fenómenos mentales y físicos es irreductiblemente diferente. Imaginemos, por ejemplo, cómo describirían un partido de fútbol un sociólogo y un físico, cada uno centrándose en los aspectos propios de su especialidad. Sin embargo, ambos estarían describiendo lo mismo.

La insondable conciencia
Por otra parte, la conciencia puede resultar más fácilmente comprensible que la relación entre mente y cuerpo: después de todo, cualquier persona capaz de pensar es íntimamente consciente de ser consciente. Pero la conciencia es el misterio más desconcertante al que han de hacer frente la filosofía y la neurología. Algunos filósofos piensan que es algo demasiado difícil para que la inteligencia humana pueda comprenderlo. Otros afirman que no existe la conciencia y no somos más que unos zombis muy complicados. Desafiando estos planteamientos, los investigadores han aprovechado los nuevos medios de investigación, especialmente los aparatos para escanear el cerebro y observarlo en pleno funcionamiento. Gracias a ello se ha hecho un gran avance en el conocimiento de las funciones cerebrales y la correlación entre zonas cerebrales y determinadas capacidades mentales.
Subsiste sin embargo el problema capital de cómo surgen en la mente imágenes coloreadas, olores y sonidos evocadores. Una teoría reciente del neurofisiólogo Antonio Damasio es que la conciencia empieza como una consciencia autorreflexiva, lo que constituye un nivel primitivo de identidad, una intensa, aunque vaga, consciencia de ser. Las relaciones emocionales y los objetos externos construyen a continuación un modelo del mundo, una sensación de saber que proporciona a cada uno de nosotros la impresión de ser a la vez el propietario y el espectador de la película que se proyecta en nuestro cerebro.
Según estas teorías, la conciencia surgió entre los mamíferos superiores como ventaja para la supervivencia. Los mismos seres que son meros autómatas biológicos, aun siendo muy sensibles a su medio, no se adaptarían tan bien como los que son genuinamente conscientes.
El debate en torno a la mente ha alcanzado consenso en cuanto a que forma parte de la naturaleza y puede ser estudiada por medios científicos, pero sigue siendo un misterio qué es en sí y cómo se relaciona con el resto de la naturaleza. El siguiente salto en su conocimiento llevará seguramente aparejada una revolución conceptual y científica de tal magnitud que hoy no podemos ni imaginar.

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"Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"

Por philosophico - 2 de Mayo, 2006, 19:22, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.lanacion.com.ar/790055

 

Diálogo con Marsel Mesulam, pionero en el estudio de la mente

 

"Lo peor para el cerebro es el aburrimiento"Agregar a mi carpeta

Asegura el especialista en neurología cognitiva, nacido en Estambul, que desde hace treinta años estudia su funcionamiento

Suele decirse que el cerebro es el objeto más complejo del universo y el gran poema de la materia. Marsel Mesulam seguramente estaría de acuerdo con estas definiciones: cautivado por la matemática y la literatura en sus épocas de estudiante, hace tres décadas explora los intrincados senderos de la mente. El director del Centro de Neurología Cognitiva y Alzheimer de la Universidad Northwestern -que estuvo en Buenos Aires para participar de la reunión del grupo de Investigación en Afasia y Trastornos Cognitivos de la Federación Mundial de Neurología, coordinada por Ineco- nació en Estambul, pero vive en los Estados Unidos desde que tenía 18 años, en 1964.

"Cuando estaba a punto de graduarme -recuerda-, decidí ingresar en medicina y psicología. Tuve la suerte de tener como mentor a Norman Geschwind (padre de la moderna neurología del comportamiento) y desde entonces la investigación ha sido un viaje maravilloso a través de la neurología, la neuroanatomía y las imágenes funcionales. Ya no me planteo dedicarme a la matemática, pero todavía disfruto de un buen libro."

-Doctor Mesulam, ¿se puede explicar en un párrafo cómo funciona la mente?
-Bueno, el problema es complicado. Sólo en la superficie del cerebro tenemos 20 mil millones de neuronas, cada una de las cuales forma unas diez mil conexiones. Este órgano es capaz de hacer cosas absolutamente asombrosas que ninguna máquina es capaz de emular, como los cálculos que hace un tenista, un poeta o un atleta. En los últimos 150 años hemos tratado de descubrir qué parte del cerebro hace qué tarea. Y ya sabemos algo: que diferentes partes del cerebro hacen cosas diferentes, y que éstas no están confinadas dentro de fronteras individuales. Las funciones cerebrales están organizadas en redes distribuidas e interconectadas entre sí. Por ejemplo, no es que las palabras se encuentren en una parte especial del cerebro. Están en todo el cerebro, pero hay un área crítica que sabe dónde, que opera como el directorio de una computadora. Si uno pierde el directorio... olvídalo, nunca las vas a encontrar, no porque el directorio contenga los archivos, sino porque sabe dónde están. Estamos empezando a describir las funciones cerebrales como un mosaico increíblemente complejo en el que hay diferentes áreas de especialización, áreas que pueden relacionar la información distribuida. Hemos realizado avances realmente fantásticos, pero todavía estamos en los comienzos.

-Sin embargo, hay quienes piensan que nunca lograremos entender totalmente el cerebro?
-Creo que las neurociencias del siglo XXI tendrán que definir el significado de las palabras que utilizamos al preguntar. Por ejemplo, cuando se dice que no vamos a entender cómo funciona el cerebro, yo tengo que dar vuelta la pregunta: ¿qué se quiere decir por entender? Porque si por entender se quiere decir que cuando uno mira esto y lo llama "reloj", puede manejarlo, puede hacer imágenes funcionales, puede decir qué parte hace qué cosa, entonces sí lo vamos a entender. Pero si la pregunta es si puedo explicar cuál es la esencia de un reloj, tengo que contestar que no lo sé. Creo que podremos describir cómo ingresa y cómo egresa la información, pero si vamos a preguntas más complejas, por ejemplo si preguntamos qué es la conciencia, entonces....

-¿Será imposible entender qué es la conciencia?
-Personalmente, no sé qué es la conciencia. Puedo decir que estar consciente es verbalizar algo internamente, aunque también hay instancias en que uno no necesita verbalizar. La totalidad de la conciencia está más allá del análisis lógico. Si queremos expli carla, vamos a encontrarnos con problemas, porque las respuestas que hallaremos serán triviales. De modo que tenemos que ser muy cuidadosos en cómo definimos nuestras preguntas.

-Se diría que es un "agnóstico" de las neurociencias...
-Tal vez, pero piense en la astronomía: si uno pregunta cómo empezó el universo, le responden "con el Big Bang", pero el Big Bang es algo llamado "una singularidad", que no tiene explicación. La astronomía es más inteligente que las neurociencias, porque ya definió la pregunta que no tiene respuesta. Creo que tendremos que aceptar que algunas preguntas, cuando las hacemos de cierta manera, pueden no tener respuesta. Pero tenemos tantas preguntas que sí pueden contestarse, que no creo que haya que perder el tiempo con las que no la tienen.

-¿Considera que hipótesis como la de Marvin Minsky -que habló de una "sociedad de la mente" en la que la conciencia surge de la interacción de procesos que, individualmente, no son conscientes- no son una explicación adecuada?
-Creo que es una idea muy razonable, porque lo que dice es que se pueden escalar niveles de complejidad. Por ejemplo, tenemos tantas sinapsis que gran parte de las funciones mentales podría manejarse en forma probabilística. Se podría decir que cuando llamamos a esto "reloj", este estímulo visual activa miles de posibles palabras, pero en un sentido darwiniano las más aptas sobreviven porque coinciden más con lo que uno ve. No tengo problema con ese enfoque, pero mis investigaciones no se ocupan de ese nivel de complejidad. Soy un simple neurólogo que está tratando de descubrir cuáles son los elementos para que, algún día, alguien vea cómo funcionan.

-¿Cómo explicaría el movimiento pendular que describe a la mente ya sea como algo inescrutable o como un simple engranaje químico?
-¿Sólo un engranaje químico? ¿Un cuarteto de Beethoven es sólo sonido? La mayoría contestaría que sí, pero por otro la do es un sonido muy complejo y muy especial. Otro ejemplo es la vida: es sólo una combinación de carbono, nitrógeno y oxígeno? Pero, cuando se juntan formas complejas, ocurre lo mismo que con los sistemas biológicos, dos más dos es igual a cinco. Incluso aunque el cerebro sea en el fondo "sólo una máquina química", cuando esas sustancias se combinan en un cierto orden dan por resultado algo más.

-¿Qué importa más para el desarrollo de la mente, la herencia o la experiencia?
-Ambas. En cada función hay instancias en la que se verifica una predisposición genética, en la que la experiencia juega un papel y en la que hay interacciones. Me gusta pensar en el cerebro como un barco (la predisposición genética) sobre el que se deposita la experiencia como una pintura; si la predisposición genética es la correcta, esa pintura será mucho más colorida. Pero hay que tener las dos. Uno no puede desarrollar el lenguaje sólo poseyendo los genes; sin embargo, si no tiene los g enes, la experiencia sola no va a hacer que usted tenga habilidades lingüísticas. Ahora, si un chico no es expuesto al lenguaje, tampoco lo desarrollará.

-¿Cuál es el puente entre lo anatómico y lo simbólico?
-El lenguaje. Los humanos hemos creado este sistema cuyo único propósito es crear un símbolo que llamamos "palabra" para objetos específicos, ideas, sentimientos. Se podría decir que la red del lenguaje es el mejor sistema conocido hasta ahora para la creación de símbolos y no hay otro animal que lo tenga. Se ha trabajado años para que chimpancés y gorilas crearan símbolos y se comunicaran, y sólo se ha logrado que aprendieran una o dos palabras. En mi opinión, la razón es que el cerebro humano se ha desarrollado hasta un punto en que tiene un lujo: más neuronas (en relación con el tamaño del cuerpo) de las que son necesarias para sobrevivir. Ese "lujo" nos permite sistemas neuronales cuyo trabajo principal no es sólo escapar del peligro y buscar alimento , sino reflexionar acerca de la experiencia por medio de símbolos. Esta interfaz simbólica es un rasgo exclusivamente humano. La ventaja que ofrece este sistema es realmente increíble. Otro rasgo único de la mente humana es su deseo de diversidad; si no ¿por qué los humanos creamos miles de lenguajes para decir las mismas cosas?

-¿Por qué?
-¿Y por qué hay tantas formas de preparar los alimentos? A los monos les gustan las bananas? El secreto del cerebro humano es la búsqueda de la diversidad. Sentimos una urgencia intrínseca de buscar lo novedoso. Si uno toma una neurona y le muestra lo mismo dos veces, inmediatamente decrece su actividad. Se aburre. Lo peor para el cerebro humano es el aburrimiento y eso ha creado el combustible para el desarrollo de la humanidad. El problema es que buscar novedad no siempre es bueno, por eso el cerebro tiene potencial para lo bueno y para lo malo.

-¿Qué se puede hacer para cultivar la mente infantil?
-Todos los chicos son diferentes. Algunos son curiosos y quieren saber por qué las cosas son de la manera en que son. Otros están más interesados en las relaciones personales. Es importante ser muy sensible a los talentos particulares y permitirles desarrollarlos en un ambiente estimulante. No tiene sentido pretender que sea matemático un chico que no tiene inclinación hacia la matemática, eso sería frustrante para todos. Creo que primero hay que averiguar cuáles son las aptitudes del chico y luego darle el máximo de posibilidades para que se desarrollen. Y también asegurarse de que tenga una mente curiosa en cualquier área. Cuando yo estaba en la escuela primaria, había un patrón para todo el mundo. Todos aprendíamos lo mismo, leíamos lo mismo. Espero que seamos cada vez más sensibles a las diferencias y que podamos alimentarlas.

Por Nora Bär
De la Redacción de LA NACION

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Nunca conoceremos el cerebro, quizá ni debamos

Por philosophico - 10 de Abril, 2006, 17:07, Categoría: Problema mente cerebro

http://www.azprensa.com/noticias_ext.php?idreg=7364&AZPRENSA=18787ba746fc4db1887f6e19c5041ae2

Arvid Carlsson, neurocirujano galardonado con el Nobel de Medicina en 2002: “Nunca conoceremos el cerebro, quizá ni debamos”

La opinión del espacialista

id, 8 de mayo (azprensa.com)

Arvid Carlsson lleva 50 años dedicado a la investigación del más misterioso de los órganos, el cerebro. Sus expectativas en cuanto a los avances terapéuticos en Neurología dependen de los casos; lo que sí manifiesta con seguridad es que hay pocas probabilidades de que se llegue a conocer el cerebro en sí. Cada pequeño avance, con todo, puede ponerse al servicio no sólo de los pacientes, sino de todos los ciudadanos.

En el marco del simposio Nexo entre Cerebro y Mente: Retos de la Investigación en Neurociencias, Arvid Carlsson, Nobel de Medicina en 2002, ha valorado los últimos hallazgos en el tratamiento de diversas enfermedades. Entre otras cosas, ha puesto en entredicho la aplicación de la terapia con células madre para pacientes con parkinson, que considera potencialmente útil, “si bien en grupos muy limitados de pacientes”. Carlsson también ha tenido tiempo de reflexionar sobre el conocimiento del cerebro, del cual ha dicho que es, “por definición, el órgano que no llegaremos a entender nunca, no desde el punto de vista biológico”. A este respecto, apunta que quizá el aspecto más importante en cuanto al conocimiento del cerebro sea la comprensión de la lucha entre el cerebro reptiliano y el cerebro evolucionado, que él compara con Mr. Hyde y el doctor Jekyll, respectivamente.
“El desequilibrio en esa lucha, a favor del cerebro reptiliano, puede explicar algunos trastornos, como la esquizofrenia, y ése es un campo en el que tal conocimiento podría ser útil”. De todas formas, recuerda que “conocer el cerebro sería tanto como conocer al ser humano de forma completa, conocer su mente; no vamos a llegar a ese extremo, quizá ni siquiera debamos”.
El tono esperanzado vuelve al discurso de Carlsson cuando, retomando la cuestión de la lucha entre el cerebro primitivo y el evolucionado, pregunta: “¿Cuál de los dos creen ustedes que predomina ahora en el mundo?”
A la pregunta, él mismo responde con una posibilidad: “Se puede aprender del cerebro cómo mejorar nosotros y cómo mejorar el mundo; habría que incluir ese conocimiento en la enseñanza para obtener mejores ciudadanos; mejores que nosotros”.

último:_estabilidad
En 1998, este neurocientífico fundó la empresa Carlsson Research, con sede en Göteborg (en su Suecia natal), a partir de los fondos públicos en forma de becas para investigación. Actualmente, la compañía se financia a base de acuerdos externos, fundamentalmente con empresas farmacéuticas. En Carlsson Research se ha fraguado un nuevo planteamiento que tiene que ver con los desequilibrios en el sistema dopaminérgico. El profesor Carlsson fue quien descubrió que la enfermedad de Parkinson se debe precisamente a la falta de dopamina en determinadas partes del cerebro, pero este enfoque da un paso más.
Según él ha explicado, el nuevo planteamiento es la búsqueda de estabilidad en el sistema, lo cual implicaría también avanzar en el conocimiento y posible tratamiento de trastornos en los que los niveles de dopamina están por encima de lo normal.
En este aspecto, también se declara optimista:_“En la actualidad hay fármacos eficaces para elevar los niveles de dopamina, y las investigaciones en curso permiten pensar que en el futuro será posible emplear otros para conseguir la estabilidad, ahí reside la novedad de este enfoque”, asegura el científico. Según declaró en el simposio, “el tratamiento con estabilizadores de dopamina ha demostrado tener una eficacia mayor en el parkinson y en la esquizofrenia, ya que tienen menos efectos inducidos que los tratamientos actuales sobre el sistema dopaminérgico”. Considera que el futuro de la investigación está en “profundizar en los mecanismos involucrados en la neurodegeneración y regeneración, así como en la función que desempeñan los neurotransmisores como la dopamina y el glutamato en estos procesos”.
El mal de Parkinson es la segunda patología neurodegenerativa en los ancianos. Más de cuatro millones de personas la padecen en todo el mundo, en España hay cerca de 100.000 pacientes.

La opinión del espacialista

id, 8 de mayo (azprensa.com)

Arvid Carlsson lleva 50 años dedicado a la investigación del más misterioso de los órganos, el cerebro. Sus expectativas en cuanto a los avances terapéuticos en Neurología dependen de los casos; lo que sí manifiesta con seguridad es que hay pocas probabilidades de que se llegue a conocer el cerebro en sí. Cada pequeño avance, con todo, puede ponerse al servicio no sólo de los pacientes, sino de todos los ciudadanos.

En el marco del simposio Nexo entre Cerebro y Mente: Retos de la Investigación en Neurociencias, Arvid Carlsson, Nobel de Medicina en 2002, ha valorado los últimos hallazgos en el tratamiento de diversas enfermedades. Entre otras cosas, ha puesto en entredicho la aplicación de la terapia con células madre para pacientes con parkinson, que considera potencialmente útil, “si bien en grupos muy limitados de pacientes”. Carlsson también ha tenido tiempo de reflexionar sobre el conocimiento del cerebro, del cual ha dicho que es, “por definición, el órgano que no llegaremos a entender nunca, no desde el punto de vista biológico”. A este respecto, apunta que quizá el aspecto más importante en cuanto al conocimiento del cerebro sea la comprensión de la lucha entre el cerebro reptiliano y el cerebro evolucionado, que él compara con Mr. Hyde y el doctor Jekyll, respectivamente.
“El desequilibrio en esa lucha, a favor del cerebro reptiliano, puede explicar algunos trastornos, como la esquizofrenia, y ése es un campo en el que tal conocimiento podría ser útil”. De todas formas, recuerda que “conocer el cerebro sería tanto como conocer al ser humano de forma completa, conocer su mente; no vamos a llegar a ese extremo, quizá ni siquiera debamos”.
El tono esperanzado vuelve al discurso de Carlsson cuando, retomando la cuestión de la lucha entre el cerebro primitivo y el evolucionado, pregunta: “¿Cuál de los dos creen ustedes que predomina ahora en el mundo?”
A la pregunta, él mismo responde con una posibilidad: “Se puede aprender del cerebro cómo mejorar nosotros y cómo mejorar el mundo; habría que incluir ese conocimiento en la enseñanza para obtener mejores ciudadanos; mejores que nosotros”.

último:_estabilidad
En 1998, este neurocientífico fundó la empresa Carlsson Research, con sede en Göteborg (en su Suecia natal), a partir de los fondos públicos en forma de becas para investigación. Actualmente, la compañía se financia a base de acuerdos externos, fundamentalmente con empresas farmacéuticas. En Carlsson Research se ha fraguado un nuevo planteamiento que tiene que ver con los desequilibrios en el sistema dopaminérgico. El profesor Carlsson fue quien descubrió que la enfermedad de Parkinson se debe precisamente a la falta de dopamina en determinadas partes del cerebro, pero este enfoque da un paso más.
Según él ha explicado, el nuevo planteamiento es la búsqueda de estabilidad en el sistema, lo cual implicaría también avanzar en el conocimiento y posible tratamiento de trastornos en los que los niveles de dopamina están por encima de lo normal.
En este aspecto, también se declara optimista:_“En la actualidad hay fármacos eficaces para elevar los niveles de dopamina, y las investigaciones en curso permiten pensar que en el futuro será posible emplear otros para conseguir la estabilidad, ahí reside la novedad de este enfoque”, asegura el científico. Según declaró en el simposio, “el tratamiento con estabilizadores de dopamina ha demostrado tener una eficacia mayor en el parkinson y en la esquizofrenia, ya que tienen menos efectos inducidos que los tratamientos actuales sobre el sistema dopaminérgico”. Considera que el futuro de la investigación está en “profundizar en los mecanismos involucrados en la neurodegeneración y regeneración, así como en la función que desempeñan los neurotransmisores como la dopamina y el glutamato en estos procesos”.
El mal de Parkinson es la segunda patología neurodegenerativa en los ancianos. Más de cuatro millones de personas la padecen en todo el mundo, en España hay cerca de 100.000 pacientes.

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Monismo Anómalo

Por philosophico - 14 de Octubre, 2005, 18:09, Categoría: Problema mente cerebro

Davidson rechaza el dualismo cartesiano, pero defiende un materialismo en el que los conceptos de la psicología popular no pueden ser reducidos a neurofisiología. Según él, no podrían reducirse ni aunque cada evento psicológico coincidiera con un evento cerebral que es la implicación de su materialismo.

Para que se pudiera reducir todo lo psicológico a lo neurofisiológico debería ocurrir que los conceptos psicológicos y no sólo los eventos psicológicos, se pudieran reducir a neurofisiología, "conceptos neurofisiológicos".  Al explicar lo que hace o dice alguien lo hacemos en un trasfondo de creencias y deseos y asumiendo que la persona es racional y sus creencias mínimamente coherentes y consistentes. En caso contrario, concluiremos que es irracional y no nos molestaremos en intentar explicar su conducta. Davidson concluye: " Pero al inferir este sistema ( de creencias y deseos interconectados)  a partir de la evidencia, necesariamente imponiendo condiciones de coherencia, racionalidad y consistencia. Estas condiciones no tienen eco en la teoría física , razón por la cual sólo podemos buscar correlaciones aproximadas entre fenómenos físicos y psicológicos" (1). No habría riesgo de reducción de lo mental o  psicológico a lo neurológico.
http://deismo.iespana.es/monismoanomalo.htm


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Materialismo Eliminativo

Por philosophico - 14 de Octubre, 2005, 17:55, Categoría: Problema mente cerebro

La teoría de la identidad fue puesta en duda no porque se pensara que eran muy pocas las perspectivas de lograr una explicación materialista de nuestras aptitudes mentales, sino porque parecía improbable que la aparición de una teoría materialista adecuada trajera consigo las correspondencias biunívocas exactas, entre los conceptos de la psicología corriente y los conceptos de la neurociencia teórica, que requiere la reducción interteórica. La razón para esa duda fue la gran variedad de sistemas físicos totalmente diferentes que podían ejemplificar la organización funcional requerida. El materialismo eliminativo también pone en duda que la explicación neurocientífica adecuada de las aptitudes humanas logre producir una clara reducción del marco de referencia corriente, pero aquí las dudas tienen un origen totalmente diferente.

A juicio del materialismo eliminativo, no podrán encontrarse las correspondencias biunívocas y no se podrá efectuar una reducción interteórica del marco de referencia psicológico corriente, porque el marco de referencia psicológico que utilizamos corrientemente es una concepción falsa y radicalmente engañosa sobre las causas de la conducta humana y la naturaleza de la actividad cognitiva. Desde esta perspectiva, la psicología habitual no solamente constituye una representación incompleta de nuestra naturaleza interna, sino que directamente constituye una mala representación de nuestros estados y actividades internos. En consecuencia, no es posible esperar que una explicación neurocientífica verdaderamente adecuada de nuestra vida interior proporcione las categorías teóricas que se corresponden escrupulosamente con las categorías de nuestro marco de referencia habitual. Consecuentemente, lo único que se debe esperar es que el antiguo marco simplemente sea eliminado y no que pueda reducirse por una neurociencia más desarrollada.

Paul M. Churchland, Materialismo Eliminativo.  En Materia y Conciencia, Ed. Gedisa, 1999 (Edición Original 1984)

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